viernes, 7 de agosto de 2026

La bella dedicatoria de un hombre que no conocí

 

   Siempre se debe tener en cuenta los libros que se prestan, porque a menudo se extravían, hay malentendidos, no se devuelven, etc. Conozco algún caso, yo mismo lo sufrí hace algún tiempo. Era un libro que yo apreciaba mucho, me lo dedicó con un bello dibujo su propio autor, a quien yo nunca tuve la suerte de conocer. Si digo su nombre seguramente no os dirá nada. Se llamaba Fernando Macarro Castillo, pero era más conocido por Marcos Ana, que era el nombre de sus padres. La iniciativa fue a través de Nacho, un amigo librero que conoció a  Marcos cuando éste frecuentaba su librería. Militante comunista, estuvo veintidós años y siete meses en seis cárceles franquistas, desde los dieciocho, recién terminada la guerra hasta 1961.

     El libro se titulaba Decidme cómo es un árbol y en él venía a decir que las cosas más simples y peregrinas no las había conocido: el mar, el campo, las estrellas, el amor… Todo en él respiraba humanidad, bondad e inocencia, fidelidad a unas ideas. Le conmutaron la pena de muerte por treinta años de cárcel. Leyendo un libro me ha venido a la memoria su nombre y los  avatares de  su  vida porque vivimos un tiempo en lo que hoy es noticia y ocupa las portadas de prensa y los informativos, mañana ya lo hemos olvidado. Murió hace diez años pero hoy me gustaría recuperar el episodio más conocido de su vida.

     Marcos, al poco de salir de la cárcel a los cuarenta y un años, a través de un amigo que le prestó dinero descubrió el sexo en una casa de citas madrileña. La muchacha, una joven morena, escuchó de sus labios la terrible historia de su vida, las palizas, las cárceles, todo. Apiadada, no le quiso cobrar por sus servicios, metiéndole en el pantalón sin que se diera cuenta las 500 pesetas que él le había pagado. Al día siguiente comprobó con sorpresa que tenía ese dinero en el bolsillo y su primera idea fue acudir de nuevo a la cita con ella. Cuando iba de camino vio una floristería, se detuvo y se dio cuenta de lo mezquino de su conducta. Había tenido sexo iniciático pero la conducta de ella había sido conmovedora y ahora él la pretendía manchar y aprovecharse de la situación. Rápidamente cambió de opinión y encargó 500 pesetas de flores junto a una nota agradeciéndole la noche que había pasado con ella y su infinita ternura. Nunca más tuvieron contacto.

miércoles, 5 de agosto de 2026

Frases y libros de lecturas recientes

 

     “Hay muchos científicos que opinan que hay que tratar la vejez como si fuera una enfermedad tomando alguna pastilla. Yo no lo creo. Para mí la vejez no es una enfermedad, no tiene una causa única y no hay pastilla que la solucione”.

La respuesta de Juan Luis Arsuaga.

 

     “Cuando una persona muere no tiene dolor, no sufre, no siente nada… pero sus allegados lloran. Pasa lo mismo cuando eres imbécil”.

 

Frase atribuida a Albert Einstein.

 

     “Vuesa merced sí que es escudero fiel y legal, corriente y moliente, magnífico y grande, como lo muestra este banquete, que si no ha venido aquí por arte de encantamiento, parécelo a lo menos; y no como yo, mezquino y malaventurado, que solo traigo en mis alforjas un poco de queso, tan duro, que puede descalabrar a un gigante; a quien hacen compañía cuatro docenas de algarrobas y otras tantas de avellanas y nueces, meced a la estrecheza de mi dueño , y a la opinión que tiene y orden que guarda de que los caballeros andantes o se han de mantener y sustentar sino con frutas secas y con las yerbas del campo”.

 

Sancho Panza a otro escudero en El Quijote.

 

      “En los chimpancés, como en los humanos, se llega al poder  a través de las alianzas, no por ser el más bruto del grupo”.

 

La respuesta de Juan Luis Arsuaga

 

      “Una dosificación suficiente del humor inmunizaría al hombre contra los ideales fingidos y fraudulentos. El humor y el conocimiento son las dos grandes esperanzas de la civilización”.

 

Sobre la agresión; el pretendido mal de Konrad Lorenz

 

 

     “Santa Bailarina , protégeme del aburrimiento cotidiano, la monotonía de los cuerpos sentados y la pérdida de elasticidad muscular; aléjame de las oficinas con sillas giratorias, la osteoporosis mental de la pereza y las tensiones de esta ciudad fronteriza; exíliame de esta vida triste y sedentaria, de los dolores de huesos y de cintura, y hazme huir de los sillones frente al televisor”.

 

Plegaria poema de Roberto Castillo

 

 

“El maqui se sienta solo, una mano sin dedos, en recuerdo de Belchite y el no pasarán pero sí pasaron, frente al consejo de guerra sumarísimo. Le imputan delito de rebelión militar, de bandidaje y terrorismo por atentar contra la seguridad pública, perturbar la tranquilidad, el orden y los servicios públicos. Fallamos que debemos condenar y condenamos al procesado Pedro Antonio Martínez Sánchez a la pena de treinta años de reclusión mayor”.

 

El peón de Paco Cerdá

 

 

 

 

lunes, 27 de julio de 2026

Vacaciones

 

     Hoy toca de nuevo sesión con mi psicóloga. Emocionalmente me encuentro algo fatigado, mientras espero mi turno en la sala de espera deseo que vengan las vacaciones e irme a respirar otros aires menos contaminantes, olvidarme de los terribles incendios que aparecen cada verano en nuestros montes, pero ya apenas quedan refugios idílicos no masificados con acceso a una cala, y los que hay, son propiedad de los multimillonarios con acceso también a una cala, pero privada. Yo me sé algunos de esos refugios, no tienen cala privada ni falta que les hace, cada verano los visito, parajes solitarios donde únicamente se oye a lo lejos el tenue sonido de campanas de un convento apartado. Allí pienso, medito y cojo fuerzas para las tareas que me esperan en septiembre a la vuelta de las vacaciones.

     En esos pensamientos estaba cuando una voz dulce me invitó a pasar a su despacho. Mi psicóloga se llama Nekane, llevo como dos años con ella y siempre me recibe con una sonrisa que yo agradezco, fruto de quien ya me conoce después de tantas sesiones. Antes de comenzar la sesión me dice que dentro de unos días se va de vacaciones y que a continuación me escucha con mucha atención lo que tenga que decirle.

     —Pues verá, he solicitado esta sesión porque de un tiempo a esta parte de noche  tengo pesadillas con una compañera con la que yo trabajaba.

     —¿Qué clase de pesadillas? ¿Le amenaza?

     —No, no. Sueño con ella normal, en el lugar de trabajo.

     —¿Por qué? ¿Era una persona especial para usted?

     —En cierto modo sí. Pero lo que me extraña es que hace ya casi diez años que me jubilé y el hecho de soñar con ella es algo recurrente que cada cierto tiempo vuelve.

     Cuando hablo veo que apunta cosas en el bloc que tiene sobre la mesa, no le gusta que le interrumpa, siempre me dice siga, siga que yo le escucho, pero claro yo me desconcentro y pierdo el hilo. Al final me callo y es ella la que habla.

    —El problema es que usted no ha cerrado la puerta.

    —¿Cómo? —Instintivamente me vuelvo para atrás y miro a la puerta. Como ve en mi cara el desconcierto vuelve a la carga.

    —Verá, en psicología llamamos cerrar la puerta a terminar o a cancelar una etapa o una relación existente entre dos personas. Si eso no se produce es normal que esa relación aparezca en sueños. Yo le aconsejaría que hablara con ella y aclarara esa situación. Verá cómo todo vuelve a su cauce y terminan esos sueños que yo no llamaría pesadillas.

     —Sí claro, eso es muy fácil decirlo.

     —¿No se atreve?

     —¿Pretende que la llame para decirle: Fulanita, estaba enamorado de ti y sueño a menudo contigo? ¿Se imagina el ridículo?

     —¿Por qué? ¿Quiere que la llame yo?

     —No!!!

     Los dos nos quedamos en silencio. Imagino que ella está pensando que soy un machista redomado, tal vez tenga razón pero su propuesta me parece algo descabellada. Luego, para rebajar la tensión hablamos de cosas intrascendentes como el sitio que hemos elegido para pasar las vacaciones y cosas así.

     Me levanto y me despido de dándole la mano. Ella me planta dos besos   que me dejan desconcertado.

     —Páselo bien.

    

martes, 21 de julio de 2026

El Mundial, algo más que fútbol

 

     Como aficionado al fútbol que soy quisiera dar mi opinión sobre las imágenes que millones de espectadores hemos visto a lo largo de este mundial celebrado en Méjico, EEUU y Canadá a lo largo de un mes de competición. Me gusta el fútbol como espectáculo a pesar de las muchas pegas que veo por todo lo que conlleva a su alrededor: ser un deporte super profesionalizado, el escándalo que supone pagar decenas de millones por el traspaso de un jugador, ese comportamiento a veces violento de las aficiones que desata lo peor del ser humano como es el  insulto, el racismo, la homofobia, etcétera. Por supuesto que me alegro del éxito de la selección española construido, no sobre estrellas con brillo propio como Messi, Mbappé, Haaland, Kane y compañía, sino desde la propia identidad y el juego colectivo de un grupo que ha sabido responder a las expectativas que se habían creado sobre ella, pese a la decepción del empate en el primer partido frente a Cabo Verde. Hemos visto las imágenes de Trump queriendo aprovecharse del evento después del vergonzoso episodio que él y el presidente Infantino protagonizaron retirando la tarjeta a un jugador de EEUU o el sinsentido del despliegue de figuras del espectáculo durante el descanso del partido como si de una final de la Super Bowl se tratara. Tenían que darle un toque especial con brillo a un evento que millones de personas estaban viendo en el mundo y pienso que el resultado fue bastante plano sin apenas trascendencia. Negocios y geopolítica van de la mano en un evento que ocurre cada cuatro años y que proporciona un escaparate al mundo que lo contempla.

     Hemos visto también el enorme despliegue informativo que tanto la prensa como la televisión de nuestro país ha dedicado a los campeones, el recibimiento por los Reyes y el presidente el Gobierno, el paseo en autobús por las abarrotadas calles del centro de Madrid, etcétera, pero nada de eso me ha llamado la atención por ser algo ya esperado. Lo que de verdad me ha emocionado han sido las imágenes de la alegría de los habitantes de Gaza y otros lugares de Palestina por la victoria de nuestra  selección, un pueblo sufriente donde los haya. Un pueblo que lucha con las únicas armas que posee: su orgullo y su capacidad de resistencia. Y es que la memoria es flaca y tendemos en seguida a olvidarnos del lugar donde no está puesto el foco informativo, ellos nos están diciendo que todavía subsisten a pesar de que sus calles y plazas están en ruinas a causa de los bombardeos israelíes y de su política de echarlos de las tierras donde han vivido siempre. Ellos tienen memoria y saben que el pueblo español simpatiza con su causa.

sábado, 18 de julio de 2026

Frases y libros

 

     “Los libros dan cobijo, casa, lecho, sustento, compañía”

Los apóstatas  de Gonzalo Celorio

 

     “Culpar a los pobres de su propia condición, es uno de los mayores éxitos ideológicos de las sociedades capitalistas”

Vagabundias de Juanma Agulles

 

     “El odio puede mucho. El odio y el amor mueven el mundo”

Coloquio  de invierno de Luis Landero

    

     “Nunca fuera caballero de damas tan bien servido, como fuera don Quijote cuando de su aldea vino; doncellas curaban dél, princesas de su rocino”.

El Quijote de Miguel de Cervantes.

miércoles, 8 de julio de 2026

Por fin San Fermín

   

     Si el otro día hablé de Vallecas, el barrio donde resido, hoy quiero hablar de Pamplona, la ciudad donde nací. Estamos en plenos Sanfermines, una ciudad desbordada de turistas y de gente que viene a disfrutar de unas fiestas incomparables. Si cuando yo era chaval eran los anglosajones los turistas que más nos frecuentaban, ahora siguen viniendo gentes de cualquier parte del mundo pero la mayor diferencia es que ahora han sido sustituidos por el turismo nacional y también por los originarios de países sudamericanos. Se podrían enumerar una larga lista de razones para considerarla una fiesta sin igual: las dianas, los encierros, la comparsa de Gigantes y Cabezudos, el ambiente en las calles, la música de charangas, gaiteros y txistularis recorriendo la ciudad, la rica gastronomía, y así un largo etcétera. Todo eso y mucho más lo anunció Heminway al mundo cuando publicó The Sun Also Rises traducida como Fiesta hace añora cien años. Hay verdaderos devotos del mito norteamericano, hasta el punto de pagarse un dineral por la habitación del hotel “La Perla” donde él se hospedó durante sus visitas a Pamplona o el concurso de dobles donde la gente tiende a imitar el atuendo y fisonomía del famoso escritor.

     Mientras recorro las calles tomo el pulso a la fiesta y me dejo invadir por todo un conjunto de sensaciones. Antes de escribir, procuro ser un observador atento al mundo que me rodea, fijándome en los detalles, en reflejar las pinceladas de la realidad de lo que veo. Lo que más me llama la atención es la cantidad de basura que genera una ciudad completamente desbordada de visitantes. Rompo una lanza en favor del personal de limpieza y mantenimiento que día a día trabajan cuando el resto nos divertimos, para que Pamplona luzca un aspecto saludable para recibir a las gentes que nos visitan. Con toda seguridad puedo afirmar que la ciudad no resistiría ni un solo día de huelga de este colectivo. Me pregunto para cuándo un reconocimiento público a su labor, por ejemplo tirando ellos el cohete el 6 de julio.

     Hace algún tiempo leí que los Sanfermines era una fiesta que podía morir de éxito. La frase tiene una base real. Hay otras muchas ciudades que conocemos como Venecia, París, Roma, Palma, Barcelona, Málaga, Las Palmas, San Sebastián, que tienen un problema similar: la masificación y el turismo descontrolado. Ya se empiezan a oír voces de protesta pero como en todo, el problema reside en designar qué modelo de fiestas queremos. El otro gran debate que surge a comienzos de las fiestas es el futuro de los toros. ¿Es posible unos Sanfermines sin toros?

     Por lo visto, el impacto económico que dejan las fiestas en la ciudad es en torno a unos  240 millones de euros, un bocado demasiado apetitoso  como para querer cambiar de modelo, pero el reto ya está ahí. Las sensibilidades  cambian, los tiempos también.

viernes, 3 de julio de 2026

Somos tribu

 

      Dentro de unos días me voy de vacaciones a mi tierra navarra, a visitar a mi gente y a recordar las raíces de donde procedo. No obstante lo anterior, he de decir que me considero ciudadano del mundo, a pesar de que he tenido la suerte de nacer en una de las comunidades más prósperas, si no la que más, de nuestro país.

     Desde hace muchos años resido en Madrid, concretamente en Vallecas, uno de los barrios más grandes de Europa. Como muchos otros lugares que conocemos, Vallecas también sufre los problemas del paro, el acceso a la vivienda, el empleo, la precariedad y, a veces, la difícil convivencia entre los autóctonos y las gentes venidas de fuera. Nuestro barrio históricamente ha sido un barrio reivindicativo, luchador, y bastión de la izquierda hasta no hace nada. Yo conocí el chabolismo, las infraviviendas y las luchas de sus vecinos para conseguir el asfaltado e iluminación de sus calles, las viviendas dignas, el consultorio médico, las guarderías, parques, colegios, la ampliación del Metro, etc. Ahora lucha por seguir manteniendo un sentimiento propio o caer en la homogeneización de toda la periferia madrileña a favor de las políticas populistas que la derecha está sembrando desde hace algunos años.

   Vallecas siempre ha tenido un importante y organizado tejido social capaz de movilizarse para defender sus derechos cuando ha hecho falta. El estigma de barrio conflictivo siempre ha estado presente azuzado por cierta prensa interesada en la división de sus vecinos frente a los que han llegado después.

     A pesar de que el nombre de Vallecas surge de vez en cuando en la prensa, y no para bien, hace unos pocos años nuestro barrio dio una gran lección al mundo cuando lo peor de la pandemia del Covid. El colectivo Somos Tribu Vallekas fue capaz de movilizar a más de mil personas para la distribución y reparto de alimentos para las personas más vulnerables y necesitadas, mientras otros jetas sin escrúpulos se forraban con la venta de las mascarillas. Esta iniciativa fue merecedora del premio Ciudadano Europeo 2020 del Parlamento  Europeo y, aunque la noticia fue tímidamente recogida en la prensa y la televisión, rápidamente se olvidó y no tuvo el suficiente eco que la iniciativa merecía.

     Vallecas ha sido el barrio de la solidaridad entre sus vecinos llegados desde todos los puntos de la geografía española pero ahora el nuevo mantra es el de los españoles primero; por cierto, muchos de los que lo vocean son los que defraudan a Hacienda, tienen su residencia en Andorra y depositan su dinero en paraísos fiscales.

    

    

    

 

jueves, 25 de junio de 2026

Una estrella llamada Vega

 

     El tema del espacio y del cosmos siempre me interesó, pero hubo un tiempo hace años en que me fascinó de tal manera que aproveché para hacer un curso de varios meses de Astronomía sobre planetas, constelaciones y cielo profundo en la sede de la Agrupación Astronómica de Madrid, de la que por cierto el actual Rey era el presidente de honor por aquel entonces (creo que era alrededor de 2004). Veinte años después de terminado el curso sigo preguntándome qué es eso del cielo profundo y  la materia oscura o de qué manera se expande el universo. El curso terminaba con una salida al campo con telescopios una noche de verano acompañados por un monitor. Digamos que el impulso definitivo para hacerlo fue el regalo que me hizo mi hermana Celia de un telescopio. Me dije que ya que disponía de esa herramienta el siguiente paso era aprender a manejarlo. Ni qué decir tiene que disfruté viendo los cráteres de la Luna, el color rojo anaranjado de Marte, las cuatro lunas galileanas de Júpiter y los anillos de Saturno.

     Entre las estrellas más brillantes del firmamento se encuentra Vega, que junto a Altair y Deneb conforman la constelación de la Lyra, la cual se observa muy fácilmente durante las noches de verano. Vega era la estrella  sobre la que apuntaba el eje de la Tierra hace unos 13.000 años debido a la precesión de los equinoccios. Era lo que hoy es la estrella Polar. Para explicar eso resulta muy ilustrativo el movimiento de una peonza cuando la tiramos al suelo con una cuerda; al perder fuerza empieza a cabecear. Es lo que hace la Tierra cada 20.000 años.

   Hace unos meses en la Banda de música donde yo toco se incorporó una nueva compañera con el trombón. No es ni guapa ni fea, tiene gafas y el pelo rizado, de unos treinta años. Se llama Vega, musicalmente está muy preparada, se sienta junto a mí y me dijo el otro día que había vuelto a recuperar la pasión por la música después de ser madre. Los ensayos no son iguales sin ella pues aporta gracia y frescura. Los días que falla debido a sus obligaciones, los ensayos me resultan aburridos, plomizos y vuelvo a casa con una pequeña decepción. No sabe que estoy secretamente enamorado de ella, en fin, es de esos amores platónicos que no van a ninguna parte, porque no tienen base en la vida real. Sin embargo, cuando está ella todo a su alrededor se ilumina, es entonces cuando me acuerdo de la estrella Vega, situada a veinticinco años luz de nuestro planeta. Siempre a nuestro alrededor hay alguien que expande su luz y nos ilumina sin que acertemos a explicar el por qué. La vida y los años me han enseñado que la belleza y el valor de determinadas personas es un término relativo pues en algunas se esconde en lo más recóndito de su ser. Tal vez sea el caso de mi compañera Vega, tan frágil en apariencia, pero llena de energía capaz de contagiar a los demás.

 

miércoles, 17 de junio de 2026

Otra vez la fiebre del oro

 

     Hace escasamente una semana recibí un correo electrónico de Aizkorbe, el argentino trotamundos que navegó a lo largo de cuatro mil kilómetros por el río Congo y luego cubrió como fotógrafo de National Geographic una expedición neozelandesa al Everest. Bueno, pues resulta que a través de un intermediario chino, según él, digno de toda confianza, se ha enterado de que existe interés en reabrir una antigua mina de oro en Alaska. Me pregunta si estoy interesado en participar en la sociedad, me asegura que los chinos tienen un gran olfato para los negocios, dice que son como los antiguos judíos y que él ya ha invertido treinta mil dólares. Le contesto que no dudo de la capacidad de los chinos para los negocios pero que yo ahora mismo tengo una hipoteca y que a mi modesto entender eso está reñido con invertir en algo. Le digo también que mi interés en Alaska no va más allá de leer a mi admirado Jack London y sus maravillosas narraciones en aquel territorio blanco que tan bien retrató. Él me insiste en la viabilidad del proyecto, avalado por un importante geólogo y que con lo que gane liquidaré la hipoteca y se acabarán todos mis problemas. Le agradezco que se haya acordado de mí, pero le aseguro que ahora mismo no estoy interesado en invertir ni en minas de oro ni en criptomonedas y que lo único que de verdad deseo es una jubilación sin sobresaltos, poder dormir a pierna suelta y disfrutar con mi Banda de música. Me despido reiterándole mi gratitud y le deseo éxito en su aventura americana.

     Por lo que me cuenta, parece que ahora están en el proceso de obtener la licencia para la explotación de la obra. Que la administración norteamericana no ve con buenos ojos la presencia de China en territorio de Alaska y que en todo caso exige que tanto los ingenieros como el personal deben ser todos americanos, a cambio piden la supresión de aranceles para la exportación de automóviles americanos en China así como el 50% de la riqueza que obtengan de la mina y nuevos gestos hacia Taiwan. Me asegura que todo es geopolítica cuando dos potencias están enfrentadas y tienen que negociar. Lo entiendo perfectamente.

      A mí lo que me sorprende es la credulidad del personal ante proyectos de dudoso éxito. ¿Una mina de oro puede resultar rentable después de llevar cien años abandonada? Por qué los norteamericanos no lo han intentado  antes? Este Aizkorbe, tenía todos los aditamentos del más genuino argentino; era futbolero, pasional, siempre con su mate a todas horas, lector de Borges, pero al mismo tiempo una persona abierta a lo desconocido, aventurero, ácrata y según su confesión, ciudadano del mundo. Lo conocí en la empresa donde yo trabajaba, al año ya de cansó, pidió la cuenta y le perdí la pista. Cuando me lo encontré de nuevo, ya convertido en fotógrafo, lo que más deseaba era perderse por el mundo, no le hacía ascos a estar de un lado a otro. A pesar de nuestras diferencias el respeto era mutuo, de vez en cuando nos llamábamos; él decía que envidiaba mi estabilidad y el amor a la música. Yo, ante todo su libertad y su espíritu aventurero.

 

 

martes, 9 de junio de 2026

A vueltas con la cultura

 

     No me resulta fácil resumir en unas pocas líneas la experiencia de cuatro años en la Universidad para Mayores, a lo sumo decir que ahora soy algo menos ignorante que entonces.

     Yo fui un mal estudiante durante mis años de Bachillerato en Salamanca. Temía la hora de los exámenes, me bloqueaba. En COU me quedaron varias asignaturas, los estudios se me atragantaban y mi autoestima estaba por los suelos. Con veinte años me vine a Madrid al barrio de Vallecas, donde viví en una comuna durante varios años. Nosotros ya nos conocíamos, allí aprendí el valor de compartir, el respeto a los demás, el compromiso social, ellos fueron mi segunda familia. Empecé a trabajar y, aunque había sido un mal estudiante, siempre tuve en cuenta el amor a la cultura, al saber y al conocimiento, como el mejor método para alejarnos de la brutalidad y de la barbarie. Solucionar los conflictos con el uso de la fuerza no es una opción. Siempre se debe apostar por el diálogo y el uso de la razón. La brutalidad la hemos visto en Ucrania y recientemente en Gaza y en tantos otros lugares.

     Dos experiencias han marcado mi vida en los últimos años: hacer el Camino de Santiago y la Universidad. El primero lo hice hace cuatro años, unos días antes del comienzo en la Complutense. Caminar a lo largo de un mes es lo más parecido al camino de la vida. Aprendes de las dificultades, el sacrificio, el afán de superación, hay momentos en los que te preguntas  qué sentido tiene caminar día tras día, pero todo lo olvidé al llegar a Santiago. Fue mi particular viaje a Ítaca, siempre lo recordaré. Decir que esa experiencia me marcó me parece poco. Me faltaría espacio para describir aquí todo lo que aprendí en ese tiempo.

     Cruzarme en los pasillos de la universidad con chicos y chicas de veinte años me ha devuelto a mi época de estudiante, he sentido rejuvenecer. En estos momentos me gustaría hacer una mención a todos los profesores que he tenido a lo largo de mi formación, a los de antes y a los de ahora. De los de antes quiero tener un recuerdo para Juanito Gutiérrez, amigo de mi padre, a la sazón maestro republicano represaliado por el franquismo, el cual me dio clases particulares de Matemáticas durante las tardes de agosto de 1966 mientras mis amigos se iban a jugar al fútbol.  El álgebra y los polinomios no había manera de que me entraran en la cabeza. Me decía que más allá de las Matemáticas la misión del profesor y la del maestro tenía como fin educar para formar personas libres. Yo entonces no sabía lo que me quería decir. Ahora sí. Me acuerdo igualmente de mi abuelo materno, de profesión panadero, que debido a su curiosidad y las ganas de saber, con el tiempo fue también carpintero, electricista, apicultor y algún que otro oficio que ahora olvido. Todos los días leía la prensa. Y me acuerdo, por supuesto, de la profesora que me felicitó el primer año en clase por el trabajo que le había enviado. Yo, extrañado y confuso, lo primero que pensé era que se había equivocado de alumno.

     De mis compañeros diré que ninguno nos conocíamos al venir aquí, pero resulta que, sin saberlo, teníamos un pasado común porque fuimos testigos de la Transición, ese período tan ilusionante y convulso en la historia de nuestro país. Algunos, además de testigos, también fuimos sujetos activos, que coincidimos en manifestaciones, conocimos los métodos policiales y la cárcel. Teníamos alrededor de veinte años y anhelábamos un nuevo país, sin vencedores ni vencidos, un país con libertades, donde el acceso a la cultura no fuera un privilegio de unos pocos sino un derecho al alcance de todos. Los valores de nuestros padres ya no eran los nuestros.

     A todos los compañeros los tengo muy presentes al escribir estas líneas, de manera especial a Fernando y a Carmen, quienes de manera desinteresada nos han representado durante estos cuatro años. La Universidad Complutense me regaló momentos inolvidables junto a ellos: compartir tartas en la cafetería, las visitas a museos y a escuchar conferencias, las salidas en autocar para ver las Cuevas del Águila o a Pastrana…

     Para terminar, quiero repetir las palabras del himno universitario:” Viva la Academia, vivan los profesores”.

 

miércoles, 3 de junio de 2026

Un nuevo amor

 

     Hoy tengo otra vez consulta con mi doctora. No sé si inventarme cualquier excusa porque presiento que me hará preguntas incómodas, teniendo en cuenta que durante la última conversación que tuvimos por teléfono yo le comentaba mis dudas respecto de una relación sentimental que tenía con otra mujer cuarenta y tres años más joven que yo. Durante varios días estuve dándole vueltas al asunto, mis amigos envidiaban mi situación, pero una voz dentro de mí me decía que era conveniente conocer el punto de vista de una mujer en todo este proceso. Ellas tenían otra psicología diferente a la nuestra y ese fue el motivo de exponerle mis dudas, aunque a decir verdad, al principio me arrepentí.

     Mientras esperaba en la sala de espera noté mis manos sudorosas como un colegial en día de examen. Luego cuando entré en su despacho me saludó dándome la mano al tiempo que me obsequiaba con una sonrisa como siempre lo hacía. Mientras buscaba mi ficha le pregunté por su viaje a Zamora. Me contestó que fue debido a una herencia familiar y que ya estaba todo solucionado. Leyó unos momentos en mi ficha mientras yo me fijaba en sus voluminosas tetas.

     —Veamos, en la última conversación que tuvimos, me habló de que estaba en un mar de dudas respecto de una relación que mantenía con una mujer de veintinueve años. ¿Quiere que hablemos de esto?

       —Sí, ¿Por qué no? —respondí al instante, un tanto sorprendido.

     Ella adoptó una actitud favorecedora del diálogo dentro de unos márgenes de confianza mutua.

     —Sé que es un tema delicado pero me gustaría saber qué le impulsó a esa relación sabiendo la diferencia de edad entre ustedes.

     —Verá, yo soy una persona muy enamoradiza. Lo mío es amor a primera vista.

     —¿Qué le atrae de ella, puede describirla?

     —Todo. Su boca sensual, el pelo moreno, sus ojos verdes…

     —¿Tienen alguna afición en común?

     —A los dos nos encanta el mar.

     —¿Y ella qué ve en usted?

     —Dice que le aporto seguridad y equilibrio.

     —¿Ha tenido intimidad con ella? ¿Se han acostado?

     —Sí claro, estuvimos un fin de semana en el velero dando un paseo por la costa.

     —¿Lo sabe su mujer?

     —Sí, lo hablé el otro día con ella.

     —¿Y?

     —Ella quiere que la deje tranquila. Es que yo soy un sátiro, ¿comprende?

     —Si, ya me he dado cuenta. Ah, pues eso facilita mucho las cosas.

     —Usted cree?

     —Por supuesto. Cambiar las cosas para que todo siga igual ¿no es eso? Bueno y sus hijos ¿Qué dicen?

     —No me hablan. Presionan a su madre para que nos divorciemos pero yo no quiero.

     —A ver. ¿Quiere que le dé mi opinión?

     —Sí claro, por supuesto.

     —Yo creo que usted sufre de inestabilidad emocional. Pienso que tiene idealizado el amor. ¿De verdad se cree que esa persona no va a buscar a alguien más acorde con su edad cuando le vea a usted más arrugado que una pasa? Mi obligación no es decir lo que el cliente quiere escuchar sino abrirle los ojos a la realidad. Puede usted tomar la decisión que quiera pero tenga en cuenta que ella pertenece a una generación diferente a la suya.

    

 

 

    

   

jueves, 21 de mayo de 2026

Gaudeamus igitur

 

     El próximo 11 de junio tengo un evento en el Rectorado de la Universidad Complutense de Madrid. Es la fecha de mi graduación. Es un acto simbólico, ya lo sé, pero cargado de una significación muy especial para quienes hemos acudido a clase durante cuatro años en el ciclo de Humanidades que organiza la universidad para mayores. El mensaje que quiero transmitir es el que hay mucha vida por delante, una vez que se accede a la jubilación, es el deseo de seguir aprendiendo, del valor del acceso a la cultura, a la ciencia, con el fin de alejarnos de la brutalidad y de la ignorancia.

     Ese día me acordaré de Juanito Gutiérrez, amigo de mi padre, a la sazón maestro republicano depurado por el franquismo, que me dio clases particulares de Matemáticas todas las tardes en verano mientras mis amigos se iban a jugar al fútbol. Me acordaré de los suspensos que tuve al finalizar COU en 1971, el primer año que se implantó y de todos los profesores que he tenido a lo largo de mi formación, en especial de los que he aprendido a lo largo de estos cuatro años en la universidad. Me acordaré de la profesora que me felicitó en clase por el trabajo que le había enviado. Estaremos de acuerdo en que graduarse uno con setenta y dos años es algo para celebrar. ¡¡Y aún hay gente mayor que yo!!

     Por supuesto me acordaré también del otro gran evento que tuve nada más jubilarme: hacer el Camino de Santiago desde Roncesvalles; casi ochocientos kilómetros hasta llegar a Santiago con la mochila a cuestas, durmiendo cada noche en una cama diferente a lo largo de un mes. Pasar por el pueblo de mi madre, ya fallecida, Puente la Reina, me llenó de emoción. Durante un mes disfruté caminando, saboreé cada gesto, cada detalle, aprendí el valor de la compañía, del esfuerzo, di las gracias a los sanitarios que me atendieron fuera ya de su jornada laboral cuando al finalizar una etapa llegué con calambres y casi sin poder moverme. Aquel matrimonio ya mayor, que regentaba un albergue en Galicia una tarde de lluvia, después de la cena nos contaron historias de peregrinos perdidos en la nieve que yo escuchaba con atención…

     La vida nos proporciona inolvidables momentos si uno aprende a valorarlos. Uno de ellos es el ser un jubilado activo, atento a cada sorpresa, al saber escuchar, al silencio.

     Gaudeamus igitur es el himno universitario por excelencia. Es un canto al disfrute de la juventud y a la celebración del conocimiento.

jueves, 14 de mayo de 2026

La profesora de Biología

 

     Siempre he sido un soñador, un ser fantasioso con imaginación pero a la vez tímido y reservado hasta el extremo. Siendo adolescente mi mayor deseo era pasar inadvertido pero claro, había ocasiones, pongamos que en clase, en los que a veces era interpelado por el profesor de turno y eso me hacía enrojecer hasta la raíz del cabello. Sentirme el centro de atención era mi mayor suplicio. Estamos en 1972. En el claustro de profesores del instituto donde yo estudiaba había una persona que llamaba poderosamente la atención: era la profesora de Biología. Era joven y guapa, tenía buen tipo, unas piernas perfectas y siempre iba con falda, ni qué decir que la  mayoría estábamos enamorados de ella. Todos nos peleábamos por sentarnos frente a la mesa del profesor para ver ese cruce de piernas que nos hacía enloquecer. Lo de “Instinto básico” vino muchos años después. No recuerdo su nombre pero estábamos locos por ella. Por aquella época yo tenía dieciocho años, estaba en la flor de la vida pero mis complejos seguían y me mortificaban sin que pudiera evitarlo.

     Resulta que hacia la mitad de curso hicimos un examen y me suspendió. Yo estaba convencido de que lo había hecho bien, suficiente como para aprobar, así que pedí que me lo enseñara y lo corrigiera de nuevo. Nada más entrar en su despacho me recibió con una sonrisa mientras buscaba entre sus papeles, después dijo que tomara asiento frente a ella. Sentado, observé cómo tomaba entre sus manos mi examen, el cual estaba lleno de tachaduras y frases que había escrito la profesora con bolígrafo rojo.

     —Vamos a ver —me dijo enseñando mi examen. Confundes los coleópteros con los ortópteros, no sabes diferenciar un ecosistema atlántico de otro mediterráneo, por no hablar de las faltas de ortografía. ¿Y encima quieres hacerme ver que he sido injusta contigo? Ten por seguro que en la universidad viendo esas faltas ni siquiera se hubieran molestado en leer el examen.

     Conforme me iba hablando yo notaba que ese pedestal en el que la tenía a ella se iba desmoronando poco a poco. Mis sueños se estaban convirtiendo en una pesadilla, hasta su voz, antes dulce y armoniosa, me sonaba ahora áspera e irritable.

      —Bueno, pero el resto está bien ¿no?

     —¿Tú crees que te puedo aprobar? Has escrito mucho pero sin profundizar en lo que yo quería. Se trataba de ver la evolución, de cómo las especies se han ido adaptando al medio a través de una evolución de millones de años —Luego se levantó de la silla y situándose a mi lado me dijo que repasara bien todos esos conceptos porque estaba segura de que podía  hacerlo mejor.

     —Participas en clase y eso para mí es importante —me dijo yo creo que con el fin de evitar mi decepción.

     —Por cierto, te pareces al protagonista de la película que vi ayer.

     —¿Qué película? —balbuceé.

     —Muerte en Venecia. Habla sobre la belleza y su contrapunto, la decadencia.

       Las últimas frases apenas las escuché. La visita resultó un fiasco para mí. Cuando ya estaba a punto de alcanzar la puerta me dijo volviéndose.

      —Ah y una última cosa, le dices al gracioso que escribe groserías en la pizarra que la próxima vez le mando al Jefe de Estudios.

    

lunes, 11 de mayo de 2026

Música y memoria

 

     Hablo desde la cercanía y desde la humildad. Existen personas que estamos conectadas a la música (que no a su industria) desde su propia base. No formamos parte del entramado de los grandes eventos, aquellos que llenan grandes estadios de fútbol con personas que hacen cola durmiendo en la calle para conseguir una entrada, y que necesitan sesenta tráilers para transportar todo el material que se necesita para el montaje del macroescenario. Las Bandas ponemos música en las calles y plazas de nuestros barrios a disposición de quien quiera escucharnos, hacemos un esfuerzo para que nuestros hijos e hijas se formen musicalmente, fomentamos la cultura con las herramientas que disponemos, desde la cercanía, el compromiso y la solidaridad. La música es también nuestro medio de expresión, nuestro altavoz para decir quiénes somos y para llevar un mensaje de esperanza para aquellos que lo necesitan. Además, soy de los que piensan que los músicos somos unos privilegiados, puesto que la música es la más universal de las artes, la más cercana, la que es capaz de emocionarnos, la que rompe fronteras para unir a los pueblos, porque la música no nació para ser motivo de separación o confrontación sino como expresión de un pueblo y servir de puente entre culturas diversas. Decía el músico y poeta canadiense Leonard Cohen en una de sus canciones (El partisano), que las fronteras eran su cárcel. Por cierto, recomiendo ver en Youtube el discurso improvisado que pronunció después de recibir el premio Príncipe de Asturias hace ya unos años. Yo le he visto varias veces.  Es para enmarcar.

     Y es que nuestro propio cuerpo conecta con la música a través del latido cardíaco que es nuestro metrónomo, ya sabéis, ese aparato que emite una señal acústica para indicarnos la velocidad del compás. Cuando estamos en modo reposo o dormidos nuestro latido es lento, es un adagio. Pero cuando hacemos ejercicio, vamos a entrar a un examen o tenemos que hablar en público, ese latido se nos acelera y se convierte en un presto o en un vivace. En definitiva, amigos, llevamos la música incorporada de serie. ¿Quién no ha experimentado el recuerdo de una persona al escuchar tal o cual canción? ¿O de nosotros mismos cuando éramos más jóvenes? Mi padre falleció hace veintiocho años, todos los días tengo un recuerdo para él, sobre todo cuando escucho el pasodoble titulado “Chiclanera”, popularizado en 1936. Mi padre lo cantaba en los cafés y tabernas en las ciudades y pueblos situados en el frente de guerra. La música es también memoria porque nos conecta con personas, aunque físicamente ya no estén.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Una llamada inoportuna

 

       Si hay algo que me exaspera cuando estoy en casa son las llamadas de teléfono para venderme cosas: una rebaja en la póliza de seguro sea cual sea el que tenga, el Banco que me ofrece un crédito de veinte mil euros por mi depósito en este momento, la ONG para hacerme socio, las empresas que me ofrecen teleasistencia… Entiendo que el nuevo marketing consiste en no esperar al cliente, hay que ir a por él y abordarle. Bueno, pues me llama por teléfono mi psicóloga para decirme que no estará en la próxima sesión, que le ha surgido un asunto familiar en Zamora y que no puede faltar. Aprovecha la ocasión para preguntarme si todo va bien y le contesto que bueno, que estoy en un mar de dudas.

     —¿Qué tipo de dudas? Explíquese.

     —Pues resulta que he conocido a una mujer que me gusta, pero no sé si ella está conmigo porque de verdad me quiere o por interés.

     —¿Interés de qué tipo?

     —Interés económico, naturalmente.    

     —Ah, pero es usted es rico? —me pregunta como muy sorprendida.

     —Hombre rico, lo que se dice rico, pues no. Tengo acciones, casa en la playa, un velero, y algunas otras propiedades.

     Ella parece que duda, mi impresión es que no sabe por dónde tirar. Yo creo que lamenta haberme dado pie al preguntarme si va todo bien.  Yo reconozco que he ido a saco, que tal vez no era el mejor momento para plantearlo pero ya está hecho y no sirve para nada lamentarse. Lo única impresión que dejo es que parezco un ser pusilánime lleno de dudas.

     —¿Le importa que hablemos de este asunto a mi vuelta de Zamora? Tal vez ahora no sea el momento más adecuado para tomar una decisión. Además, ¿ha hablado de esto con su mujer?

     —Por supuesto que no. Creí que usted era la persona adecuada para hablar de esto.

     —Yo le puedo dar mi opinión, pero ese asunto es más apropiado de un consultorio sentimental ¿no le parece?

     Le digo que para mí ella es mi consultora en todos los sentidos, incluido el sentimental. Se produce un silencio incómodo. Creo que ella duda de que un gañán como yo sea capaz de enamorar a alguien, si le estoy tomando el pelo, si estoy como una cabra contándole milongas o todo junto a la vez.

     —Mire, para serle sincera prefiero tratar este asunto en una próxima sesión si usted no tiene inconveniente. Por cierto, una pregunta ¿Qué edad tiene esa mujer si se puede saber?

     —Veintinueve años.

     —Es española?

     —Me ha dicho una pregunta.

     —Está bien, otra más. ¿Es española?

     —Y eso ¿qué tiene que ver?

     La imagino echando cálculos, una mujer de veintinueve años, con un tipo de setenta y dos. Hum, déjeme pensar, algo no cuadra.

     —Está bien, sea española o no quiero darle mi enhorabuena. Pero en mi opinión la pregunta es otra ¿Se va usted a separar o divorciar de su mujer? Es una decisión que sólo usted debe tomar. Qué decisiones tomar en la vida es algo que no se enseña en la universidad.

martes, 5 de mayo de 2026

El tiro de gracia no admite curiosos

 

     Adrián lleva dos años trabajando de informático en una multinacional en el sureste asiático, concretamente en Singapur. Casi todas las noches se conecta y habla con su familia residente en Madrid para comentar las pequeñas cosas del día a día y para preguntarles cuándo se van a animar a hacerle una visita. Uno de esos días le comunican el fallecimiento de su abuelo Julio de 96 años, que ya llevaba unos días en el hospital. Adrián se queda muy impactado con la noticia, pues siempre había estado muy unido a su abuelo, le dicen también que ha dejado una carta que por expreso deseo solo él estaba autorizado a abrirla.

     Con profundo pesar Adrián recuerda los paseos con su abuelo en los años noventa desde Moncloa donde vivían, en el parque del Retiro viendo los títeres de guiñol, visitando la ciudad universitaria en la que le comentaba las diferentes facultades que se encontraban o montado en el funicular desde Moncloa a la Casa de Campo. Recuerda también la fiesta familiar que le organizaron con motivo de su cumpleaños, él sentado en un sillón rodeado du sus nietos y biznietos con una copa de cava en la mano. Sabe que no llegará al funeral pero al día siguiente comunica a su empresa el deseo de coger una semana a cuenta de sus vacaciones. Le tiene intrigado el contenido de esa carta que solo él está autorizado a leer. Cuando llega a su casa toda la familia está reunida, pero después de los abrazos no llegan los momentos de celebraciones por el reencuentro como sucedía otras veces. Instantes después el padre le hace entrega de la carta que lee en silencio en medio de la expectación. Decía así:

     Mi querido nieto Adrián. Hay un silencio que me ha pesado toda la vida. ¿Recuerdas aquella curva junto a la carretera de la ciudad universitaria donde yo me detenía unos momentos? Tú me preguntabas que por qué me paraba. Te lo explico. Siendo yo niño y acabada la guerra, un domingo por la tarde  de 1940 allí fusilaron a dos hombres. Yo jugaba con mis amigos  y lo vimos todo agachados desde una colina cercana. Esa noche lo comenté en casa pero me dijeron que aquello no lo hablara con nadie. Después del tiro de gracia allí mismo hicieron una fosa y los enterraron. Tú eres el primero en saberlo. Mi deseo es que contactes con la institución que se dedica a exhumar esos restos. Hay unas piedras que hace poco yo coloqué en ese lugar. No sé lo que hicieron esos pobres hombres pero tendrán algún pariente que se pregunte dónde están. Sé que puedo contar contigo y así de esta manera yo pueda descansar en paz.

     Tu abuelo que te quiere,

     Julio

     Una vez que leyó la carta la fue pasando de mano en mano.

     El padre de Adrián le preguntó si recordaba el lugar.

     —Sí, lo recuerdo, está junto a la Facultad de Geografía e Historia. Siempre se paraba en el mismo lugar, yo creo que para rezar una oración.

     Una vez confirmada la ubicación exacta, el siguiente paso fue contactar con la asociación Aranzadi. Un médico forense de la asociación le preguntó a Adrián si estaba seguro de que los fusilamientos fueran por la tarde.

     —Los fusilamientos siempre eran al alba. ¿Que por qué? No querían que hubiera curiosos contemplando el tiro de gracia.

 

    

viernes, 1 de mayo de 2026

Algunas frases y párrafos memorables

 

     —“Se creen que el colegio es una correccional —dijo Pitaluga—. En el Perú todo se hace a medias y por eso todo se malea. Los soldados que llegan al cuartel son sucios, piojosos, ladrones. Pero a punta de palos se civilizan. Un año de cuartel y del indio solo quedan las cerdas. A la mitad  los mandan sus padres para que no sean bandoleros y, a la otra mitad, para que no sean maricas”.

     Vargas Llosa (La ciudad y los perros)

 

     “En la pareja el conflicto surge de la intimidad desgastada que se convierte en enemistad permanente”.

    

      Álvaro Pombo (Santander 1936)

 

    

“Los libros son las flores de este mundo, pero muy pocos lo saben”.

 

     Rafael Narbona (Maestros de la felicidad)

 

     “Es preferible un Sócrates enfermo que un cerdo satisfecho”.

 

     Stuart Mill

 

      —“Mira Sancho, no te digo yo que me parece mal un refrán traído a propósito; pero ensartar refranes a trote y moche hace la plática desmayada y baja”.

 

     Miguel de Cervantes (El Quijote)

 

     Benítez caminaba detrás del alcalde, arrancándose hilos de las deshilachadas bocamangas del uniforme. En el cielo raso y hondo, una estrella fugaz irrumpió en la armonía de las constelaciones. El alcalde taconeaba su vara con pompa y su mirada al frente avisaba al pueblo que respondía a la llamada del deber.

     —Benítez —Llamó.

     —Señor alcalde.

     —De aquí en adelante habrá que proveer un sistema de multas más duras para los que hagan aguas en las rinconadas.

     —Sí, señor alcalde.

     —Al primero que los pesques al arrimo de una pared, lo zurces.

     —Sí, señor alcalde.

     —Si es un borracho, mejor que mejor. Le arrimas castaña a las orejas.¿ Entendido?

     —Sí, señor alcalde. ¿Y si es un niño?

     —Un capón bien dado.

     —¿Y si es un viejo, señor alcalde?

     —No me pongas pegas Benítez.

 

        Ignacio Aldecoa (Cuentos completos)

viernes, 24 de abril de 2026

Un plato del Titanic*

 

     Soy aficionado a hacer senderismo en alta montaña. Cierto día del mes de diciembre de hace muchos años me reuní con tres amigos que estudiaban conmigo Ciencias de la Información para hacer una ruta en los Pirineos. Las previsiones garantizaban una mañana sin contratiempos, lo cual nos dejó hacer una buena marcha hasta donde nos lo permitió la espesa niebla que ya empezaba a cubrir la cima de la montaña. Por suerte encontramos un refugio cerca de allí con abundante leña y algo de comida enlatada que nos proporcionaron calor y cobijo durante el tiempo que necesitáramos. Encendimos la chimenea y pusimos a secar la ropa algo empapada que traíamos. Poco después la niebla se disipó y cuando estábamos a punto de salir unos copos de nieve hicieron acto de presencia, al principio débiles, pero después poco a poco fueron tomando fuerza. Eran algo más de las cinco de la tarde y el cielo se ennegreció rápidamente. Estuvimos debatiendo y decidimos que lo más práctico era hacer noche allí puesto que disponíamos sacos de dormir y además el coche lo habíamos dejado a unas dos horas de camino. Nos pusimos también de acuerdo en que consumiéramos la comida que llevábamos en nuestras mochilas y dejar la comida que allí había para quien de verdad la necesitara.

     Después de cenar estuvimos jugando a las cartas y cuando ya nos cansamos alguien propuso que quien supiera de alguna historia original digna de ser contada la pusiera en común delante de los demás. Yo aproveché para salir un momento del refugio pero segundos después tuve que cerrar la puerta debido a la ventisca que a esa hora estaba azotando la zona. La conversación había derivado en torno a las series de televisión que en esos momentos tenían más éxito. Decidí que había llegado el momento de comunicar algo que llevaba en mi interior.

     —Creo que yo tengo una historia que a lo mejor os apetece escuchar —dije de pronto y enseguida todos callaron.

     —El año 1952 mi abuelo materno hizo un viaje a Bilbao con el fin de acompañar a su hija que debía embarcar allí rumbo a Argentina. Una vez que se despidieron, mi abuelo se dedicó a visitar la ciudad hasta la salida del autobús que le traería de vuelta a Pamplona. Cuando se cansó de andar y de recorrer las calles más emblemáticas de la ciudad, se sentó en un banco junto a la ría, triste y pesaroso pensando en su hija que acababa de zarpar. Observando la ría, un objeto le llamó poderosamente la atención; un objeto brillante debido al sol destacaba sobre el agua sin llegar a hundirse. Al principio pensó que se trataba de un plástico de forma redondeada pero no lo era. Siguió observando, estaba subiendo la marea, un agua parduzca, casi negra, impregnaba la ría. Como el objeto seguía flotando mi abuelo quiso cerciorarse para ver de qué se trataba. Cogió la pequeña rama de un árbol que estaba en el suelo y bajó despacio las escaleras cuidando de no resbalarse y caer al agua que en esos momentos era de pleamar. Cuando lo tuvo cerca no se lo podía creer, se trataba de un plato de cerámica pero le llamó la atención la inscripción en el centro que ponía “White Star Line” junto a una bandera de fondo rojo ondeando al viento. Estuvo dudando si cogerlo o no, al final, curioso por la inscripción del plato se hizo con él, lo metió en una bolsa de plástico que luego vio en la calle y se fue a la estación de autobuses para su vuelta a Pamplona.

     <<Mi abuelo era de profesión panadero pero era un hombre de mil facetas debido a su curiosidad. Fue también carpintero, electricista, soldador, hortelano, apicultor… Era un hombre culto, todos los días recibía el Diario Vasco que un amigo suyo que trabajaba en prensa le enviaba desde San Sebastián. En 1953 se suscribió a la revista norteamericana Reader`s Digest que a partir del año anterior se editaba también en español. Era una revista familiar de información general. En uno de los primeros ejemplares que recibió hablaba en un amplio reportaje, acerca del hundimiento en las gélidas aguas del Atlántico en 1912 del Titanic mientras se dirigía a Nueva York. En aquel extenso artículo no solo hablaba del transatlántico, sino también de la compañía naviera White Star Line, fundada en 1870 y propietaria del Titanic y de su buque gemelo Britannic, torpedeado por los alemanes en la primera guerra mundial. Cuando mi abuelo leyó esto tuvo un pálpito, recordaba vagamente el nombre de la compañía e inmediatamente subió al desván en busca del plato para confirmar su autenticidad.

     Observé a mis acompañantes mientras hablaba. En sus miradas percibí interés, apenas pestañeaban. Hice una pausa deliberada para poner en orden mis ideas, un relato que en mi casa se había repetido decenas de veces y que mis hermanas y yo nos sabíamos de memoria. Bebí un vaso de agua y proseguí.

     <<Meses más tarde mis abuelos recibieron una invitación de boda. Se casaba la hija de su jefe, propietario de la central eléctrica de la que mi abuelo era el encargado. Antiguamente no era frecuente regalar dinero a los novios sino más bien artículos de menaje como juegos de tazas de café, cubertería de plata, artículos religiosos, toallas, sobrecamas, etc. Mis abuelos estaban azorados porque se trataba de gente de otra clase social y no sabían qué regalar. Como no tenían dinero ni nada apropiado que regalar mi abuelo decidió que tal vez el plato fuera un regalo lo suficientemente  valioso y reconocido.  Él mismo fabricó un estuche de madera y el día de la boda les dijo a los novios, no sin cierta timidez, que el objeto que había dentro había hecho un viaje de unos seis mil kilómetros por mar a lo largo de cuarenta años y que posiblemente se tratara de un objeto de gran valor.

     Cuando terminé el relato mis amigos se quedaron en silencio. Luego, cuando se repusieron de la sorpresa, uno de ellos exclamó.

     —No jodas que lo regalaron.

     Yo asentí con la cabeza sin decir una palabra.

    

 

*A la memoria de mis abuelos Dionisio y Salus. In memoriam.

martes, 14 de abril de 2026

Impacto frontal

 

      Estamos en el año 2053 y China es la nueva potencia mundial. EEUU le sigue de cerca pero sabe que ha perdido la hegemonía. El objetivo para ambos países es llegar el primero a Marte como antes lo fue la carrera hacia la Luna entre EEUU y la Unión Soviética. Ha habido varios intentos pero todos han fracasado. Alcanzar Marte es un reto mayúsculo por los muchos problemas que plantea: en primer lugar la distancia, la duración del viaje se calcula en unos ocho o nueve meses, a eso hay que añadir la búsqueda y selección de tripulantes, para un viaje de semejante duración es necesaria una fortaleza mental que no todos poseen, añádase el combustible necesario, los peligros de la radiación, pero en un viaje en el que no se garantiza la vuelta con vida, no hay muchos candidatos que estén dispuestos. Ser los primeros en llegar a Marte supondría la consagración de superpotencia mundial, de momento se busca el efecto propagandístico más que otra cosa. Nadie habla de momento en instalar bases permanentes allí, es demasiado prematuro. Hay otros países emergentes como India, y Brasil pero ninguno puede competir frente a los dos colosos. Indonesia con más de trescientos millones es otro país a tener en cuenta. Rusia se ha quedado aislada abandonada por sus antiguos aliados. Además, instituciones como la ONU hace tiempo que son residuales porque carecen de fuerza, no de legitimidad, para llevar a cabo sus resoluciones. Los países que cuentan con tecnología para conseguir la bomba atómica cada día son más pero ni China ni EEUU están dispuestos a que haya más armas atómicas. China lleva más de cincuenta años presente en África, al principio tímidamente, muchas de las materias primas de las que carece como el oro, níquel, cobalto, etcétera, las obtiene de allí. Oriente Medio sigue siendo una zona convulsa y cada cierto tiempo surgen guerras sin que pongan remedio a la situación.

     El acceso al agua se ha convertido en un grave problema, surgen guerras por su control así como por el agotamiento de los recursos naturales que antes se creían ilimitados. Es en este momento es cuando la comunidad científica alza la voz de alarma: Un gran asteroide de más de diez kilómetros viene derecho contra la Tierra y apenas hay tiempo para impedirlo. La comunidad internacional pensaba que el verdadero peligro estaba en el sistema de comunicaciones por satélite por culpa de alguna llamarada solar que las inutilizara, pero han desatendido todo lo que viaja sin control por el espacio.

     Los científicos de las grandes potencias con tecnología suficiente se reúnen con el fin de alcanzar un acuerdo para salvar a la humanidad, de momento se estudia su trayectoria para intentar estudiar dónde sería su hipotético impacto y si habría algún arma capaz de destruirlo. Sería preferible que el asteroide cayera en el mar pero el maremoto sería gigantesco y se perdería su análisis y la riqueza que contiene: millones de toneladas de hierro, cadmio, oro, silicio, azufre y otros materiales.

     Las potencias admiten que no hay tiempo para desarrollar un arma capaz de destruir el asteroide que nos amenaza. Finalmente el impacto se produce en el interior de Australia. A consecuencia del choque los científicos aseguran que el eje de la tierra ya no apunta a la estrella Polar y que nuestro planeta ha variado la órbita a la espera de que gravite hacia otra estrella. ¿Cuánto puede durar esto? Tal vez cientos de años. Los gobiernos tratan de ocultar estos datos con el fin de que no aparezca el pánico entre la población. La Tierra se va alejando poco a poco del Sol para adentrarse en el cielo profundo. Al cabo de los meses la horas de luz se van reduciendo paulatinamente. Salir de noche se convierte en un riesgo que mucha gente prefiere no correr. Frente a la llamada a la calma de las autoridades, las redes sociales anuncian el drama que se avecina. La productividad empieza a caer, el absentismo laboral aumenta, los impagados se multiplican, los asaltos a comercios cada vez son más y la policía y parte del Ejército se ven obligados a vigilar los grandes centros comerciales, así como gasolineras, embajadas y centros de comunicaciones. Vuelven los adeptos a la religión, las iglesias van recuperando feligreses, algunos dicen que la soberbia del ser humano ha sido castigada con un cataclismo de dimensiones bíblicas. Cada vez son más los ciudadanos que tienen un arma en casa, ya nada es seguro. La gente comienza a huir de las ciudades hacia entornos menos hostiles donde pueda proteger a los suyos.

El mundo distópico ya está aquí. Lo único que cuenta es la propia supervivencia.