Dentro de unos
días me voy de vacaciones a mi tierra navarra, a visitar a mi gente y a
recordar las raíces de donde procedo. No obstante lo anterior, he de decir que me
considero ciudadano del mundo, a pesar de que he tenido la suerte de nacer en
una de las comunidades más prósperas, si no la que más, de nuestro país.
Desde hace muchos
años resido en Madrid, concretamente en Vallecas, uno de los barrios más
grandes de Europa. Como muchos otros lugares que conocemos, Vallecas también
sufre los problemas del paro, el acceso a la vivienda, el empleo, la
precariedad y, a veces, la difícil convivencia entre los autóctonos y las
gentes venidas de fuera. Nuestro barrio históricamente ha sido un barrio
reivindicativo, luchador, y bastión de la izquierda hasta no hace nada. Yo
conocí el chabolismo, las infraviviendas y las luchas de sus vecinos para conseguir
el asfaltado e iluminación de sus calles, las viviendas dignas, el consultorio
médico, las guarderías, parques, colegios, la ampliación del Metro, etc. Ahora
lucha por seguir manteniendo un sentimiento propio o caer en la homogeneización
de toda la periferia madrileña a favor de las políticas populistas que la
derecha está sembrando desde hace algunos años.
Vallecas siempre
ha tenido un importante y organizado tejido social capaz de movilizarse para
defender sus derechos cuando ha hecho falta. El estigma de barrio conflictivo
siempre ha estado presente azuzado por cierta prensa interesada en la división
de sus vecinos frente a los que han llegado después.
A pesar de que el
nombre de Vallecas surge de vez en cuando en la prensa, y no para bien, hace
unos pocos años nuestro barrio dio una gran lección al mundo cuando lo peor de
la pandemia del Covid. El colectivo Somos Tribu Vallekas
fue capaz de movilizar a más de mil personas para la distribución y reparto de
alimentos para las personas más vulnerables y necesitadas, mientras otros jetas
sin escrúpulos se forraban con la venta de las mascarillas. Esta iniciativa fue
merecedora del premio Ciudadano Europeo 2020 del Parlamento Europeo y, aunque la noticia fue tímidamente
recogida en la prensa y la televisión, rápidamente se olvidó y no tuvo el
suficiente eco que la iniciativa merecía.
Vallecas ha sido
el barrio de la solidaridad entre sus vecinos llegados desde todos los puntos
de la geografía española pero ahora el nuevo mantra es el de los españoles
primero; por cierto, muchos de los que lo vocean son los que defraudan a
Hacienda, tienen su residencia en Andorra y depositan su dinero en paraísos
fiscales.
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