Hoy toca de nuevo
sesión con mi psicóloga. Emocionalmente me encuentro algo fatigado, mientras
espero mi turno en la sala de espera deseo que vengan las vacaciones e irme a
respirar otros aires menos contaminantes, olvidarme de los terribles incendios
que aparecen cada verano en nuestros montes, pero ya apenas quedan refugios
idílicos no masificados con acceso a una cala, y los que hay, son propiedad de
los multimillonarios con acceso también a una cala, pero privada. Yo me sé
algunos de esos refugios, no tienen cala privada ni falta que les hace, cada
verano los visito, parajes solitarios donde únicamente se oye a lo lejos el tenue
sonido de campanas de un convento apartado. Allí pienso, medito y cojo fuerzas
para las tareas que me esperan en septiembre a la vuelta de las vacaciones.
En esos
pensamientos estaba cuando una voz dulce me invitó a pasar a su despacho. Mi
psicóloga se llama Nekane, llevo como dos años con ella y siempre me recibe con
una sonrisa que yo agradezco, fruto de quien ya me conoce después de tantas
sesiones. Antes de comenzar la sesión me dice que dentro de unos días se va de
vacaciones y que a continuación me escucha con mucha atención lo que tenga que
decirle.
—Pues verá, he
solicitado esta sesión porque de un tiempo a esta parte de noche tengo pesadillas con una compañera con la que
yo trabajaba.
—¿Qué clase de
pesadillas? ¿Le amenaza?
—No, no. Sueño con
ella normal, en el lugar de trabajo.
—¿Por qué? ¿Era
una persona especial para usted?
—En cierto modo
sí. Pero lo que me extraña es que hace ya casi diez años que me jubilé y el
hecho de soñar con ella es algo recurrente que cada cierto tiempo vuelve.
Cuando hablo veo
que apunta cosas en el bloc que tiene sobre la mesa, no le gusta que le
interrumpa, siempre me dice siga, siga que yo le escucho, pero claro yo me
desconcentro y pierdo el hilo. Al final me callo y es ella la que habla.
—El problema es que
usted no ha cerrado la puerta.
—¿Cómo?
—Instintivamente me vuelvo para atrás y miro a la puerta. Como ve en mi cara el
desconcierto vuelve a la carga.
—Verá, en
psicología llamamos cerrar la puerta a terminar o a cancelar una etapa o una
relación existente entre dos personas. Si eso no se produce es normal que esa
relación aparezca en sueños. Yo le aconsejaría que hablara con ella y aclarara
esa situación. Verá cómo todo vuelve a su cauce y terminan esos sueños que yo
no llamaría pesadillas.
—Sí claro, eso es
muy fácil decirlo.
—¿No se atreve?
—¿Pretende que la
llame para decirle: Fulanita, estaba enamorado de ti y sueño a menudo contigo?
¿Se imagina el ridículo?
—¿Por qué? ¿Quiere
que la llame yo?
—No!!!
Los dos nos
quedamos en silencio. Imagino que ella está pensando que soy un machista
redomado, tal vez tenga razón pero su propuesta me parece algo descabellada.
Luego, para rebajar la tensión hablamos de cosas intrascendentes como el sitio
que hemos elegido para pasar las vacaciones y cosas así.
Me levanto y me
despido de dándole la mano. Ella me planta dos besos que me
dejan desconcertado.
—Páselo bien.
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