Dentro de unos
días me voy de vacaciones a mi tierra navarra para visitar a mi gente, a recordar
las raíces de donde procedo. No obstante, he de decir que me considero
ciudadano del mundo, a pesar de que he tenido la suerte de nacer en una de las comunidades
más prósperas, si no la que más, de nuestro país.
Desde hace muchos
años resido en Madrid, concretamente en Vallecas, uno de los barrios más
grandes de Europa. Como muchos otros lugares que conocemos, Vallecas también
sufre los problemas del paro, el difícil acceso a la vivienda, el empleo, la
precariedad y, a veces, la convivencia entre los autóctonos y las gentes
venidas de fuera. Nuestro barrio históricamente ha sido un barrio
reivindicativo, luchador, y bastión de la izquierda hasta no hace nada. Yo
conocí el chabolismo, las infraviviendas y las luchas de sus vecinos para conseguir
el asfaltado e iluminación de sus calles, las viviendas dignas, el consultorio
médico, las guarderías, parques, colegios, la ampliación del Metro, etc. Ahora
lucha por seguir manteniendo un sentimiento propio o caer en la homogeneización
de toda la periferia madrileña a favor de las políticas populistas que la
derecha está sembrando desde hace algunos años.
Vallecas siempre
ha tenido un importante y organizado tejido social capaz de movilizarse para
defender sus derechos cuando ha hecho falta. El estigma de barrio conflictivo
siempre ha estado presente azuzado por cierta prensa interesada en la división
de sus vecinos frente a los que han llegado después.
A pesar de que el
nombre de Vallecas surge de vez en cuando en la prensa, y no para bien, hace
unos pocos años nuestro barrio dio una gran lección al mundo cuando lo peor de
la pandemia del Covid. El colectivo Somos Tribu fue capaz de
movilizar a más de mil personas para la distribución y reparto de alimentos
para las personas más vulnerables y necesitadas. Esta iniciativa fue merecedora
de un premio de la Unión Europea y, aunque la noticia fue recogida en la prensa
y la televisión, rápidamente se olvidó y no tuvo el suficiente eco que la
iniciativa merecía.
Vallecas ha sido
el barrio de la solidaridad entre sus vecinos llegados desde todos los puntos de
la geografía española pero ahora el nuevo mantra es el de los españoles primero;
por cierto, muchos de los que vocean son
los que defraudan a Hacienda, tienen su residencia en Andorra y depositan su dinero en paraísos fiscales.