martes, 14 de abril de 2026

Impacto frontal

 

      Estamos en el año 2053 y China es la nueva potencia mundial. EEUU le sigue de cerca pero sabe que ha perdido la hegemonía. El objetivo para ambos países es llegar el primero a Marte como antes lo fue la carrera hacia la Luna entre EEUU y la Unión Soviética. Ha habido varios intentos pero todos han fracasado. Alcanzar Marte es un reto mayúsculo por los muchos problemas que plantea: en primer lugar la distancia, la duración del viaje se calcula en unos ocho o nueve meses, a eso hay que añadir la búsqueda y selección de tripulantes, para un viaje de semejante duración es necesaria una fortaleza mental que no todos poseen, añádase el combustible necesario, los peligros de la radiación, pero en un viaje en el que no se garantiza la vuelta con vida, no hay muchos candidatos que estén dispuestos. Ser los primeros en llegar a Marte supondría la consagración de superpotencia mundial, de momento se busca el efecto propagandístico más que otra cosa. Nadie habla de momento en instalar bases permanentes allí, es demasiado prematuro. Hay otros países emergentes como India, y Brasil pero ninguno puede competir frente a los dos colosos. Indonesia con más de trescientos millones es otro país a tener en cuenta. Rusia se ha quedado aislada abandonada por sus antiguos aliados. Además, instituciones como la ONU hace tiempo que son residuales porque carecen de fuerza, no de legitimidad, para llevar a cabo sus resoluciones. Los países que cuentan con tecnología para conseguir la bomba atómica cada día son más pero ni China ni EEUU están dispuestos a que haya más armas atómicas. China lleva más de cincuenta años presente en África, al principio tímidamente, muchas de las materias primas de las que carece como el oro, níquel, cobalto, etcétera, las obtiene de allí. Oriente Medio sigue siendo una zona convulsa y cada cierto tiempo surgen guerras sin que pongan remedio a la situación.

     El acceso al agua se ha convertido en un grave problema, surgen guerras por su control así como por el agotamiento de los recursos naturales que antes se creían ilimitados. Es en este momento es cuando la comunidad científica alza la voz de alarma: Un gran asteroide de más de diez kilómetros viene derecho contra la Tierra y apenas hay tiempo para impedirlo. La comunidad internacional pensaba que el verdadero peligro estaba en el sistema de comunicaciones por satélite por culpa de alguna llamarada solar que las inutilizara, pero han desatendido todo lo que viaja sin control por el espacio.

     Los científicos de las grandes potencias con tecnología suficiente se reúnen con el fin de alcanzar un acuerdo para salvar a la humanidad, de momento se estudia su trayectoria para intentar estudiar dónde sería su hipotético impacto y si habría algún arma capaz de destruirlo. Sería preferible que el asteroide cayera en el mar pero el maremoto sería gigantesco y se perdería su análisis y la riqueza que contiene: millones de toneladas de hierro, cadmio, oro, silicio, azufre y otros materiales.

     Las potencias admiten que no hay tiempo para desarrollar un arma capaz de destruir el asteroide que nos amenaza. Finalmente el impacto se produce en el interior de Australia. A consecuencia del choque los científicos aseguran que el eje de la tierra ya no apunta a la estrella Polar y que nuestro planeta ha variado la órbita a la espera de que gravite hacia otra estrella. ¿Cuánto puede durar esto? Tal vez cientos de años. Los gobiernos tratan de ocultar estos datos con el fin de que no aparezca el pánico entre la población. La Tierra se va alejando poco a poco del Sol para adentrarse en el cielo profundo. Al cabo de los meses la horas de luz se van reduciendo paulatinamente. Salir de noche se convierte en un riesgo que mucha gente prefiere no correr. Frente a la llamada a la calma de las autoridades, las redes sociales anuncian el drama que se avecina. La productividad empieza a caer, el absentismo laboral aumenta, los impagados se multiplican, los asaltos a comercios cada vez son más y la policía y parte del Ejército se ven obligados a vigilar los grandes centros comerciales, así como gasolineras, embajadas y centros de comunicaciones. Vuelven los adeptos a la religión, las iglesias van recuperando feligreses, algunos dicen que la soberbia del ser humano ha sido castigada con un cataclismo de dimensiones bíblicas. Cada vez son más los ciudadanos que tienen un arma en casa, ya nada es seguro. La gente comienza a huir de las ciudades hacia entornos menos hostiles donde pueda proteger a los suyos.

El mundo distópico ya está aquí. Lo único que cuenta es la propia supervivencia.

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