miércoles, 6 de mayo de 2026

Una llamada inoportuna

 

       Si hay algo que me exaspera cuando estoy en casa son las llamadas de teléfono para venderme cosas: una rebaja en la póliza de seguro sea cual sea el que tenga, el Banco que me ofrece un crédito de veinte mil euros por mi depósito en este momento, la ONG para hacerme socio, las empresas que me ofrecen teleasistencia… Entiendo que el nuevo marketing consiste en no esperar al cliente, hay que ir a por él y abordarle. Bueno, pues me llama por teléfono mi psicóloga para decirme que no estará en la próxima sesión, que le ha surgido un asunto familiar en Zamora y que no puede faltar. Aprovecha la ocasión para preguntarme si todo va bien y le contesto que bueno, que estoy en un mar de dudas.

     —¿Qué tipo de dudas? Explíquese.

     —Pues resulta que he conocido a una mujer que me gusta, pero no sé si ella está conmigo porque de verdad me quiere o por interés.

     —¿Interés de qué tipo?

     —Interés económico, naturalmente.    

     —Ah, pero es usted es rico? —me pregunta como muy sorprendida.

     —Hombre rico, lo que se dice rico, pues no. Tengo acciones, casa en la playa, un velero, y algunas otras propiedades.

     Ella parece que duda, mi impresión es que no sabe por dónde tirar. Yo creo que lamenta haberme dado pie al preguntarme si va todo bien.  Yo reconozco que he ido a saco, que tal vez no era el mejor momento para plantearlo pero ya está hecho y no sirve para nada lamentarse. Lo única impresión que dejo es que parezco un ser pusilánime lleno de dudas.

     —¿Le importa que hablemos de este asunto a mi vuelta de Zamora? Tal vez ahora no sea el momento más adecuado para tomar una decisión. Además, ¿ha hablado de esto con su mujer?

     —Por supuesto que no. Creí que usted era la persona adecuada para hablar de esto.

     —Yo le puedo dar mi opinión, pero ese asunto es más apropiado de un consultorio sentimental ¿no le parece?

     Le digo que para mí ella es mi consultora en todos los sentidos, incluido el sentimental. Se produce un silencio incómodo. Creo que ella duda de que un gañán como yo sea capaz de enamorar a alguien, si le estoy tomando el pelo, si estoy como una cabra contándole milongas o todo junto a la vez.

     —Mire, para serle sincera prefiero tratar este asunto en una próxima sesión si usted no tiene inconveniente. Por cierto, una pregunta ¿Qué edad tiene esa mujer si se puede saber?

     —Veintinueve años.

     —Es española?

     —Me ha dicho una pregunta.

     —Está bien, otra más. ¿Es española?

     —Y eso ¿qué tiene que ver?

     La imagino echando cálculos, una mujer de veintinueve años, con un tipo de setenta y dos. Hum, déjeme pensar, algo no cuadra.

     —Está bien, sea española o no quiero darle mi enhorabuena. Pero en mi opinión la pregunta es otra ¿Se va usted a separar o divorciar de su mujer? Es una decisión que sólo usted debe tomar. Qué decisiones tomar en la vida es algo que no se enseña en la universidad.

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