viernes, 18 de septiembre de 2026

Del cover o tributo y el fenómeno fans

 

     Con frecuencia me quedo asombrado con algunas cosas que leo en prensa o revistas: falta de rigor, opiniones discutibles o claramente tendenciosas, etc.  Algo parecido pasa con los llamados guías turísticos que vemos en nuestras ciudades inventándose historias o deformándolas. Viene esto a cuento porque leo en una revista pretendidamente especializada que el fenómeno “fans” relativo a la música nació con Elvis Presley y que luego fueron los Beatles quienes lo llevaron a la máxima expresión.

     Sin duda el autor parece ignorar que la música ya existía antes de que ellos vinieran al mundo. En su escrito da la impresión de que la música la inventaron ellos, así, de un plumazo, pasando por encima del barroco, el clasicismo y el romanticismo. Ahí es nada. Fue Beethoven en el periodo del Romanticismo quien inauguró una época caracterizada por el estallido de las pasiones; el amor, la alegría, la tristeza, plasmándolo en su música como nunca se había hecho hasta entonces. La primera superestrella de la historia de la música, o una de ellas, fue el compositor y pianista Frank Liszt. Cuenta las crónicas que las señoras se peleaban por un guante o un pañuelo suyo, a menudo le arrancaban botones de la chaqueta o le cortaban mechones de pelo y en el escenario le tiraban prendas íntimas. A su porte y galanura se le añadía la pasión con la que ejecutaba sus obras, convirtiéndose en la primera figura de Europa. En sus años de virtuosismo Liszt modificaba piezas o creaba variaciones sobre temas populares u óperas con el que impresionar a su audiencia.

     Fue de los primeros en dar recitales en solitario revolucionando la técnica escénica colocando el piano de perfil para que el público pudiera ver sus movimientos. Liszt y Paganini fueron los que en realidad inventaron la cultura fan en sus recitales, la gente coreaba y chillaba e incluso había quienes recogían las colillas de sus cigarros como si fueran amuletos.

     No, el fenómeno fan no lo inventaron los Beatles ni Elvis Presley. Cien años antes, en el Romanticismo, compositores como Frank Liszt ya eran ídolos de masas que acudían a sus conciertos con una fe casi religiosa.

sábado, 12 de septiembre de 2026

Una vuelta por el Ártico

 

     Hace quince días recibí por la noche una llamada urgente, de esas que no te da tiempo a pensar demasiado y que te obliga a tomar una decisión en el momento. Voy por partes y me explico. Resulta que el día anterior estuve de fiesta, me bebí varios cubatas y tenía un cuerpo que para qué. Me costó conciliar el sueño y cuando al final lo conseguí, a las cuatro y media de la mañana sonó el móvil insistentemente. Lo cogí alarmado, a esas horas de la noche nadie llama por teléfono para darte buenas noticias. Me confundí, era Aizkorbe, el argentino trotamundos que trabajó un tiempo conmigo.

     —Joder tío ¿sabes qué hora es? —fue lo primero que me salió.

     —Ché Víctor, lo siento de llamarte a estas horas, escucha lo que tengo que decirte. Te llamo por si estás interesado en ir al Ártico, queda una plaza libre y me he acordado de ti. Serían dos semanas y el precio serían dos mil euros. Es una expedición que organiza National Geographic, la revista para la que trabajo. Mirá que es una oferta bárbara, dime cuánta gente conocés tú que haya estado en el Círculo Polar Ártico.

     Me dice que es ahora, al final del verano, la mejor época para visitarlo. que luego en invierno las condiciones son más duras y apenas se puede salir del camarote. Que sólo queda una plaza y el primero que la pida es para él. Como estoy con la resaca y medio adormilado tardo un rato en reaccionar.

    

     —Hola. ¿Me recibes?

     —Sí, sí. Te escucho. Bueno, me perderé algunas clases y ensayos pero cuenta conmigo.

     —Zarpamos dentro de una semana desde La Coruña. No te olvides de comprar pastillas contra el mareo. Nos vemos en el puerto.

     Una semana después, ya en el barco, Aizkorbe me presenta a algunos compañeros de travesía: biólogos, naturalistas, científicos. Hablo un poco con ellos y me dicen que el viaje tiene varios objetivos que realizan todos los años como medir la temperatura del agua, la cada vez más frágil banquisa, el retroceso de los glaciares y cómo está afectando el cambio climático a la vida de los osos polares.  

     Ya llevamos seis días de navegación, paso mucho tiempo en cubierta tomando notas y observando el horizonte. Un oficial de navegación con el que me cruzo me dice que estamos entrando en el Círculo Polar Ártico y que en los meses de verano es frecuente ver barcos con turistas que visitan esta zona en las que apenas se oculta el sol. Me dice también que los barcos que navegan por estas aguas llevan todos el casco reforzado para poder transitar entre los grandes trozos de hielo y el frío extremo. Le pregunto si es posible bajar para pisar el hielo y me responde que es preciso llevar calzado adecuado para ello y que sólo está permitido bajar del barco cuando visitemos los glaciares.

     El barco está muy bien equipado. En la cafetería charlo con Aizkorbe, siempre con su sempiterno mate en la mano, le pongo al día de mi vida y proyectos: la universidad, la Banda de música, etc. Está contento con su trabajo porque dice que le permite hacer lo que siempre ha anhelado; viajar, ver mundo, no instalarse en ningún sitio. Me cuenta que no tiene pareja fija porque no quiere piedras en la mochila, se considera una persona libre aunque a veces sienta envidia de quienes tenemos pareja estable e hijos.

     Hoy es día de desembarco, visitaremos un glaciar de la mano de un guía naturalista y yo estoy nervioso como un niño. Antes de subir a las zodiac nos reparten los chalecos salvavidas pues en caso de caer, uno no resistiría mucho tiempo en esas frías aguas congeladas. Avanzamos hasta la línea de seguridad que está como a unos cien metros del glaciar. Contemplo la pared de hielo que tengo ante mis ojos de unos cuarenta metros de altura. Siento la misma emoción que este verano al ver el eclipse de sol o la noche con millones de estrellas en el firmamento que vi en el campo en un pueblo de Cáceres hará un par de años. La naturaleza nos regala momentos inolvidables que a veces no sabemos valorar. Uno del grupo pregunta al guía si hay peces en estas aguas heladas, le contesta entre risas que los peces de hielo, ciertos salmónidos y los móviles de turistas. Veo a la gente que se abriga; el frío se hace notar. Luego, después de un paseo vamos al barco y nos refugiamos antes de cenar al abrigo del bar-cafetería.

    Al día siguiente Aizkorbe tiene trabajo. Ha de fotografiar osos polares y su forma de cazar focas, yo todavía no he visto ninguno. Normalmente  los fotógrafos se hacen acompañar por algún cazador con escopeta que en caso de amenaza disparan un dardo que deja al animal dormido. Por la noche le he preguntado a Aizkorbe si ha visto alguno y me ha dicho que sí, a una madre con su cría pero que estaba lejos y que no se ha querido acercar. No obstante ha podido hacer algunas fotografías, también de una foca tumbada al sol, pero que en cuanto ha visto su presencia se ha metido en el agua. Yo tomo notas de todo lo que veo y escucho.

     Por cierto, nuestro barco se llama Ernest Schakleton en honor del célebre explorador que intentó llegar al Polo Sur en  la Antártida en 1912. Es famoso el anuncio que puso en la prensa con el fin de reclutar miembros para su expedición: “Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso, frío extremo, largos meses de completa oscuridad, no es seguro regresar con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito”.

 

 

lunes, 7 de septiembre de 2026

Carpe diem

 

     Hoy reanudo un año más el curso universitario, es el primer día de clase. En los pasillos me cruzo con jóvenes que bien podrían ser mis hijos o, incluso mis nietos. No hace falta decir que me siento rejuvenecer. El curso que he elegido dura un cuatrimestre y se titula: De Beethoven a Rosalía, claves para entender nuestra música. Recuerdo mis años de juventud en Salamanca, cuando después de clase nos juntábamos con chicas en una taberna de la plaza Mayor y, ante cañas y risas entablábamos juegos inocentes, o no tanto, de complicidad entre miradas y gestos de connivencia. Me quedo envidiando su aparente libertad, la nuestra era libertad aparente. Estoy hablando de los primeros años setenta del siglo pasado. Nos sentíamos rompedores con nuestro pelo largo y aire desenfadado, pero ahora tengo que saber distinguir entre quienes pertenecen a la generación Y o a la Z. O adivinar qué significa eso de “farmear aura, amén de esforzarme por no quedar superado por las nuevas tecnologías o bien tener unos mínimos conocimientos de inglés porque el francés que estudiábamos no nos sirvió para nada. Sí, nos cuesta entender el lenguaje  del presente porque ya pertenece a otra generación. Nos dice la profesora que estamos viciados en música porque toda la música que escuchamos pertenece a compositores y a los cánones que establecieron: Bach, Beethoven, Mozart, Haidyn, Vivaldi, etc. Que después de ellos ha habido una evolución pero que nos cuesta entenderla, como por ejemplo la música dodecafónica, por el hecho de que seguimos un patrón que ellos marcaron y  que nos sirve como guía.

     Ya de vuelta en el autobús oigo las conversaciones de los jóvenes estudiantes. Me fijo en su estética: pantalones holgados, aros en la nariz y en las orejas, tatuajes, etc. Una de las chicas, con el pelo fucsia, les dice a sus amigas que debe hacer una presentación en clase sobre el nazismo y que no sabe cómo abordarlo. Sus amigas le comentan que lo debe retratar como un régimen despiadado y sanguinario muy al estilo de La lista de Schindler. Estoy a punto de decirle que conocí a un nazi alemán cuando yo era adolescente, que ser nazi no necesariamente te hace ver de primeras a un tipo asesino y perverso. El hombre al que yo conocí era un tipo afable que por las tardes de verano cogía su caña de pescar y se iba al río; dentro de una persona en apariencia normal se puede esconder lo peor del género humano. Todo esto lo retrató muy lúcidamente Hannah Arendt cuando estudió el caso de Eichmann, ejecutado en Jerusalén y que alegó en su defensa que él simplemente obedecía órdenes. La misma joven les cuenta a sus amigas que el año pasado tuvo que hacer un trabajo sobre la Transición en España y que contó la experiencia de su padre, un sindicalista encarcelado en la prisión de Carabanchel por oponer resistencia a la autoridad un Primero de Mayo.

     Bueno, me he ido por los Cerros de Úbeda pero yo únicamente me limito a contar lo que vi y oí en mi primer día de clase.

martes, 25 de agosto de 2026

La vuelta al cole

 

     Estoy con una depresión de caballo. La vuelta de las vacaciones ha sido más dura que otros años y la armonía y el contacto de la naturaleza han dado paso a los agobios de la gran ciudad. Para colmo hoy tengo visita a mi psicóloga y ahora estoy sentado en la sala de espera poniendo en orden mis ideas mientras suspiro por mis días pasados en mi tierra. Para matar el tiempo echo un vistazo a las revistas que hay en la salita a disposición de los clientes pero no encuentro ninguna que sea de mi interés; en una un deportista famoso nos abre las puertas de su casa y nos enseña fotos de sus estancias y otra de una bella panorámica de la piscina con un pinar al fondo y, en otro reportaje de la misma revista, fulanita nos presenta a su nuevo amor en poses que parecen naturales pero que tal vez hayan sido ensayadas más de cien veces. Cuando acudo a mi dentista suele tener revistas de historia y de viajes con destinos exóticos, debe ser para compensar el mal rato que aguarda luego a sus pacientes.

     Después de un cuarto de hora oigo mi nombre, me hacen pasar a su despacho mientras ella me recibe con dos besos estampados en mis mejillas. La encuentro guapa y bien bronceada, se lo digo y se ríe.

     —¿Y usted no ha pisado la playa?

     —La playa no es lo mío —le contesto. A mí me gustan los sitios solitarios como los faros junto a los acantilados o las estaciones abandonadas y sin trenes.

     —No me diga que es usted un misántropo.

     —No, tampoco es eso, pero huyo de los agobios y de los destinos saturados.

     Son los niveles de tanteo propios de quienes ya tenemos una cierta confianza y unos cuantos meses de conocernos. Me pregunta por mis hijos, qué edades tienen y a qué se dedican, que si tengo nietos. Le digo que no, pues qué pena, con la alegría que dan, me dice. Luego coge el cuaderno y pasa las hojas hasta dar con mi ficha. En su mesa hay también un ordenador pero debe ser de las que prefieren  anotar de su puño y letra.

     —Bueno, pues si le parece hábleme de su adicción a las redes sociales. ¿Ha conseguido ya un mayor control?

     —Bueno, no tanto a las redes sociales sino al móvil. Mi mujer me repite que algún día lo va a tirar por la ventana.

     —La tecnología a veces es lo malo que tiene —me dice como si eso yo no lo supiera. Y luego prosigue.

     —Pues habrá que ir dando pequeños pasos. ¿No le parece? Yo le propongo mirar el móvil una vez por la mañana y otra antes de acostarse, por si tiene que contestar a algún mensaje.

     Le digo que vale, que me parece una solución bastante razonable aunque difícil de llevar a cabo. Seguimos hablando de las dependencias. Me dice que tiene un cliente con un trastorno mucho más acusado que el mío, que está a todas horas con el móvil en la mano y que al final su mujer ha acabado divorciándose porque decía que se sentía como la segunda opción. Apunta algo en la ficha y a continuación me pregunta.

     —¿Su vida afectiva va bien? Se lo pregunto porque en alguna ocasión me habló de sus enamoramientos de otras mujeres. ¿Quiere que hablemos de ello?

     —Sabía que me lo iba a preguntar. Bueno, el enamoramiento la mayoría de las veces es algo pasajero,  no busco nada más. Ahora por ejemplo estoy deseando que empiecen los ensayos de la Banda porque hay una trombonista que me gusta. Se llama Vega y cuando ella está es algo especial.

     En ese momento suena su móvil, dice que ahora no puede, que está con un cliente y que le llame más tarde. Me dice que prosiga pero siento que la magia se ha roto, hay momentos que invitan a las confidencias y otros en que no. En esas nos despedimos hasta la siguiente sesión.

 

    

 

lunes, 17 de agosto de 2026

De leones y millonarios

 

     Van pasando los días de vacaciones y ya comienzo a atisbar la pereza de la vuelta a la rutina, a las prisas, a los agobios, que se me escapa el autobús, que llego tarde a la cita por culpa del atasco y así un día sí y otro también. Están también las clases, los ensayos, las responsabilidades. Lo malo de las vacaciones es que se acaban pronto.  Intento apurar al máximo de la paz y tranquilidad que ahora disfruto, cargar las pilas para el próximo curso, mantener la ilusión de cara una nueva etapa que comienza. En estos pensamientos estoy cuando suena el móvil que me devuelve a la realidad.

     —¿Hablo con Víctor?

     —Sí. ¿Quién llama?

     —Soy Aizkorbe, el argentino pelotudo que vos conocés. Te llamo desde Kenia.

     Ya he hablado de él en varias ocasiones en este mismo chat. Trabajamos juntos un tiempo, pero como es un culo inquieto enseguida se cansó y buscó otros derroteros. Ahora trabaja como fotógrafo para la revista National Geofraphic. Ha visitado el Congo y el Himalaya.

     —¿Y qué coño se te ha perdido por allí?

     —La revista está preparando un artículo sobre la vida en la selva y los cazadores furtivos, así que he tenido que cancelar las vacaciones.

     —No te quejes anda, que eres un afortunado.

     —Sí, lo sé. Ahora estoy en un hotel de Nairobi, me acuerdo mucho de ti.  Aquí encontrarías muchos motivos para escribir. Desde gentes que malviven con lo poco que tienen hasta multimillonarios excéntricos. El otro día estuve con un millonario saudí que ha comprado un cachorro de león en el mercado negro por cinco mil dólares para regalarlo a su hijo el día de su cumpleaños. Le pregunté qué haría con él cuando creciera, se meara en todas partes y le arañara el sofá y me dijo que no problem, que lo donaría al zoo de su ciudad.

     —Todos esos tipos son mafiosos…

     —Al pedo con ellos. Está también alojado en el hotel un millonario ruso al que conocí. Salió en la prensa porque el otro día lanzó desde un puente fajos de billetes de cinco dólares sólo por el capricho de grabarlo todo desde un dron para ver cómo la gente se peleaba por cogerlos. La policía lo detuvo pero él sobornó a los agentes y lo soltaron.

     —¡Qué bien vives cabrón!

     —Mejor vives tú que estás jubilado.

     —Yo si tuviera un trabajo como el tuyo no me jubilaba.

     —Pero se pasa mucho tiempo fuera de casa.

     —Ya. No sabes la pena que me das. ¿Cuándo nos veremos por Madrid?

     —Pues no lo sé todavía. Creo que después de esto tengo que ir a la República Democrática del Congo. Alguien está preparando un artículo sobre las minas de coltán que es un componente muy valioso y que se emplea para chips, ordenadores y teléfonos móviles. Es el nuevo oro del siglo XXI. A la vuelta te llamo.

     En ese momento recordé que la última vez que hablamos me dijo que había invertido dinero para reabrir una mina de oro en Alaska.

     —Ah se me olvidaba preguntarte por la mina de oro de Alaska.

     —Ya tienen todos los permisos y pronto empezarán con la explotación. ¿Estás pensando en invertir?

     —No, gracias. Los negocios y yo no hacemos buena pareja.

       Momentos después nos despedimos. Aizkorbe era un tipo jovial, con el que nunca te aburrías, un aventurero siempre con la maleta de un sitio para otro. Durante nuestra conversación olvidé el drama del final de mis vacaciones, siempre hay una sorpresa detrás de cada esquina. Pero me extrañó que siendo tan futbolero, como buen argentino, no dijera una palabra sobre la final de su país contra España.

jueves, 13 de agosto de 2026

Un espectáculo maravilloso y gratuito

 

     Cuenta la leyenda que Howard Carter en el momento de descubrir con una antorcha la tumba del faraón Tutankamon oyó que Lord Carnarvon —a la sazón financiador del proyecto—le preguntaba nervioso, pero dígame, qué es lo que ve, a lo que aquel respondió: cosas maravillosas. Algo parecido me ha sucedido a mí después de observar el eclipse que hemos tenido la suerte de ver en las llamadas zonas de totalidad de nuestro país. España se ha preparado durante meses a la espera para ver un espectáculo que sobrepasa con mucho la expectación que deparan unos Juegos Olímpicos o un Mundial de fútbol. Un espectáculo que, con suerte, solo se ve una vez en la vida y no siempre, los otros eventos deportivos son cada cuatro años. Dicen que medio millón de turistas se han acercado a nuestro país para seguir en directo el fenómeno, al tiempo que se han habilitado espacios públicos para poder seguir el eclipse; viajes programados, reservas de hoteles con precios astronómicos en la franja de totalidad, reportajes en prensa y televisión, etc. ¿Cabe un espectáculo con mayor poder de atracción siendo además gratuito? La ciencia nos dice que tal fenómeno es posible porque el Sol es cuatrocientas veces más grande que la Luna, pero está cuatrocientas veces más alejado que ella. Sea como fuere la sensación que proyecta en el ser humano es apabullante, uno se siente inerme ante tanta belleza, el poder de la naturaleza en estado puro. La naturaleza nos regala momentos únicos e inolvidables, también a los conspiranoicos, terraplanistas y negacionistas de que el ser humano hubiera pisado la Luna. De ser cierto ¿se imaginan cuánto tiempo habría tardado la URSS en denunciar ante el mundo semejante farsa? Pero siempre aceptaron que EEUU les había ganado la partida.

     Me he desplazado con parte de mi familia para ver el evento más anunciado del año a un pequeño pueblo de La Rioja, con la imponente mole del Moncayo y sus estribaciones a un lado, acompañado de unos buenos amigos, que nos han tratado como si estuviéramos en nuestra propia casa. Este blog es el de un contador de historias, la de hoy es la más reciente, la que me ha emocionado hasta el llanto. Imposible permanecer callado ante semejante espectáculo. En su día ya imaginé un eclipse de sol en uno de mis relatos pero hoy he tenido la dicha de verlo en directo, un recuerdo para el resto de mi vida.

      La investigación y en último término, la ciencia, hacen posible que semejante fenómeno se prevea con suficiente anticipación y que ya nos anuncie con fecha y hora los próximos que van a venir. Solo la ciencia nos salvará de la brutalidad y de la ignorancia.

     Aunque el eclipse es de Sol, nuestro satélite es la gran protagonista. Hoy las grandes potencias han puesto sus ojos en la Luna, mañana, cuando la tecnología esté más desarrollada, el objetivo seguramente será Marte. La razón, instalar bases permanentes para los humanos con el fin de colonizar otro espacio relativamente cercano, todo ello motivado, pienso yo, por la seria amenaza de que nuestro propio planeta algún día colapse. El cambio climático, los arsenales nucleares almacenados, la superpoblación, la falta de agua, la destrucción de ecosistemas, la desertificación, las migraciones cada vez más masivas, las guerras que se propagan y otras catástrofes, estarían detrás de los argumentos para que ese futuro se hiciera realidad. Como el ser humano siempre se está preguntando cosas debido a su innata curiosidad, la pregunta que me hago es si en un futuro nacerá algún niño/a en nuestro satélite o en otros planetas habitados por el ser humano.

     La única envidia que me da vivir allí es que las vistas de la Tierra deben ser maravillosas.

 

viernes, 7 de agosto de 2026

La bella dedicatoria de un hombre que no conocí

 

   Siempre se debe tener en cuenta los libros que se prestan, porque a menudo se extravían, hay malentendidos, no se devuelven, etc. Conozco algún caso, yo mismo lo sufrí hace algún tiempo. Era un libro que yo apreciaba mucho, me lo dedicó con un bello dibujo su propio autor, a quien yo nunca tuve la suerte de conocer. Si digo su nombre seguramente no os dirá nada. Se llamaba Fernando Macarro Castillo, pero era más conocido por Marcos Ana, que era el nombre de sus padres. La iniciativa fue a través de Nacho, un amigo librero que conoció a  Marcos cuando éste frecuentaba su librería. Militante comunista, estuvo veintidós años y siete meses en seis cárceles franquistas, desde los dieciocho, recién terminada la guerra hasta 1961.

     El libro se titulaba Decidme cómo es un árbol y en él venía a decir que las cosas más simples y peregrinas no las había conocido: el mar, el campo, las estrellas, el amor… Todo en él respiraba humanidad, bondad e inocencia, fidelidad a unas ideas. Le conmutaron la pena de muerte por treinta años de cárcel. Leyendo un libro me ha venido a la memoria su nombre y los  avatares de  su  vida porque vivimos un tiempo en lo que hoy es noticia y ocupa las portadas de prensa y los informativos, mañana ya lo hemos olvidado. Murió hace diez años pero hoy me gustaría recuperar el episodio más conocido de su vida.

     Marcos, al poco de salir de la cárcel a los cuarenta y un años, a través de un amigo que le prestó dinero descubrió el sexo en una casa de citas madrileña. La muchacha, una joven morena, escuchó de sus labios la terrible historia de su vida, las palizas, las cárceles, todo. Apiadada, no le quiso cobrar por sus servicios, metiéndole en el pantalón sin que se diera cuenta las 500 pesetas que él le había pagado. Al día siguiente comprobó con sorpresa que tenía ese dinero en el bolsillo y su primera idea fue acudir de nuevo a la cita con ella. Cuando iba de camino vio una floristería, se detuvo y se dio cuenta de lo mezquino de su conducta. Había tenido sexo iniciático pero la conducta de ella había sido conmovedora y ahora él la pretendía manchar y aprovecharse de la situación. Rápidamente cambió de opinión y encargó 500 pesetas de flores junto a una nota agradeciéndole la noche que había pasado con ella y su infinita ternura. Nunca más tuvieron contacto.

miércoles, 5 de agosto de 2026

Frases y libros de lecturas recientes

 

     “Hay muchos científicos que opinan que hay que tratar la vejez como si fuera una enfermedad tomando alguna pastilla. Yo no lo creo. Para mí la vejez no es una enfermedad, no tiene una causa única y no hay pastilla que la solucione”.

La respuesta de Juan Luis Arsuaga.

 

     “Cuando una persona muere no tiene dolor, no sufre, no siente nada… pero sus allegados lloran. Pasa lo mismo cuando eres imbécil”.

 

Frase atribuida a Albert Einstein.

 

     “Vuesa merced sí que es escudero fiel y legal, corriente y moliente, magnífico y grande, como lo muestra este banquete, que si no ha venido aquí por arte de encantamiento, parécelo a lo menos; y no como yo, mezquino y malaventurado, que solo traigo en mis alforjas un poco de queso, tan duro, que puede descalabrar a un gigante; a quien hacen compañía cuatro docenas de algarrobas y otras tantas de avellanas y nueces, meced a la estrecheza de mi dueño , y a la opinión que tiene y orden que guarda de que los caballeros andantes o se han de mantener y sustentar sino con frutas secas y con las yerbas del campo”.

 

Sancho Panza a otro escudero en El Quijote.

 

      “En los chimpancés, como en los humanos, se llega al poder  a través de las alianzas, no por ser el más bruto del grupo”.

 

La respuesta de Juan Luis Arsuaga

 

      “Una dosificación suficiente del humor inmunizaría al hombre contra los ideales fingidos y fraudulentos. El humor y el conocimiento son las dos grandes esperanzas de la civilización”.

 

Sobre la agresión; el pretendido mal de Konrad Lorenz

 

 

     “Santa Bailarina , protégeme del aburrimiento cotidiano, la monotonía de los cuerpos sentados y la pérdida de elasticidad muscular; aléjame de las oficinas con sillas giratorias, la osteoporosis mental de la pereza y las tensiones de esta ciudad fronteriza; exíliame de esta vida triste y sedentaria, de los dolores de huesos y de cintura, y hazme huir de los sillones frente al televisor”.

 

Plegaria poema de Roberto Castillo

 

 

“El maqui se sienta solo, una mano sin dedos, en recuerdo de Belchite y el no pasarán pero sí pasaron, frente al consejo de guerra sumarísimo. Le imputan delito de rebelión militar, de bandidaje y terrorismo por atentar contra la seguridad pública, perturbar la tranquilidad, el orden y los servicios públicos. Fallamos que debemos condenar y condenamos al procesado Pedro Antonio Martínez Sánchez a la pena de treinta años de reclusión mayor”.

 

El peón de Paco Cerdá

 

 

 

 

lunes, 27 de julio de 2026

Vacaciones

 

     Hoy toca de nuevo sesión con mi psicóloga. Emocionalmente me encuentro algo fatigado, mientras espero mi turno en la sala de espera deseo que vengan las vacaciones e irme a respirar otros aires menos contaminantes, olvidarme de los terribles incendios que aparecen cada verano en nuestros montes, pero ya apenas quedan refugios idílicos no masificados con acceso a una cala, y los que hay, son propiedad de los multimillonarios con acceso también a una cala, pero privada. Yo me sé algunos de esos refugios, no tienen cala privada ni falta que les hace, cada verano los visito, parajes solitarios donde únicamente se oye a lo lejos el tenue sonido de campanas de un convento apartado. Allí pienso, medito y cojo fuerzas para las tareas que me esperan en septiembre a la vuelta de las vacaciones.

     En esos pensamientos estaba cuando una voz dulce me invitó a pasar a su despacho. Mi psicóloga se llama Nekane, llevo como dos años con ella y siempre me recibe con una sonrisa que yo agradezco, fruto de quien ya me conoce después de tantas sesiones. Antes de comenzar la sesión me dice que dentro de unos días se va de vacaciones y que a continuación me escucha con mucha atención lo que tenga que decirle.

     —Pues verá, he solicitado esta sesión porque de un tiempo a esta parte de noche  tengo pesadillas con una compañera con la que yo trabajaba.

     —¿Qué clase de pesadillas? ¿Le amenaza?

     —No, no. Sueño con ella normal, en el lugar de trabajo.

     —¿Por qué? ¿Era una persona especial para usted?

     —En cierto modo sí. Pero lo que me extraña es que hace ya casi diez años que me jubilé y el hecho de soñar con ella es algo recurrente que cada cierto tiempo vuelve.

     Cuando hablo veo que apunta cosas en el bloc que tiene sobre la mesa, no le gusta que le interrumpa, siempre me dice siga, siga que yo le escucho, pero claro yo me desconcentro y pierdo el hilo. Al final me callo y es ella la que habla.

    —El problema es que usted no ha cerrado la puerta.

    —¿Cómo? —Instintivamente me vuelvo para atrás y miro a la puerta. Como ve en mi cara el desconcierto vuelve a la carga.

    —Verá, en psicología llamamos cerrar la puerta a terminar o a cancelar una etapa o una relación existente entre dos personas. Si eso no se produce es normal que esa relación aparezca en sueños. Yo le aconsejaría que hablara con ella y aclarara esa situación. Verá cómo todo vuelve a su cauce y terminan esos sueños que yo no llamaría pesadillas.

     —Sí claro, eso es muy fácil decirlo.

     —¿No se atreve?

     —¿Pretende que la llame para decirle: Fulanita, estaba enamorado de ti y sueño a menudo contigo? ¿Se imagina el ridículo?

     —¿Por qué? ¿Quiere que la llame yo?

     —No!!!

     Los dos nos quedamos en silencio. Imagino que ella está pensando que soy un machista redomado, tal vez tenga razón pero su propuesta me parece algo descabellada. Luego, para rebajar la tensión hablamos de cosas intrascendentes como el sitio que hemos elegido para pasar las vacaciones y cosas así.

     Me levanto y me despido de dándole la mano. Ella me planta dos besos   que me dejan desconcertado.

     —Páselo bien.

    

martes, 21 de julio de 2026

El Mundial, algo más que fútbol

 

     Como aficionado al fútbol que soy quisiera dar mi opinión sobre las imágenes que millones de espectadores hemos visto a lo largo de este mundial celebrado en Méjico, EEUU y Canadá a lo largo de un mes de competición. Me gusta el fútbol como espectáculo a pesar de las muchas pegas que veo por todo lo que conlleva a su alrededor: ser un deporte super profesionalizado, el escándalo que supone pagar decenas de millones por el traspaso de un jugador, ese comportamiento a veces violento de las aficiones que desata lo peor del ser humano como es el  insulto, el racismo, la homofobia, etcétera. Por supuesto que me alegro del éxito de la selección española construido, no sobre estrellas con brillo propio como Messi, Mbappé, Haaland, Kane y compañía, sino desde la propia identidad y el juego colectivo de un grupo que ha sabido responder a las expectativas que se habían creado sobre ella, pese a la decepción del empate en el primer partido frente a Cabo Verde. Hemos visto las imágenes de Trump queriendo aprovecharse del evento después del vergonzoso episodio que él y el presidente Infantino protagonizaron retirando la tarjeta a un jugador de EEUU o el sinsentido del despliegue de figuras del espectáculo durante el descanso del partido como si de una final de la Super Bowl se tratara. Tenían que darle un toque especial con brillo a un evento que millones de personas estaban viendo en el mundo y pienso que el resultado fue bastante plano sin apenas trascendencia. Negocios y geopolítica van de la mano en un evento que ocurre cada cuatro años y que proporciona un escaparate al mundo que lo contempla.

     Hemos visto también el enorme despliegue informativo que tanto la prensa como la televisión de nuestro país ha dedicado a los campeones, el recibimiento por los Reyes y el presidente el Gobierno, el paseo en autobús por las abarrotadas calles del centro de Madrid, etcétera, pero nada de eso me ha llamado la atención por ser algo ya esperado. Lo que de verdad me ha emocionado han sido las imágenes de la alegría de los habitantes de Gaza y otros lugares de Palestina por la victoria de nuestra  selección, un pueblo sufriente donde los haya. Un pueblo que lucha con las únicas armas que posee: su orgullo y su capacidad de resistencia. Y es que la memoria es flaca y tendemos en seguida a olvidarnos del lugar donde no está puesto el foco informativo, ellos nos están diciendo que todavía subsisten a pesar de que sus calles y plazas están en ruinas a causa de los bombardeos israelíes y de su política de echarlos de las tierras donde han vivido siempre. Ellos tienen memoria y saben que el pueblo español simpatiza con su causa.

sábado, 18 de julio de 2026

Frases y libros

 

     “Los libros dan cobijo, casa, lecho, sustento, compañía”

Los apóstatas  de Gonzalo Celorio

 

     “Culpar a los pobres de su propia condición, es uno de los mayores éxitos ideológicos de las sociedades capitalistas”

Vagabundias de Juanma Agulles

 

     “El odio puede mucho. El odio y el amor mueven el mundo”

Coloquio  de invierno de Luis Landero

    

     “Nunca fuera caballero de damas tan bien servido, como fuera don Quijote cuando de su aldea vino; doncellas curaban dél, princesas de su rocino”.

El Quijote de Miguel de Cervantes.

miércoles, 8 de julio de 2026

Por fin San Fermín

   

     Si el otro día hablé de Vallecas, el barrio donde resido, hoy quiero hablar de Pamplona, la ciudad donde nací. Estamos en plenos Sanfermines, una ciudad desbordada de turistas y de gente que viene a disfrutar de unas fiestas incomparables. Si cuando yo era chaval eran los anglosajones los turistas que más nos frecuentaban, ahora siguen viniendo gentes de cualquier parte del mundo pero la mayor diferencia es que ahora han sido sustituidos por el turismo nacional y también por los originarios de países sudamericanos. Se podrían enumerar una larga lista de razones para considerarla una fiesta sin igual: las dianas, los encierros, la comparsa de Gigantes y Cabezudos, el ambiente en las calles, la música de charangas, gaiteros y txistularis recorriendo la ciudad, la rica gastronomía, y así un largo etcétera. Todo eso y mucho más lo anunció Heminway al mundo cuando publicó The Sun Also Rises traducida como Fiesta hace añora cien años. Hay verdaderos devotos del mito norteamericano, hasta el punto de pagarse un dineral por la habitación del hotel “La Perla” donde él se hospedó durante sus visitas a Pamplona o el concurso de dobles donde la gente tiende a imitar el atuendo y fisonomía del famoso escritor.

     Mientras recorro las calles tomo el pulso a la fiesta y me dejo invadir por todo un conjunto de sensaciones. Antes de escribir, procuro ser un observador atento al mundo que me rodea, fijándome en los detalles, en reflejar las pinceladas de la realidad de lo que veo. Lo que más me llama la atención es la cantidad de basura que genera una ciudad completamente desbordada de visitantes. Rompo una lanza en favor del personal de limpieza y mantenimiento que día a día trabajan cuando el resto nos divertimos, para que Pamplona luzca un aspecto saludable para recibir a las gentes que nos visitan. Con toda seguridad puedo afirmar que la ciudad no resistiría ni un solo día de huelga de este colectivo. Me pregunto para cuándo un reconocimiento público a su labor, por ejemplo tirando ellos el cohete el 6 de julio.

     Hace algún tiempo leí que los Sanfermines era una fiesta que podía morir de éxito. La frase tiene una base real. Hay otras muchas ciudades que conocemos como Venecia, París, Roma, Palma, Barcelona, Málaga, Las Palmas, San Sebastián, que tienen un problema similar: la masificación y el turismo descontrolado. Ya se empiezan a oír voces de protesta pero como en todo, el problema reside en designar qué modelo de fiestas queremos. El otro gran debate que surge a comienzos de las fiestas es el futuro de los toros. ¿Es posible unos Sanfermines sin toros?

     Por lo visto, el impacto económico que dejan las fiestas en la ciudad es en torno a unos  240 millones de euros, un bocado demasiado apetitoso  como para querer cambiar de modelo, pero el reto ya está ahí. Las sensibilidades  cambian, los tiempos también.

viernes, 3 de julio de 2026

Somos tribu

 

      Dentro de unos días me voy de vacaciones a mi tierra navarra, a visitar a mi gente y a recordar las raíces de donde procedo. No obstante lo anterior, he de decir que me considero ciudadano del mundo, a pesar de que he tenido la suerte de nacer en una de las comunidades más prósperas, si no la que más, de nuestro país.

     Desde hace muchos años resido en Madrid, concretamente en Vallecas, uno de los barrios más grandes de Europa. Como muchos otros lugares que conocemos, Vallecas también sufre los problemas del paro, el acceso a la vivienda, el empleo, la precariedad y, a veces, la difícil convivencia entre los autóctonos y las gentes venidas de fuera. Nuestro barrio históricamente ha sido un barrio reivindicativo, luchador, y bastión de la izquierda hasta no hace nada. Yo conocí el chabolismo, las infraviviendas y las luchas de sus vecinos para conseguir el asfaltado e iluminación de sus calles, las viviendas dignas, el consultorio médico, las guarderías, parques, colegios, la ampliación del Metro, etc. Ahora lucha por seguir manteniendo un sentimiento propio o caer en la homogeneización de toda la periferia madrileña a favor de las políticas populistas que la derecha está sembrando desde hace algunos años.

   Vallecas siempre ha tenido un importante y organizado tejido social capaz de movilizarse para defender sus derechos cuando ha hecho falta. El estigma de barrio conflictivo siempre ha estado presente azuzado por cierta prensa interesada en la división de sus vecinos frente a los que han llegado después.

     A pesar de que el nombre de Vallecas surge de vez en cuando en la prensa, y no para bien, hace unos pocos años nuestro barrio dio una gran lección al mundo cuando lo peor de la pandemia del Covid. El colectivo Somos Tribu Vallekas fue capaz de movilizar a más de mil personas para la distribución y reparto de alimentos para las personas más vulnerables y necesitadas, mientras otros jetas sin escrúpulos se forraban con la venta de las mascarillas. Esta iniciativa fue merecedora del premio Ciudadano Europeo 2020 del Parlamento  Europeo y, aunque la noticia fue tímidamente recogida en la prensa y la televisión, rápidamente se olvidó y no tuvo el suficiente eco que la iniciativa merecía.

     Vallecas ha sido el barrio de la solidaridad entre sus vecinos llegados desde todos los puntos de la geografía española pero ahora el nuevo mantra es el de los españoles primero; por cierto, muchos de los que lo vocean son los que defraudan a Hacienda, tienen su residencia en Andorra y depositan su dinero en paraísos fiscales.

    

    

    

 

jueves, 25 de junio de 2026

Una estrella llamada Vega

 

     El tema del espacio y del cosmos siempre me interesó, pero hubo un tiempo hace años en que me fascinó de tal manera que aproveché para hacer un curso de varios meses de Astronomía sobre planetas, constelaciones y cielo profundo en la sede de la Agrupación Astronómica de Madrid, de la que por cierto el actual Rey era el presidente de honor por aquel entonces (creo que era alrededor de 2004). Veinte años después de terminado el curso sigo preguntándome qué es eso del cielo profundo y  la materia oscura o de qué manera se expande el universo. El curso terminaba con una salida al campo con telescopios una noche de verano acompañados por un monitor. Digamos que el impulso definitivo para hacerlo fue el regalo que me hizo mi hermana Celia de un telescopio. Me dije que ya que disponía de esa herramienta el siguiente paso era aprender a manejarlo. Ni qué decir tiene que disfruté viendo los cráteres de la Luna, el color rojo anaranjado de Marte, las cuatro lunas galileanas de Júpiter y los anillos de Saturno.

     Entre las estrellas más brillantes del firmamento se encuentra Vega, que junto a Altair y Deneb conforman la constelación de la Lyra, la cual se observa muy fácilmente durante las noches de verano. Vega era la estrella  sobre la que apuntaba el eje de la Tierra hace unos 13.000 años debido a la precesión de los equinoccios. Era lo que hoy es la estrella Polar. Para explicar eso resulta muy ilustrativo el movimiento de una peonza cuando la tiramos al suelo con una cuerda; al perder fuerza empieza a cabecear. Es lo que hace la Tierra cada 20.000 años.

   Hace unos meses en la Banda de música donde yo toco se incorporó una nueva compañera con el trombón. No es ni guapa ni fea, tiene gafas y el pelo rizado, de unos treinta años. Se llama Vega, musicalmente está muy preparada, se sienta junto a mí y me dijo el otro día que había vuelto a recuperar la pasión por la música después de ser madre. Los ensayos no son iguales sin ella pues aporta gracia y frescura. Los días que falla debido a sus obligaciones, los ensayos me resultan aburridos, plomizos y vuelvo a casa con una pequeña decepción. No sabe que estoy secretamente enamorado de ella, en fin, es de esos amores platónicos que no van a ninguna parte, porque no tienen base en la vida real. Sin embargo, cuando está ella todo a su alrededor se ilumina, es entonces cuando me acuerdo de la estrella Vega, situada a veinticinco años luz de nuestro planeta. Siempre a nuestro alrededor hay alguien que expande su luz y nos ilumina sin que acertemos a explicar el por qué. La vida y los años me han enseñado que la belleza y el valor de determinadas personas es un término relativo pues en algunas se esconde en lo más recóndito de su ser. Tal vez sea el caso de mi compañera Vega, tan frágil en apariencia, pero llena de energía capaz de contagiar a los demás.

 

miércoles, 17 de junio de 2026

Otra vez la fiebre del oro

 

     Hace escasamente una semana recibí un correo electrónico de Aizkorbe, el argentino trotamundos que navegó a lo largo de cuatro mil kilómetros por el río Congo y luego cubrió como fotógrafo de National Geographic una expedición neozelandesa al Everest. Bueno, pues resulta que a través de un intermediario chino, según él, digno de toda confianza, se ha enterado de que existe interés en reabrir una antigua mina de oro en Alaska. Me pregunta si estoy interesado en participar en la sociedad, me asegura que los chinos tienen un gran olfato para los negocios, dice que son como los antiguos judíos y que él ya ha invertido treinta mil dólares. Le contesto que no dudo de la capacidad de los chinos para los negocios pero que yo ahora mismo tengo una hipoteca y que a mi modesto entender eso está reñido con invertir en algo. Le digo también que mi interés en Alaska no va más allá de leer a mi admirado Jack London y sus maravillosas narraciones en aquel territorio blanco que tan bien retrató. Él me insiste en la viabilidad del proyecto, avalado por un importante geólogo y que con lo que gane liquidaré la hipoteca y se acabarán todos mis problemas. Le agradezco que se haya acordado de mí, pero le aseguro que ahora mismo no estoy interesado en invertir ni en minas de oro ni en criptomonedas y que lo único que de verdad deseo es una jubilación sin sobresaltos, poder dormir a pierna suelta y disfrutar con mi Banda de música. Me despido reiterándole mi gratitud y le deseo éxito en su aventura americana.

     Por lo que me cuenta, parece que ahora están en el proceso de obtener la licencia para la explotación de la obra. Que la administración norteamericana no ve con buenos ojos la presencia de China en territorio de Alaska y que en todo caso exige que tanto los ingenieros como el personal deben ser todos americanos, a cambio piden la supresión de aranceles para la exportación de automóviles americanos en China así como el 50% de la riqueza que obtengan de la mina y nuevos gestos hacia Taiwan. Me asegura que todo es geopolítica cuando dos potencias están enfrentadas y tienen que negociar. Lo entiendo perfectamente.

      A mí lo que me sorprende es la credulidad del personal ante proyectos de dudoso éxito. ¿Una mina de oro puede resultar rentable después de llevar cien años abandonada? Por qué los norteamericanos no lo han intentado  antes? Este Aizkorbe, tenía todos los aditamentos del más genuino argentino; era futbolero, pasional, siempre con su mate a todas horas, lector de Borges, pero al mismo tiempo una persona abierta a lo desconocido, aventurero, ácrata y según su confesión, ciudadano del mundo. Lo conocí en la empresa donde yo trabajaba, al año ya de cansó, pidió la cuenta y le perdí la pista. Cuando me lo encontré de nuevo, ya convertido en fotógrafo, lo que más deseaba era perderse por el mundo, no le hacía ascos a estar de un lado a otro. A pesar de nuestras diferencias el respeto era mutuo, de vez en cuando nos llamábamos; él decía que envidiaba mi estabilidad y el amor a la música. Yo, ante todo su libertad y su espíritu aventurero.

 

 

martes, 9 de junio de 2026

A vueltas con la cultura

 

     No me resulta fácil resumir en unas pocas líneas la experiencia de cuatro años en la Universidad para Mayores, a lo sumo decir que ahora soy algo menos ignorante que entonces.

     Yo fui un mal estudiante durante mis años de Bachillerato en Salamanca. Temía la hora de los exámenes, me bloqueaba. En COU me quedaron varias asignaturas, los estudios se me atragantaban y mi autoestima estaba por los suelos. Con veinte años me vine a Madrid al barrio de Vallecas, donde viví en una comuna durante varios años. Nosotros ya nos conocíamos, allí aprendí el valor de compartir, el respeto a los demás, el compromiso social, ellos fueron mi segunda familia. Empecé a trabajar y, aunque había sido un mal estudiante, siempre tuve en cuenta el amor a la cultura, al saber y al conocimiento, como el mejor método para alejarnos de la brutalidad y de la barbarie. Solucionar los conflictos con el uso de la fuerza no es una opción. Siempre se debe apostar por el diálogo y el uso de la razón. La brutalidad la hemos visto en Ucrania y recientemente en Gaza y en tantos otros lugares.

     Dos experiencias han marcado mi vida en los últimos años: hacer el Camino de Santiago y la Universidad. El primero lo hice hace cuatro años, unos días antes del comienzo en la Complutense. Caminar a lo largo de un mes es lo más parecido al camino de la vida. Aprendes de las dificultades, el sacrificio, el afán de superación, hay momentos en los que te preguntas  qué sentido tiene caminar día tras día, pero todo lo olvidé al llegar a Santiago. Fue mi particular viaje a Ítaca, siempre lo recordaré. Decir que esa experiencia me marcó me parece poco. Me faltaría espacio para describir aquí todo lo que aprendí en ese tiempo.

     Cruzarme en los pasillos de la universidad con chicos y chicas de veinte años me ha devuelto a mi época de estudiante, he sentido rejuvenecer. En estos momentos me gustaría hacer una mención a todos los profesores que he tenido a lo largo de mi formación, a los de antes y a los de ahora. De los de antes quiero tener un recuerdo para Juanito Gutiérrez, amigo de mi padre, a la sazón maestro republicano represaliado por el franquismo, el cual me dio clases particulares de Matemáticas durante las tardes de agosto de 1966 mientras mis amigos se iban a jugar al fútbol.  El álgebra y los polinomios no había manera de que me entraran en la cabeza. Me decía que más allá de las Matemáticas la misión del profesor y la del maestro tenía como fin educar para formar personas libres. Yo entonces no sabía lo que me quería decir. Ahora sí. Me acuerdo igualmente de mi abuelo materno, de profesión panadero, que debido a su curiosidad y las ganas de saber, con el tiempo fue también carpintero, electricista, apicultor y algún que otro oficio que ahora olvido. Todos los días leía la prensa. Y me acuerdo, por supuesto, de la profesora que me felicitó el primer año en clase por el trabajo que le había enviado. Yo, extrañado y confuso, lo primero que pensé era que se había equivocado de alumno.

     De mis compañeros diré que ninguno nos conocíamos al venir aquí, pero resulta que, sin saberlo, teníamos un pasado común porque fuimos testigos de la Transición, ese período tan ilusionante y convulso en la historia de nuestro país. Algunos, además de testigos, también fuimos sujetos activos, que coincidimos en manifestaciones, conocimos los métodos policiales y la cárcel. Teníamos alrededor de veinte años y anhelábamos un nuevo país, sin vencedores ni vencidos, un país con libertades, donde el acceso a la cultura no fuera un privilegio de unos pocos sino un derecho al alcance de todos. Los valores de nuestros padres ya no eran los nuestros.

     A todos los compañeros los tengo muy presentes al escribir estas líneas, de manera especial a Fernando y a Carmen, quienes de manera desinteresada nos han representado durante estos cuatro años. La Universidad Complutense me regaló momentos inolvidables junto a ellos: compartir tartas en la cafetería, las visitas a museos y a escuchar conferencias, las salidas en autocar para ver las Cuevas del Águila o a Pastrana…

     Para terminar, quiero repetir las palabras del himno universitario:” Viva la Academia, vivan los profesores”.

 

miércoles, 3 de junio de 2026

Un nuevo amor

 

     Hoy tengo otra vez consulta con mi doctora. No sé si inventarme cualquier excusa porque presiento que me hará preguntas incómodas, teniendo en cuenta que durante la última conversación que tuvimos por teléfono yo le comentaba mis dudas respecto de una relación sentimental que tenía con otra mujer cuarenta y tres años más joven que yo. Durante varios días estuve dándole vueltas al asunto, mis amigos envidiaban mi situación, pero una voz dentro de mí me decía que era conveniente conocer el punto de vista de una mujer en todo este proceso. Ellas tenían otra psicología diferente a la nuestra y ese fue el motivo de exponerle mis dudas, aunque a decir verdad, al principio me arrepentí.

     Mientras esperaba en la sala de espera noté mis manos sudorosas como un colegial en día de examen. Luego cuando entré en su despacho me saludó dándome la mano al tiempo que me obsequiaba con una sonrisa como siempre lo hacía. Mientras buscaba mi ficha le pregunté por su viaje a Zamora. Me contestó que fue debido a una herencia familiar y que ya estaba todo solucionado. Leyó unos momentos en mi ficha mientras yo me fijaba en sus voluminosas tetas.

     —Veamos, en la última conversación que tuvimos, me habló de que estaba en un mar de dudas respecto de una relación que mantenía con una mujer de veintinueve años. ¿Quiere que hablemos de esto?

       —Sí, ¿Por qué no? —respondí al instante, un tanto sorprendido.

     Ella adoptó una actitud favorecedora del diálogo dentro de unos márgenes de confianza mutua.

     —Sé que es un tema delicado pero me gustaría saber qué le impulsó a esa relación sabiendo la diferencia de edad entre ustedes.

     —Verá, yo soy una persona muy enamoradiza. Lo mío es amor a primera vista.

     —¿Qué le atrae de ella, puede describirla?

     —Todo. Su boca sensual, el pelo moreno, sus ojos verdes…

     —¿Tienen alguna afición en común?

     —A los dos nos encanta el mar.

     —¿Y ella qué ve en usted?

     —Dice que le aporto seguridad y equilibrio.

     —¿Ha tenido intimidad con ella? ¿Se han acostado?

     —Sí claro, estuvimos un fin de semana en el velero dando un paseo por la costa.

     —¿Lo sabe su mujer?

     —Sí, lo hablé el otro día con ella.

     —¿Y?

     —Ella quiere que la deje tranquila. Es que yo soy un sátiro, ¿comprende?

     —Si, ya me he dado cuenta. Ah, pues eso facilita mucho las cosas.

     —Usted cree?

     —Por supuesto. Cambiar las cosas para que todo siga igual ¿no es eso? Bueno y sus hijos ¿Qué dicen?

     —No me hablan. Presionan a su madre para que nos divorciemos pero yo no quiero.

     —A ver. ¿Quiere que le dé mi opinión?

     —Sí claro, por supuesto.

     —Yo creo que usted sufre de inestabilidad emocional. Pienso que tiene idealizado el amor. ¿De verdad se cree que esa persona no va a buscar a alguien más acorde con su edad cuando le vea a usted más arrugado que una pasa? Mi obligación no es decir lo que el cliente quiere escuchar sino abrirle los ojos a la realidad. Puede usted tomar la decisión que quiera pero tenga en cuenta que ella pertenece a una generación diferente a la suya.

    

 

 

    

   

jueves, 21 de mayo de 2026

Gaudeamus igitur

 

     El próximo 11 de junio tengo un evento en el Rectorado de la Universidad Complutense de Madrid. Es la fecha de mi graduación. Es un acto simbólico, ya lo sé, pero cargado de una significación muy especial para quienes hemos acudido a clase durante cuatro años en el ciclo de Humanidades que organiza la universidad para mayores. El mensaje que quiero transmitir es el que hay mucha vida por delante, una vez que se accede a la jubilación, es el deseo de seguir aprendiendo, del valor del acceso a la cultura, a la ciencia, con el fin de alejarnos de la brutalidad y de la ignorancia.

     Ese día me acordaré de Juanito Gutiérrez, amigo de mi padre, a la sazón maestro republicano depurado por el franquismo, que me dio clases particulares de Matemáticas todas las tardes en verano mientras mis amigos se iban a jugar al fútbol. Me acordaré de los suspensos que tuve al finalizar COU en 1971, el primer año que se implantó y de todos los profesores que he tenido a lo largo de mi formación, en especial de los que he aprendido a lo largo de estos cuatro años en la universidad. Me acordaré de la profesora que me felicitó en clase por el trabajo que le había enviado. Estaremos de acuerdo en que graduarse uno con setenta y dos años es algo para celebrar. ¡¡Y aún hay gente mayor que yo!!

     Por supuesto me acordaré también del otro gran evento que tuve nada más jubilarme: hacer el Camino de Santiago desde Roncesvalles; casi ochocientos kilómetros hasta llegar a Santiago con la mochila a cuestas, durmiendo cada noche en una cama diferente a lo largo de un mes. Pasar por el pueblo de mi madre, ya fallecida, Puente la Reina, me llenó de emoción. Durante un mes disfruté caminando, saboreé cada gesto, cada detalle, aprendí el valor de la compañía, del esfuerzo, di las gracias a los sanitarios que me atendieron fuera ya de su jornada laboral cuando al finalizar una etapa llegué con calambres y casi sin poder moverme. Aquel matrimonio ya mayor, que regentaba un albergue en Galicia una tarde de lluvia, después de la cena nos contaron historias de peregrinos perdidos en la nieve que yo escuchaba con atención…

     La vida nos proporciona inolvidables momentos si uno aprende a valorarlos. Uno de ellos es el ser un jubilado activo, atento a cada sorpresa, al saber escuchar, al silencio.

     Gaudeamus igitur es el himno universitario por excelencia. Es un canto al disfrute de la juventud y a la celebración del conocimiento.

jueves, 14 de mayo de 2026

La profesora de Biología

 

     Siempre he sido un soñador, un ser fantasioso con imaginación pero a la vez tímido y reservado hasta el extremo. Siendo adolescente mi mayor deseo era pasar inadvertido pero claro, había ocasiones, pongamos que en clase, en los que a veces era interpelado por el profesor de turno y eso me hacía enrojecer hasta la raíz del cabello. Sentirme el centro de atención era mi mayor suplicio. Estamos en 1972. En el claustro de profesores del instituto donde yo estudiaba había una persona que llamaba poderosamente la atención: era la profesora de Biología. Era joven y guapa, tenía buen tipo, unas piernas perfectas y siempre iba con falda, ni qué decir que la  mayoría estábamos enamorados de ella. Todos nos peleábamos por sentarnos frente a la mesa del profesor para ver ese cruce de piernas que nos hacía enloquecer. Lo de “Instinto básico” vino muchos años después. No recuerdo su nombre pero estábamos locos por ella. Por aquella época yo tenía dieciocho años, estaba en la flor de la vida pero mis complejos seguían y me mortificaban sin que pudiera evitarlo.

     Resulta que hacia la mitad de curso hicimos un examen y me suspendió. Yo estaba convencido de que lo había hecho bien, suficiente como para aprobar, así que pedí que me lo enseñara y lo corrigiera de nuevo. Nada más entrar en su despacho me recibió con una sonrisa mientras buscaba entre sus papeles, después dijo que tomara asiento frente a ella. Sentado, observé cómo tomaba entre sus manos mi examen, el cual estaba lleno de tachaduras y frases que había escrito la profesora con bolígrafo rojo.

     —Vamos a ver —me dijo enseñando mi examen. Confundes los coleópteros con los ortópteros, no sabes diferenciar un ecosistema atlántico de otro mediterráneo, por no hablar de las faltas de ortografía. ¿Y encima quieres hacerme ver que he sido injusta contigo? Ten por seguro que en la universidad viendo esas faltas ni siquiera se hubieran molestado en leer el examen.

     Conforme me iba hablando yo notaba que ese pedestal en el que la tenía a ella se iba desmoronando poco a poco. Mis sueños se estaban convirtiendo en una pesadilla, hasta su voz, antes dulce y armoniosa, me sonaba ahora áspera e irritable.

      —Bueno, pero el resto está bien ¿no?

     —¿Tú crees que te puedo aprobar? Has escrito mucho pero sin profundizar en lo que yo quería. Se trataba de ver la evolución, de cómo las especies se han ido adaptando al medio a través de una evolución de millones de años —Luego se levantó de la silla y situándose a mi lado me dijo que repasara bien todos esos conceptos porque estaba segura de que podía  hacerlo mejor.

     —Participas en clase y eso para mí es importante —me dijo yo creo que con el fin de evitar mi decepción.

     —Por cierto, te pareces al protagonista de la película que vi ayer.

     —¿Qué película? —balbuceé.

     —Muerte en Venecia. Habla sobre la belleza y su contrapunto, la decadencia.

       Las últimas frases apenas las escuché. La visita resultó un fiasco para mí. Cuando ya estaba a punto de alcanzar la puerta me dijo volviéndose.

      —Ah y una última cosa, le dices al gracioso que escribe groserías en la pizarra que la próxima vez le mando al Jefe de Estudios.

    

lunes, 11 de mayo de 2026

Música y memoria

 

     Hablo desde la cercanía y desde la humildad. Existen personas que estamos conectadas a la música (que no a su industria) desde su propia base. No formamos parte del entramado de los grandes eventos, aquellos que llenan grandes estadios de fútbol con personas que hacen cola durmiendo en la calle para conseguir una entrada, y que necesitan sesenta tráilers para transportar todo el material que se necesita para el montaje del macroescenario. Las Bandas ponemos música en las calles y plazas de nuestros barrios a disposición de quien quiera escucharnos, hacemos un esfuerzo para que nuestros hijos e hijas se formen musicalmente, fomentamos la cultura con las herramientas que disponemos, desde la cercanía, el compromiso y la solidaridad. La música es también nuestro medio de expresión, nuestro altavoz para decir quiénes somos y para llevar un mensaje de esperanza para aquellos que lo necesitan. Además, soy de los que piensan que los músicos somos unos privilegiados, puesto que la música es la más universal de las artes, la más cercana, la que es capaz de emocionarnos, la que rompe fronteras para unir a los pueblos, porque la música no nació para ser motivo de separación o confrontación sino como expresión de un pueblo y servir de puente entre culturas diversas. Decía el músico y poeta canadiense Leonard Cohen en una de sus canciones (El partisano), que las fronteras eran su cárcel. Por cierto, recomiendo ver en Youtube el discurso improvisado que pronunció después de recibir el premio Príncipe de Asturias hace ya unos años. Yo le he visto varias veces.  Es para enmarcar.

     Y es que nuestro propio cuerpo conecta con la música a través del latido cardíaco que es nuestro metrónomo, ya sabéis, ese aparato que emite una señal acústica para indicarnos la velocidad del compás. Cuando estamos en modo reposo o dormidos nuestro latido es lento, es un adagio. Pero cuando hacemos ejercicio, vamos a entrar a un examen o tenemos que hablar en público, ese latido se nos acelera y se convierte en un presto o en un vivace. En definitiva, amigos, llevamos la música incorporada de serie. ¿Quién no ha experimentado el recuerdo de una persona al escuchar tal o cual canción? ¿O de nosotros mismos cuando éramos más jóvenes? Mi padre falleció hace veintiocho años, todos los días tengo un recuerdo para él, sobre todo cuando escucho el pasodoble titulado “Chiclanera”, popularizado en 1936. Mi padre lo cantaba en los cafés y tabernas en las ciudades y pueblos situados en el frente de guerra. La música es también memoria porque nos conecta con personas, aunque físicamente ya no estén.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Una llamada inoportuna

 

       Si hay algo que me exaspera cuando estoy en casa son las llamadas de teléfono para venderme cosas: una rebaja en la póliza de seguro sea cual sea el que tenga, el Banco que me ofrece un crédito de veinte mil euros por mi depósito en este momento, la ONG para hacerme socio, las empresas que me ofrecen teleasistencia… Entiendo que el nuevo marketing consiste en no esperar al cliente, hay que ir a por él y abordarle. Bueno, pues me llama por teléfono mi psicóloga para decirme que no estará en la próxima sesión, que le ha surgido un asunto familiar en Zamora y que no puede faltar. Aprovecha la ocasión para preguntarme si todo va bien y le contesto que bueno, que estoy en un mar de dudas.

     —¿Qué tipo de dudas? Explíquese.

     —Pues resulta que he conocido a una mujer que me gusta, pero no sé si ella está conmigo porque de verdad me quiere o por interés.

     —¿Interés de qué tipo?

     —Interés económico, naturalmente.    

     —Ah, pero es usted es rico? —me pregunta como muy sorprendida.

     —Hombre rico, lo que se dice rico, pues no. Tengo acciones, casa en la playa, un velero, y algunas otras propiedades.

     Ella parece que duda, mi impresión es que no sabe por dónde tirar. Yo creo que lamenta haberme dado pie al preguntarme si va todo bien.  Yo reconozco que he ido a saco, que tal vez no era el mejor momento para plantearlo pero ya está hecho y no sirve para nada lamentarse. Lo única impresión que dejo es que parezco un ser pusilánime lleno de dudas.

     —¿Le importa que hablemos de este asunto a mi vuelta de Zamora? Tal vez ahora no sea el momento más adecuado para tomar una decisión. Además, ¿ha hablado de esto con su mujer?

     —Por supuesto que no. Creí que usted era la persona adecuada para hablar de esto.

     —Yo le puedo dar mi opinión, pero ese asunto es más apropiado de un consultorio sentimental ¿no le parece?

     Le digo que para mí ella es mi consultora en todos los sentidos, incluido el sentimental. Se produce un silencio incómodo. Creo que ella duda de que un gañán como yo sea capaz de enamorar a alguien, si le estoy tomando el pelo, si estoy como una cabra contándole milongas o todo junto a la vez.

     —Mire, para serle sincera prefiero tratar este asunto en una próxima sesión si usted no tiene inconveniente. Por cierto, una pregunta ¿Qué edad tiene esa mujer si se puede saber?

     —Veintinueve años.

     —Es española?

     —Me ha dicho una pregunta.

     —Está bien, otra más. ¿Es española?

     —Y eso ¿qué tiene que ver?

     La imagino echando cálculos, una mujer de veintinueve años, con un tipo de setenta y dos. Hum, déjeme pensar, algo no cuadra.

     —Está bien, sea española o no quiero darle mi enhorabuena. Pero en mi opinión la pregunta es otra ¿Se va usted a separar o divorciar de su mujer? Es una decisión que sólo usted debe tomar. Qué decisiones tomar en la vida es algo que no se enseña en la universidad.