Si hay algo que me
exaspera cuando estoy en casa son las llamadas de teléfono para venderme cosas:
una rebaja en la póliza de seguro sea cual sea el que tenga, el Banco que me
ofrece un crédito de veinte mil euros por mi depósito en este momento, la ONG
para hacerme socio, las empresas que me ofrecen teleasistencia… Entiendo que
el nuevo marketing consiste en no esperar al cliente, hay que ir a por él y
abordarle. Bueno, pues me llama por teléfono mi psicóloga para decirme que no
estará en la próxima sesión, que le ha surgido un asunto familiar en Zamora y
que no puede faltar. Aprovecha la ocasión para preguntarme si todo va bien y le
contesto que bueno, que estoy en un mar de dudas.
—¿Qué tipo de
dudas? Explíquese.
—Pues resulta que
he conocido a una mujer que me gusta, pero no sé si ella está conmigo porque de
verdad me quiere o por interés.
—¿Interés de qué
tipo?
—Interés
económico, naturalmente.
—Ah, pero es usted
es rico? —me pregunta como muy sorprendida.
—Hombre rico, lo
que se dice rico, pues no. Tengo acciones, casa en la playa, un velero, y
algunas otras propiedades.
Ella parece que
duda, mi impresión es que no sabe por dónde tirar. Yo creo que lamenta haberme
dado pie al preguntarme si va todo bien. Yo reconozco que he ido a saco, que tal
vez no era el mejor momento para plantearlo pero ya está hecho y no sirve para
nada lamentarse. Lo única impresión que dejo es que parezco un ser pusilánime
lleno de dudas.
—¿Le importa que
hablemos de este asunto a mi vuelta de Zamora? Tal vez ahora no sea el momento
más adecuado para tomar una decisión. Además, ¿ha hablado de esto con su mujer?
—Por supuesto que
no. Creí que usted era la persona adecuada para hablar de esto.
—Yo le puedo dar
mi opinión, pero ese asunto es más apropiado de un consultorio sentimental ¿no
le parece?
Le digo que para
mí ella es mi consultora en todos los sentidos, incluido el sentimental. Se
produce un silencio incómodo. Creo que ella duda de que un gañán como yo sea
capaz de enamorar a alguien, si le estoy tomando el pelo, si estoy como una
cabra contándole milongas o todo junto a la vez.
—Mire, para serle
sincera prefiero tratar este asunto en una próxima sesión si usted no tiene
inconveniente. Por cierto, una pregunta ¿Qué edad tiene esa mujer si se puede
saber?
—Veintinueve años.
—Es española?
—Me ha dicho una
pregunta.
—Está bien, otra
más. ¿Es española?
—Y eso ¿qué tiene
que ver?
La imagino echando
cálculos, una mujer de veintinueve años, con un tipo de setenta y dos. Hum,
déjeme pensar, algo no cuadra.
—Está bien, sea
española o no quiero darle mi enhorabuena. Pero en mi opinión la pregunta es
otra ¿Se va usted a separar o divorciar de su mujer? Es una decisión que sólo
usted debe tomar. Qué decisiones tomar en la vida es algo que no se enseña en
la universidad.
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