Estamos en el año 2053 y China es la nueva
potencia mundial. EEUU le sigue de cerca pero sabe que ha perdido la hegemonía.
El objetivo para ambos países es llegar el primero a Marte como antes lo fue la
carrera hacia la Luna entre EEUU y la Unión Soviética. Ha habido varios intentos
pero todos han fracasado. Alcanzar Marte es un reto mayúsculo por los muchos
problemas que plantea: en primer lugar la distancia, la duración del viaje se
calcula en unos ocho o nueve meses, a eso hay que añadir la búsqueda y selección
de tripulantes, para un viaje de semejante duración es necesaria una fortaleza
mental que no todos poseen, añádase el combustible necesario, los peligros de
la radiación, pero en un viaje en el que no se garantiza la vuelta con vida, no
hay muchos candidatos que estén dispuestos. Ser los primeros en llegar a Marte
supondría la consagración de superpotencia mundial, de momento se busca el
efecto propagandístico más que otra cosa. Nadie habla de momento en instalar
bases permanentes allí, es demasiado prematuro. Hay otros países emergentes
como India, y Brasil pero ninguno puede competir frente a los dos colosos. Indonesia
con más de trescientos millones es otro país a tener en cuenta. Rusia se ha
quedado aislada abandonada por sus antiguos aliados. Además, instituciones como
la ONU hace tiempo que son residuales porque carecen de fuerza, no de
legitimidad, para llevar a cabo sus resoluciones. Los países que cuentan con
tecnología para conseguir la bomba atómica cada día son más pero ni China ni
EEUU están dispuestos a que haya más armas atómicas. China lleva más de
cincuenta años presente en África, al principio tímidamente, muchas de las
materias primas de las que carece como el oro, níquel, cobalto, etcétera, las
obtiene de allí. Oriente Medio sigue siendo una zona convulsa y cada cierto
tiempo surgen guerras sin que pongan remedio a la situación.
El acceso al agua
se ha convertido en un grave problema, surgen guerras por su control así como por
el agotamiento de los recursos naturales que antes se creían ilimitados. Es en
este momento es cuando la comunidad científica alza la voz de alarma: Un gran
asteroide de más de diez kilómetros viene derecho contra la Tierra y apenas hay
tiempo para impedirlo. La comunidad internacional pensaba que el verdadero
peligro estaba en el sistema de comunicaciones por satélite por culpa de alguna
llamarada solar que las inutilizara, pero han desatendido todo lo que viaja sin
control por el espacio.
Los científicos de
las grandes potencias con tecnología suficiente se reúnen con el fin de
alcanzar un acuerdo para salvar a la humanidad, de momento se estudia su
trayectoria para intentar estudiar dónde sería su hipotético impacto y si
habría algún arma capaz de destruirlo. Sería preferible que el asteroide cayera
en el mar pero el maremoto sería gigantesco y se perdería su análisis y la
riqueza que contiene: millones de toneladas de hierro, cadmio, oro, silicio,
azufre y otros materiales.
Las potencias
admiten que no hay tiempo para desarrollar un arma capaz de destruir el
asteroide que nos amenaza. Finalmente el impacto se produce en el interior de
Australia. A consecuencia del choque los científicos aseguran que el eje de la
tierra ya no apunta a la estrella Polar y que nuestro planeta ha variado la
órbita a la espera de que gravite hacia otra estrella. ¿Cuánto puede durar
esto? Tal vez cientos de años. Los gobiernos tratan de ocultar estos datos con
el fin de que no aparezca el pánico entre la población. La Tierra se va
alejando poco a poco del Sol para adentrarse en el cielo profundo. Al cabo de
los meses la horas de luz se van reduciendo paulatinamente. Salir de noche se
convierte en un riesgo que mucha gente prefiere no correr. Frente a la llamada
a la calma de las autoridades, las redes sociales anuncian el drama que se
avecina. La productividad empieza a caer, el absentismo laboral aumenta, los impagados
se multiplican, los asaltos a comercios cada vez son más y la policía y parte
del Ejército se ven obligados a vigilar los grandes centros comerciales, así
como gasolineras, embajadas y centros de comunicaciones. Vuelven los adeptos a
la religión, las iglesias van recuperando feligreses, algunos dicen que la
soberbia del ser humano ha sido castigada con un cataclismo de dimensiones
bíblicas. Cada vez son más los ciudadanos que tienen un arma en casa, ya nada
es seguro. La gente comienza a huir de las ciudades hacia entornos menos
hostiles donde pueda proteger a los suyos.
El mundo distópico ya está aquí. Lo único que cuenta es la
propia supervivencia.
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