Cuenta la leyenda que Howard Carter en el momento de descubrir
con una antorcha la tumba del faraón Tutankamon oyó que Lord Carnarvon —a la
sazón financiador del proyecto—le preguntaba nervioso, pero dígame, qué es lo
que ve, a lo que aquel respondió: cosas maravillosas. Algo parecido me ha
sucedido a mí después de observar el eclipse que hemos tenido la suerte de ver
en las llamadas zonas de totalidad de nuestro país. España se ha preparado
durante meses a la espera para ver un espectáculo que sobrepasa con mucho la expectación
que deparan unos Juegos Olímpicos o un Mundial de fútbol. Un espectáculo que,
con suerte, solo se ve una vez en la vida y no siempre, los otros eventos
deportivos son cada cuatro años. Dicen que medio millón de turistas se han
acercado a nuestro país para seguir en directo el fenómeno, al tiempo que se
han habilitado espacios públicos para poder seguir el eclipse; viajes
programados, reservas de hoteles con precios astronómicos en la franja de
totalidad, reportajes en prensa y televisión, etc. ¿Cabe un espectáculo con
mayor poder de atracción siendo además gratuito? La ciencia nos dice que tal
fenómeno es posible porque el Sol es cuatrocientas veces más grande que la
Luna, pero está cuatrocientas veces más alejado que ella. Sea como fuere la
sensación que proyecta en el ser humano es apabullante, uno se siente inerme
ante tanta belleza, el poder de la naturaleza en estado puro. La naturaleza nos
regala momentos únicos e inolvidables, también a los conspiranoicos, terraplanistas
y negacionistas de que el ser humano hubiera pisado la Luna. De ser cierto ¿se
imaginan cuánto tiempo habría tardado la URSS en denunciar ante el mundo
semejante farsa? Pero siempre aceptaron que EEUU les había ganado la partida.
Me he desplazado
con parte de mi familia para ver el evento más anunciado del año a un pequeño
pueblo de La Rioja, con la imponente mole del Moncayo y sus estribaciones a un
lado, acompañado de unos buenos amigos, que nos han tratado como si
estuviéramos en nuestra propia casa. Este blog es el de un contador de
historias, la de hoy es la más reciente, la que me ha emocionado hasta el
llanto. Imposible permanecer callado ante semejante espectáculo. En su día ya
imaginé un eclipse de sol en uno de mis relatos pero hoy he tenido la dicha de
verlo en directo, un recuerdo para el resto de mi vida.
La investigación y en último término, la
ciencia, hacen posible que semejante fenómeno se prevea con suficiente anticipación
y que ya nos anuncie con fecha y hora los próximos que van a venir. Solo la
ciencia nos salvará de la brutalidad y de la ignorancia.
Aunque el eclipse
es de Sol, nuestro satélite es la gran protagonista. Hoy las grandes potencias
han puesto sus ojos en la Luna, mañana, cuando la tecnología esté más
desarrollada, el objetivo seguramente será Marte. La razón, instalar bases
permanentes para los humanos con el fin de colonizar otro espacio relativamente
cercano, todo ello motivado, pienso yo, por la seria amenaza de que nuestro
propio planeta algún día colapse. El cambio climático, los arsenales nucleares
almacenados, la superpoblación, la falta de agua, la destrucción de
ecosistemas, la desertificación, las migraciones cada vez más masivas, las guerras
que se propagan y otras catástrofes, estarían detrás de los argumentos para que
ese futuro se hiciera realidad. Como el ser humano siempre se está preguntando
cosas debido a su innata curiosidad, la pregunta que me hago es si en un futuro
nacerá algún niño/a en nuestro satélite o en otros planetas habitados por el
ser humano.
La única envidia
que me da vivir allí es que las vistas de la Tierra deben ser maravillosas.