miércoles, 8 de abril de 2026

La melancolía, mi refugio emocional

 

     La melancolía clásica está hoy en desuso, entre otras cosas, porque la actual vida moderna exige inmediatez y productividad. En nuestra sociedad la pausa melancólica se percibe como una pérdida de tiempo, o bien como un desajuste emocional que es necesario corregir.

     A mí me gusta visitar los lugares en los que viví cuando era niño, porque  pienso que mis padres siendo aún jóvenes, allí fueron felices. Cuando voy a esos lugares reconozco el espacio, las casas, la escuela, la iglesia,  pero el paisaje ya no es el mismo, porque ahora todo lo veo desde la mirada de adulto. Por si quedara alguna duda, las casas en las que viví están hoy derruidas y en su lugar han construido otras nuevas, sin embargo, en mis recuerdos siguen todavía en pie, incluso a veces he soñado con ellas. Soy un firme defensor de la melancolía, es mi refugio emocional. Víctor Hugo la definió como el placer de la tristeza. Frente al presente de los algoritmos yo reivindico la melancolía, el recuerdo de los buenos momentos vividos. Me asusta pensar hasta dónde llegará la IA, la posibilidad del que en un futuro pueda componer una ópera, redactar un guion de cine o escribir una novela merecedora de un premio Nadal o Planeta. Llegados a ese punto me pregunto quién recogerá el premio.

     Y es que la era tecnológica en la que vivimos corre el riesgo de deshumanizarnos; lo veo todos los días cuando voy en el Metro, todo el mundo pegado a su móvil. Es la era de los “likes” y el “me gusta”. Paralelamente la industria de la música es capaz de llevar al estrellato a cantantes hasta hace poco desconocidos y llenar varias veces el “Bernabéu”.

     En 1999 surgió en Italia el movimiento “slow city”, municipios de menos de cincuenta mil habitantes que buscaban priorizar la calidad de vida, la sostenibilidad, la cultura local y la tranquilidad frente al ritmo frenético de las grandes ciudades, que resumido, consiste en un equilibrio entre modernidad y tradición. En su día algunas ciudades españolas se adhirieron a esta campaña: Lekeitio, Pals, Balmaseda, La Orotava, Morella, Munguía… Su objetivo era presentar una alternativa frente al consumo acelerado y una búsqueda de espacios humanos más integrados en el tiempo. Es necesario otro tipo de filosofía de vida, por eso en las grandes ciudades no cala ese mensaje. Frente al consumo desaforado, hoy más que nunca es necesario recuperar el slogan ecologista “pensar globalmente, actuar localmente”.

     Hace poco leí que la filosofía (esa asignatura hoy un tanto arrinconada),  nos sirve de preparación para la muerte. También el estoicismo nos prepara para ello a través de la fortaleza mental con el fin de superar adversidades. No es un asunto baladí. En la sociedad actual no nos atrevemos a nombrar a la muerte por su nombre, para referirnos a ella utilizamos otras expresiones como “nos ha dejado” o similares.

     Que conste que no defiendo el tiempo pasado como el ideal. Yo mismo era una persona llena de complejos, el tiempo me ha ayudado a superarlos, pero me gusta recordar los buenos momentos que dejamos atrás.

    

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