lunes, 2 de marzo de 2026

La suerte, el muérdago y otras historias sabrosas

 

     Aunque hayas oído mil veces todo eso de que la suerte no existe, que todo está ya predeterminado, que desde el momento en que nacemos somos peones de un ser superior, etcétera, yo creo que tanto el azar como la buena suerte, a todos, de una manera u otra, nos visitan a lo largo de nuestra vida. Cualquier aficionado a la botánica nos dirá que existen plantas beneficiosas para el ser humano como por ejemplo el bambú, la planta de jade, el romero, las orquídeas… pero si existe una planta que según la cultura popular tiene beneficios para el ser humano, esa es el muérdago. Es una planta parasitaria que crece en algunos árboles, como el pino o el roble. Se cree que para los antiguos celtas y druidas el muérdago era una planta sagrada y mágica que curaba enfermedades y protegía  contra espíritus malignos, también como amuleto se colocaban sobre la cuna de los recién nacidos a modo de protección. El muérdago que crecía en el roble era el más poderoso. Existen creencias según las cuales besarse debajo de la planta de muérdago da buena suerte a la pareja. También el comic se ha hecho eco de estos relatos a través de Astérix y sobre todo del druida Panoramix encargado de la poción mágica. Recuerdo que en una ocasión fuimos al campo a hacer un recorrido por la naturaleza y el guía nos preguntó si alguien sabía qué planta era la que estaba colgando de un árbol (se notaba que todos éramos urbanitas). Fue la primera vez que vi el muérdago.

     Hasta hace muy poco tiempo mis amigos y yo comprábamos muérdago para ponerlo cada año encima de la puerta de entrada de casa a modo de protección y de buena suerte. Nos juntábamos los últimos días del año para quemar el muérdago de ese año y renovarlo con otro que habíamos comprado, pero a raíz de un hallazgo arqueológico que se produjo en 2021 he cambiado de hábitos en cuanto a la forma. Ese año, en unas excavaciones arqueológicas realizadas cerca de Pamplona apareció una mano de bronce que los técnicos dataron del siglo I a.C. durante las llamadas guerras sertorianas (83-72 a.C.), donde el general Sertorio desafió al poder de Roma. En ese antiguo poblado vascón se encontró una mano de bronce con varias inscripciones, la única que hasta el momento se ha descifrado es “zorioneku”, que traducido del protoeuskera se puede interpretar como “buena suerte”.

      Sertorio trajo en jaque al ejército de Roma durante diez años. La ciudad de Calahorra se hizo célebre pues se decía que sus habitantes habían recurrido al canibalismo antes que rendirse a las tropas de Pompeyo, su enemigo. De él quedan las palabras que Plutarco le dedicó: Sertorio, del cual se hallará haber sido más contenido que Filipo en el trato con las mujeres, más fiel que Antígono con sus amigos y más humano que Aníbal con los contrarios.

     A partir de entonces cambié el muérdago por la mano de Irulegi que ahora luce en la puerta de entrada de mi casa.

    

    

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