Ayer tuve una
experiencia novedosa y gratificante en la Universidad Complutense de Madrid en
la que estoy matriculado como alumno de mayores en el ciclo de Humanidades. En
este segundo cuatrimestre tenemos una asignatura titulada “Músicas del
Mundo”, en el que se hace un repaso de casi todas las manifestaciones
musicales a lo largo de los cinco continentes (instrumentos, ritmos, sonoridad,
vestuario, etcétera). Tras hablar con Marina, la profesora, acordamos en que
traería una tarde la tuba para poder explicar brevemente la historia de ese
instrumento, su función en la orquesta, conocer su sonido y realizar algún
ejercicio práctico. La verdad es que me sentí cómodo, vi a los compañeros
atentos a las explicaciones, yo creo que también curiosos por ver cómo me
desenvolvía, la de un alumno reconvertido durante quince minutos en profesor.
Empecé diciendo
que casi sin querer, el azar me llevó a la música puesto que en mi familia
nunca hubo tradición musical alguna. Ubicado delante de mis compañeros dije que
en realidad yo soy un ignorante, que por eso elegí la universidad, para saber y
aprender. Que únicamente en algunos campos del saber sé algunas cosas, por
ejemplo con la tuba, porque llevo treinta y siete años con ella y todavía sigo
aprendiendo. Luego añadí que mi primer profesor del instrumento fue un antiguo
componente de Los Pekenikes, que a la sazón tocaba la trompeta. La trompeta? —me
preguntaron—. Sí—respondí— puesto que la digitación es la misma en ambos instrumentos
aunque la sonoridad sea muy diferente.
Dije también que desde
1989 soy miembro de la Banda de Música de Vallecas y que hace nueve años recibió
un premio por los muchos años de trabajo y presencia en el barrio. Un premio
que yo mismo tuve el honor de recoger de manos de un político en el
Ayuntamiento de Madrid. Tras recibir el galardón tuve unas palabras de
agradecimiento a los anteriores directores y también hacia mis compañeros, para
añadir a continuación que nuestro escenario natural no son los grandes espacios
escénicos sino las calles y plazas de nuestro barrio.
Durante la
pandemia dimos un concierto en Robledo de Chavela, localidad próxima a Madrid,
versionado las canciones más conocidas de los Beatles. La NASA tiene allí el
Complejo de Comunicaciones de Espacio
Profundo. Como curiosidad diré que, poco antes de la actuación estuvimos
hablando con uno de los ingenieros del Complejo y nos comentó que en 2008 la
NASA había enviado al espacio el tema de John Lennon “Across the universe”. Nos
dijo que llegaría a la estrella Polar dentro de… ¡431 años luz!. Ya por último,
para terminar la exposición ante mis compañeros de la universidad, expliqué que
tocar un instrumento musical es un placer para quien lo ejecuta y también para
el público que lo oye, que tocar con otros músicos es altamente enriquecedor,
saber escuchar lo que hacen otros instrumentos, cuidar la afinación, el sonido,
hacer los matices, etcétera… Animé a mis compañeros a aprender a tocar algún
instrumento porque nunca es tarde para aprender. Les dije que la música es un
arte agradecido, que nos devuelve con creces el tiempo que hemos aprendido en
estudiar, así como la posibilidad de ensanchar nuestro ámbito de relaciones. Yo
mismo gracias a ella he tenido la oportunidad de viajar y conocer ciudades, en
este caso con la Orquesta Sinfónica Athanor de Rivas: Valencia, Sevilla,
Córdoba, Málaga, Toledo, Aveiro, Nápoles y Budapest.
Un último apunte
antes de terminar, a la gente que me lee quiero decirles una cosa: Por favor, déjenme
comentarios, prometo contestar.
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