miércoles, 8 de julio de 2026

Por fin San Fermín

   

     Si el otro día hablé de Vallecas, el barrio donde resido, hoy quiero hablar de Pamplona, la ciudad donde nací. Estamos en plenos Sanfermines, una ciudad desbordada de turistas y de gente que viene a disfrutar de unas fiestas incomparables. Si cuando yo era chaval eran los anglosajones los turistas que más nos frecuentaban, ahora siguen viniendo gentes de cualquier parte del mundo pero la mayor diferencia es que ahora han sido sustituidos por el turismo nacional y también por los originarios de países sudamericanos. Se podrían enumerar una larga lista de razones para considerarla una fiesta sin igual: las dianas, los encierros, la comparsa de Gigantes y Cabezudos, el ambiente en las calles, la música de charangas, gaiteros y txistularis recorriendo la ciudad, la rica gastronomía, y así un largo etcétera. Todo eso y mucho más lo anunció Heminway al mundo cuando publicó The Sun Also Rises traducida como Fiesta hace añora cien años. Hay verdaderos devotos del mito norteamericano, hasta el punto de pagarse un dineral por la habitación del hotel “La Perla” donde él se hospedó durante sus visitas a Pamplona o el concurso de dobles donde la gente tiende a imitar el atuendo y fisonomía del famoso escritor.

     Mientras recorro las calles tomo el pulso a la fiesta y me dejo invadir por todo un conjunto de sensaciones. Antes de escribir, procuro ser un observador atento al mundo que me rodea, fijándome en los detalles, en reflejar las pinceladas de la realidad de lo que veo. Lo que más me llama la atención es la cantidad de basura que genera una ciudad completamente desbordada de visitantes. Rompo una lanza en favor del personal de limpieza y mantenimiento que día a día trabajan cuando el resto nos divertimos, para que Pamplona luzca un aspecto saludable para recibir a las gentes que nos visitan. Con toda seguridad puedo afirmar que la ciudad no resistiría ni un solo día de huelga de este colectivo. Me pregunto para cuándo un reconocimiento público a su labor, por ejemplo tirando ellos el cohete el 6 de julio.

     Hace algún tiempo leí que los Sanfermines era una fiesta que podía morir de éxito. La frase tiene una base real. Hay otras muchas ciudades que conocemos como Venecia, París, Roma, Palma, Barcelona, Málaga, Las Palmas, San Sebastián, que tienen un problema similar: la masificación y el turismo descontrolado. Ya se empiezan a oír voces de protesta pero como en todo, el problema reside en designar qué modelo de fiestas queremos. El otro gran debate que surge a comienzos de las fiestas es el futuro de los toros. ¿Es posible unos Sanfermines sin toros?

     Por lo visto, el impacto económico que dejan las fiestas en la ciudad es en torno a unos  240 millones de euros, un bocado demasiado apetitoso  como para querer cambiar de modelo, pero el reto ya está ahí. Las sensibilidades  cambian, los tiempos también.

No hay comentarios:

Publicar un comentario