viernes, 14 de marzo de 2025

Un amor para siempre

 

     Cierto día Nick recibió un dramático mensaje de Ilse que decía: “Estoy gravemente enferma. Los médicos me dan seis meses de vida, pero antes me gustaría verte”. De golpe se le amontonaron recuerdos de su época de juventud. Hacía mucho tiempo que no se veían pero desde el primer momento tuvo claro que una petición así no podía ignorarla.

     Ilse era de su edad, propietaria de un palacete que había heredado de su padre, un rico empresario terrateniente que hizo fortuna con sus viñedos, olivares y otros negocios. Nick debía desplazarse a otro estado en un viaje en coche de varias horas. Durante el trayecto tuvo tiempo de recordar aquellos encuentros fugaces con Ilse en sus años de juventud, lejos de la mirada de su padre. Ella estaba enamorada de Nick pero su padre no aprobaba esa relación con el hijo de un empleado suyo. Suspiraba con emparentarse con alguien de su misma posición, al menos. ¿Cuántos años desde la última vez? Quince, veinte? No sabría precisarlo. La recordaba muy guapa, pelo castaño, ojos marrones. A él también le gustaba pero por algún motivo la consideraba inalcanzable. De esta manera, rememorando recuerdos y detalles, el viaje se le hizo más corto. Dejó el coche en el parking de entrada, que entonces no existía, y echó un vistazo a la casa-palacio y a sus cuidados jardines. Ya en el vestíbulo un empleado le preguntó el motivo de la visita y Nick le respondió que Ilse le estaba esperando. Durante diez minutos aprovechó para contemplar los candelabros, los cuadros de los antepasados, los espejos y relojes estilo Luis XIV. Poco después un mayordomo le pidió que le siguiera hasta la sala-biblioteca  donde Ilse se distraía ojeando viejos volúmenes y la heráldica de su familia. Nick le saludó con dos besos mientras le entregada un ramo de rosas.

     —Oh! Siempre tan distinguido y galante.

     Sus ojos habían perdido el brillo de entonces y las canas ya asomaban pero su figura seguía siendo esbelta a pesar de la enfermedad. Ilse cogió del brazo a Nick.

     —Aprovechemos el día y paseemos un rato, hace un día muy agradable.

     —Pero a lo mejor no te conviene —objetó Nick.

     —Sí, eso me dicen constantemente los médicos, que debo guardar reposo. ¡Al diablo con ellos! No sabes cómo agradezco las visitas, me sacan de la soledad y del aburrimiento. Pero… cuéntame de ti.

     Juntos recorrieron la cuidada fronda de los jardines, luego se sentaron en un banco. Nick tomó su mano entre las suyas mientras hablaban. A Ilse le costaba respirar pero hizo un esfuerzo.

     —Tuve un matrimonio desgraciado y mis hijos están más interesados en la herencia que en mí. Es algo que me duele. Por eso prefiero a las personas que nada esperan que les deje. Son más auténticas.

     Visitaron luego la bodega, las caballerizas y por último el palomar.

     —Aquí me besaste la primera vez. Me trae recuerdos muy especiales.

     Ilse apoyándose en Nick apenas pudo terminar el recorrido a causa de la fatiga. Le acompañó hasta su habitación.  Al despedirse Nick tomó las manos de Ilse y las besó. Los dos sabían que era la última vez que se veían. Ocho meses después Nick recibió con gran pesar la noticia de que Ilse había fallecido y que en su testamento había dejado a su nombre el viejo palomar.

 

domingo, 2 de marzo de 2025

Yo también sigo a un influencer

 

     Leo con cierto interés lo que publican los llamados influencers, gente que se destaca por tener cientos de miles o, incluso millones de seguidores en las redes sociales. Sus contenidos son de lo más variado: pueden versar sobre deportes, música, moda, salud, belleza, espectáculos, gastronomía, viajes, fitness, y así un largo etcétera. Reconozco que, salvo excepciones, son temas que no me interesan demasiado, pero intento hacer un esfuerzo para, entre otras cosas, comprender mejor la sociedad en la que vivo. También sus creadores ocupan un variado perfil; van desde personajes a menudo controvertidos (a veces defensores de bulos, o noticias no suficientemente contrastadas), hasta frikis que gustan de exponerse a riesgos físicos, incluso arriesgando sus vidas con tal de obtener una foto llamativa o una portada que le sirva para promocionarse. Si en algo coinciden la mayoría de analistas es en la necesidad que tienen de renovar sus propios contenidos en redes, pues una ausencia demasiado prolongada es sinónimo de que no tienes nada que decir y caer pronto en el olvido. Según la R.A.E. el término influencer es un anglicismo usado en referencia a una persona con capacidad para influir sobre otras.

     Pese a todo lo dicho anteriormente yo también sigo a un influencer. Se llama Antonio Machado y en julio cumpliría 150 años. Perteneció a la generación del 98 y ha ejercido una gran influencia en la literatura del siglo XX. Su poesía honda y clara, unido a la ausencia de todo artificio y de metáforas, refleja como ninguna el alma y el sentir del pueblo español y más concretamente de las tierras de Castilla.

     No voy a descubrir nada nuevo que no hayan dicho ya críticos y especialistas de su obra, tan sólo que he seguido los pasos de su ciclo vital. El primer lugar que visité hace muchos años aprovechando que me encontraba en Cataluña fue su sencilla tumba en Colliure, siempre cubierta con flores frescas dejadas por manos anónimas. Junto a la tumba hay una especie de buzón donde la gente deja sus poemas, que un empleado municipal ha de retirarlos cada cierto tiempo para que no se amontonen. En el año 2007 con motivo del centenario de la llegada del poeta a Soria, el Ayuntamiento organizó una serie de actos para ensalzar su figura. Allí acudí con algunos amigos acompañados por un guía que nos hizo el recorrido machadiano: los álamos del Duero, la ermita de San Saturio, el cementerio del Espino donde está enterrada Leonor, el parque donde se encuentra el famoso olmo, la iglesia donde se casó, el Casino que él frecuentaba en la calle Collado, el reloj de la Audiencia… Hace algún tiempo en alguno de mis muchos viajes al norte, la casualidad me llevó a visitar un castillo en Almenar, un pequeño pueblo cerca de Soria. El castillo es ahora propiedad privada pero en aquel entonces una familia llevaba rehabilitándolo todos los veranos desde hacía varios años. Me llamaron la atención los azulejos en una de las paredes con una inscripción que decía: “Aquí nació Leonor Izquierdo, esposa y musa de Antonio Machado”. Más tarde me enteré que el padre de Leonor era Guardia Civil y que a finales del siglo XIX el edificio estaba ocupado por la Benemérita.

     Visita obligada para quien recorre Sevilla es el Palacio de las Dueñas,  propiedad de la Casa de Alba. Allí nació el poeta (“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero”…). En Baeza visité también el aula donde impartía clases Antonio Machado que se conserva tal como él la conoció. El guía nos comentó la divertida anécdota de que Machado el primer día que llegó llevaba una recomendación para presentarse ante determinada persona. Preguntó por él y la respuesta fue que estaba en la agonía. Machado se quedó lívido y al percatarse de ello su comunicante, le contestó que no se preocupara, que La Agonía era el nombre del bar que se encontraba en la esquina. Ya por último, en Segovia, visité el año pasado la posada que Machado habitó cuando fue trasladado desde Baeza. La casa, los enseres y su cama se conservan tal como estaban entonces. Esa casa fue la última que habitó antes de la guerra civil, ahora reconvertida en casa-museo. Compartía la posada con un funcionario de Hacienda, el cual padecía de insomnio, que solo era capaz de superar cuando Antonio Machado le recitaba versos en francés de Baudelaire y de Rimbaud. Increíble.

       El amor secreto de Antonio Machado fue Pilar de Valderrama (Guiomar), los cuales se veían en el café Franco-Español de la glorieta de Cuatro Caminos, un lugar discreto hoy por desgracia desaparecido y que ellos llamaban “nuestro rincón”. Un amor platónico, idealizado y casto entre dos personas provenientes de mundos diferentes. Por cierto, los padres de Antonio Machado se conocieron sobre un puente del río Guadalquivir. Resulta que unos delfines se equivocaron de ruta  y enfilaron el Guadalquivir arriba hasta Sevilla. Tola la ciudad se asomó para ver el espectáculo.

    

sábado, 1 de febrero de 2025

Dakar-Madrid

 

     Hace ahora tres meses llegó un cayuco a la isla de El Hierro procedente de Mauritania con sesenta y cinco ciudadanos subsaharianos en unas condiciones sumamente penosas, sin apenas agua y casi desfallecidos después de recorrer 1400 kilómetros y nueve días de navegación. Entre ellos se encontraba Abdou Bayé, ciudadano senegalés que tuvo que huir de su país para salvar la vida. Una hermana de Abdou fue violada al volver una noche a su casa. El violador fue detenido pero luego absuelto en el juicio porque pertenecía a una familia adinerada. Abdou juró vengarse y propinó tal paliza al culpable que a los pocos días pusieron precio a su cabeza y tuvo que huir.

     En la actualidad malvive en la capital española y su mayor deseo es abandonar la marginalidad. Es inteligente, trabajador y está dispuesto a lo que sea antes que volver a su país, donde no hay futuro y además está amenazado de muerte. Aunque lleva poco tiempo en Madrid se da cuenta de la masiva presencia de inmigrantes, nota el recelo de la gente en sus actitudes y miradas pero sobre todo en el color de su piel. Antes de acostarse hace balance de su situación: tiene todo en su contra: el idioma, el desarraigo, sin empleo, sin vivienda; pero tiene un bien muy codiciado: sus veinte años y 1,95 de estatura. A través de Pierre, un camerunés que hizo el viaje con él, consigue la dirección de Servicios Sociales, una institución de ayuda a las personas migrantes con escasos recursos.

     Como todos los viernes, Beatriz sale con sus amigos a divertirse y tomar algo. Tiene mucho estrés en el trabajo y por unas horas trata de olvidarse de las presiones. Es una persona empática, trabaja de cara al público y necesita estar psicológicamente fuerte para poder aislarse de los problemas con los que tiene que lidiar a diario, dentro de unos meses se casará y le gustaría contar con la presencia de sus compañeras de más confianza. Son las diez y media de la noche y se despide de sus amigos para volver a su casa, antes ha de atravesar unos pequeños jardines, nunca ha tenido problemas pero esa noche es asaltada por dos individuos que tratan de robarle el bolso. Tal vez lo más sensato hubiera sido dárselo, pero ella se resiste, forcejea con los agresores, empieza a gritar y a pedir ayuda. Pierre y Abdou se encuentran por la zona y la oyen. Pierre le dice que no se meta en líos, pero él en ese momento piensa en su hermana y acude en auxilio de la chica. Tal vez ella también gritó pero nadie le ayudó. Los ladrones al verle con un palo en la mano huyen a la carrera. Beatriz está en el suelo llorando, tiene rasguños en la cara y muy asustada, le agradece la ayuda y le pide su nombre, pero en ese momento se oyen las sirenas de un coche patrulla de la policía y Abdou opta por salir  corriendo.

     Han pasado varios meses desde el incidente. Beatriz se reincorpora hoy a su trabajo en Servicios Sociales después de dos meses de baja por depresión. Cuando ha ido a desayunar, sus compañeras le han animado  a seguir siendo la que siempre fue: alegre, optimista, si acaso tomando algunas precauciones. Ya lleva cuatro años en el cargo y ha visto de todo. Gente en la indigencia más absoluta, personas que no entienden el idioma, personas que solicitan una beca comedor para sus hijos y con un Smartphone último modelo en la mano… Cuando vuelve de desayunar se sienta en su mesa de trabajo, está adscrita al servicio de residencia temporal para personas adultas en situación de exclusión. Un hombre alto se sienta frente a su mesa. Cruzan sus miradas y nota como una sacudida. Ella enseguida le reconoce como a su salvador, rara vez olvida una cara. Lo primero que le viene a la mente es que está en deuda con la persona que tiene delante; le gustaría sincerarse y decirle quién es, darle las gracias y abrazarle, pero sabe que no puede permitirse ser débil porque todas las personas que allí se encuentran son vulnerables y necesitan ayuda.

     —¿Tu nombre?

     —Abdou Bayé. En mi país era albañil pero puedo hacer cualquier trabajo.

     —¿Dónde vives?

     Abdou baja la cabeza y mira al suelo, pasan unos segundos, se siente observado y en una situación incómoda.

     —¿Duermes en la calle? Aquí viene gente que no tiene casa. No deberías avergonzarte.

     —Antes sí dormía en la calle pero la gente molestaba, borrachos, sobre todo fin de semana. Hizo una pequeña pausa y después continuó —Ahora duermo en el cementerio, en un nicho. Nadie molesta.

     Beatriz ha de hacer un esfuerzo por dominarse, ha visto muchos casos de precariedad pero nunca había escuchado una confesión así. Le ofrece  la dirección de varios albergues, allí podrá dormir hasta que consiga otra cosa. Antes de terminar la entrevista le da a Abdou su número de móvil. Esa misma noche hablará con su novio que tiene una empresa de construcción para ver si tiene un hueco para él.

   

 

 

 

viernes, 3 de enero de 2025

Sueños

 

     A veces cuando menos te lo esperas ocurren cosas imprevistas, eso es lo que me pasó hace unos días. Mi padre falleció hace veintiséis años y mi madre hace diez, pero esta noche he tenido la dicha de haber soñado con ellos. Los vi ya mayores y lo primero que hice fue pedirles perdón por no haberles visitado más a menudo los últimos años de sus vidas. He querido despedirme de ellos, ya que no pude hacerlo en su momento.

     Ya desde el primer momento  me he sentido deudor así que les he agradecido traerme a la vida, cuidarme y atenderme cuando era pequeño y sobre todo, por haber sido un ejemplo de honradez y fidelidad  a unos ideales a lo largo de sus vidas. Les he dicho que les tengo muy presentes en mi vida diaria aunque ya no estén físicamente. Luego hemos recordado cosas  que han ocurrido estos últimos años y les he puesto al día. A mi madre le conté (y se emocionó mucho), que hace un par de años había hecho el Camino de Santiago, que pasé por su pueblo y que a lo largo de casi ochocientos kms fui feliz y que esa felicidad se la debía a ellos. Todo el camino fue un disfrute, que me sirvió para valorar las cosas buenas que nos proporciona la vida, entre ellas, el que nada se consigue sin esfuerzo y saber que los míos me estaban esperando tras mi regreso. Luego me preguntó por mis hijos y le dije que estaban bien; que el mayor compuso una canción-homenaje a sus abuelas a ritmo de rock. Me dijo que le gustaría escucharla aunque no la entendiera. Así lo hice y al final lloramos los dos.

     A mi padre le dije que siempre le había querido, que esos sentimientos de amor yo los había reprimido durante mucho tiempo, imbécil de mí. Decir te quiero es algo que se presupone entre padres e hijos pero a mi me faltó valor para decirlo. También le comenté que en todos los sitios me habían hablado muy bien de él y que todavía le recordaban. Que el día de su entierro un familiar se acercó a mí y me dijo que mi padre había sido una de las personas más extraordinarias que había conocido en su vida.

     Los sueños son solo sueños pero el otro día al despertar, pienso que de alguna manera me he redimido. Ese sentimiento de orfandad creo que es universal a todos los humanos cuando llega el caso. Mi padre a fue a la guerra en 1936 recién cumplidos los dieciocho años. Sin embargo hasta 1978 no se estableció de manera legal la mayoría de edad para votar a los dieciocho años. No es un dato escandaloso? Los años cuarenta del pasado siglo serán recordados como los años del hambre.  Esa miseria económica y moral la soportaron  con dignidad pero a esa generación pienso que todavía se les debe un reconocimiento por los sufrimientos  y carencias que padecieron. Vuestro ejemplo fue la mejor herramienta para transitar por la vida, pero esa ausencia y ese vacío es una herida lacerante que hemos de asumir todos los días.

 

lunes, 2 de diciembre de 2024

Tradiciones

 

     Desde hace algún tiempo varias son las costumbres importadas en los últimos años desde Norteamérica que han llegado hasta nuestros lares: Halloween fue quien desembarcó primero, llenando de ridículas calabazas las tiendas del suelo patrio. Le siguió la tabarra del Black Friday (¿recordáis el lema?  sé patriota ¡consume!) y, para que la dicha fuera completa, según he leído recientemente, ahora amenazan con lo que llegará pronto: el Día de Acción de Gracias. Tiempo al tiempo.

     Escribo estas líneas en el estreno del mes de diciembre. Este consumo feroz con que nos bombardean estos días, tiene mucho de obsceno y de despilfarro. Dicen que cuatro de cada diez artículos que se compran en el Black Friday al final se devuelven. Si esto es verdad la conclusión es que no los necesitábamos. Hay tradiciones propias que respetamos porque nos las hemos dado nosotros, y otras que nos son ajenas pero que hemos ido adoptando; la verdad es que somos bastante permeables a las costumbres que vienen de fuera, generalmente de EEUU pero sin aplicar ningún filtro y eso lo convierte en peligroso. Acto seguido sorprende ver el silencio de nuestros partidos e instituciones frente a estas modas llegadas de la otra parte del Atlántico. Tan solo algunos pocos intelectuales alzan la voz frente a este tipo de  invasión. Se critica la llegada de personas que únicamente buscan un futuro mejor, pero nada se dice de esta penetración cultural ajena a nuestras tradiciones. ¿Es el precio de la globalización? Qué pena!

     Ahora que pronto llegan las fechas navideñas, en mi tierra tenemos un querido personaje que todos los años nos visita: es el Olentzero. La leyenda dice que es un carbonero que vive en el monte y que el día de Nochebuena baja a la ciudad para traer regalos a los niños, y ya de paso aprovechar para comer y beber. No viene solo sino que está acompañado por un numeroso séquito que recorre las principales calles de las ciudades. Se puede ver bueyes, ocas, burros, ovejas, patos, etc y también txistularis y acordeonistas que cantan y bailan bajo la atenta mirada de niños y mayores que llenan las aceras. Es la fiesta en la que se reivindica la forma de vida y costumbres de los euskaldunes que viven en zonas de la montaña y en caseríos.

     Según opinión que casi todos los estudiosos recopilaron, el Olentzero nació en la villa de Lesaka (Navarra) para trasladarse luego a todo el País  Vasco. Es una tradición mitológica que coincide con el solsticio de invierno. A la llegada del cristianismo éste la hizo suya. Antropólogos como  Julio Caro Baroja, Barandiarán y otros especialistas recopilaron material sobre mitología popular y ya en 1967 elaboraron un video-documento que recoge la tradición del Olentzero. El primero que se celebró en Pamplona fue en 1957 aunque tuvo que vencer numerosos obstáculos porque el Gobernador Civil que lo consideraba un “acto profano”. Hoy día es un acto multitudinario y entrañable que cuenta con el respaldo de una amplia mayoría social.

viernes, 1 de noviembre de 2024

Todo está en los libros

 

     Como casi todas las ciudades, Madrid cuenta con rincones castizos y pintorescos. El más famoso de todos es El Rastro pero hoy nos vamos a acercar a otro menos conocido pero no menos entrañable. Se trata de la Cuesta de Moyano con sus casetas de libreros de viejo, es decir, libros de segunda mano que se venden a un precio más económico. Allí suelo acudir de vez en cuando en busca de alguna rareza o, simplemente para echar un vistazo a lo que se expone encima de sus mesas. En mi última visita adquirí el libro “Si esto es un hombre”, de Primo Levi, italiano de ascendencia judía, en el que narra su terrible experiencia en el campo de exterminio de Auschwitz. Recuperada la libertad cuando los aliados liberaron el campo, no pudo soportar los recuerdos y el hecho de ser un superviviente después de ver morir a muchos compañeros. Años más tarde se suicidó. De todos es sabido que en los libros vivimos las vidas de sus personajes; nos acompañan, nos emocionan y, en ocasiones, nos sentimos cómplices de ellos. Ya en mi casa comencé a leerlo y tras las primeras páginas encontré una hoja cuidadosamente doblada escrita a máquina. Sentí curiosidad por su contenido, comencé a leerlo y ya no pude dejar de hacerlo hasta el final. Por su interés la transcribo tal cual:

     “Mi nombre es Abraham Cohen, nací en 1933 en una pequeña ciudad cerca de Budapest. Soy judío sefardí y mi infancia fue feliz hasta los ocho años. Un día de 1941 las SS se presentaron en mi casa y arrestaron a toda mi familia, poco después nos introdujeron en un vagón con destino a Auschwitz. Durante el largo viaje podía sentir el frío intenso a pesar de que mis padres trataban de darme calor con sus cuerpos. Desde el vagón veía el paisaje nevado, todo me parecía triste; las estaciones, la gente, los guardias uniformados…

     No sé de qué manera mi padre consiguió fabricar un cuchillo rudimentario que utilizó durante el trayecto para abrir un boquete en el suelo de madera del vagón. Era un trabajo lento y agotador. Cuando por fin lo consiguió se acercó a mí y me dijo que ellos iban hacia una muerte segura, que el dolor tan grande que sentían al separarnos era con la esperanza de que al menos yo me salvara. Todavía recuerdo los ojos llorosos de mi madre al despedirnos, mi padre tuvo que arrancarme de sus brazos. Cuando el tren comenzó a frenar para entrar en la siguiente estación, mi padre me deslizó a través de la pequeña abertura y caí en la nieve de las vías. Me quedé tendido hasta que pasó todo el convoy. Luego me incorporé, nada había a mi alrededor, ninguna casa, ninguna presencia humana, nada. A lo lejos vi un bosque, hacia él me dirigí buscando un refugio donde cobijarme, estuve deambulando largo tiempo y ya al límite de mis fuerzas, vi frente a mí a un hombre con la escopeta en la mano. Era el guardabosques que había salido a cazar. Viendo mi estado tan lamentable me llevó a su casa, comí algo y me acostaron. Al día siguiente la familia contactó con un pastor protestante para ver la manera de salvar mi vida. Más tarde supe que proteger o esconder judíos estaba castigado con la pena de muerte. Gracias a las gestiones de este pastor acabé en Argentina. Allí proseguí mis estudios y me gradué en la Universidad de Buenos Aires. Luego fui profesor de psicología en la Universidad de Yale durante diez años y por último en la de Cambridge durante dieciocho, donde me jubilé. Ahora resido en Madrid.

     En todos los sitios donde viví me sentí extranjero. Durante años odié y odié, a los nazis en particular y a los alemanes en general, hasta que me di cuenta de que no es posible convivir con el odio, es como un cáncer que te destruye por dentro. En mis estudios traté entonces de indagar acerca de cuál es la naturaleza del Mal en el ser humano. Sabía cómo se manifestaba, mi pregunta siempre era por qué. La historia la escriben los vencedores pero la memoria pertenece a los muertos, a los olvidados de todas las guerras, a los parias, a los vencidos. Todavía hoy, tantos años después, veo la cara de mi madre en el momento de despedirnos. A menudo pienso que los he traicionado porque ellos se sacrificaron para que yo tuviera una vida plena, sin embargo, mi vida ha sido una auténtica tristeza e infortunio. Siento haberles decepcionado. Si no he acabado como Primo Levi es porque me falta valor. Soy un superviviente sí, pero ya no creo en nada. Mi vida terminó a los ocho años porque me arrebataron lo que más quería”.

     Ignoro el tiempo que llevaba ahí ese testimonio, ni tampoco cuál era su motivación al escribir esta carta, que es un recuerdo impresionante y al mismo tiempo desgarrador. Si hoy vive tendrá 91 años, pero por encima de todo quisiera reflejar que durante unos minutos, el tiempo que dura la lectura de este texto, me sentí en la piel de esta persona. Es la magia de los libros y también de la escritura, la de vivir también otras vidas al margen de la tuya.

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jueves, 17 de octubre de 2024

Secretos

 

     Todos tenemos secretos inconfesados que guardamos para nosotros mismos, ya que de saberse harían palidecer hasta a nuestros amigos más íntimos. Los tenemos guardados en lo más recóndito de nuestro ser porque nos avergüenza que algún día se puedan desvelar. Si alguien os dijera que él no tiene nada que ocultar no lo creáis, lo más probable es que su secreto lo tenga tan enterrado que ni él mismo se haya dado cuenta. Eso que guardamos en la intimidad puede versar sobre un tema moral, religioso, laboral, sexual, ideológico, fetichista o cualquier otro aspecto que aborde el comportamiento del ser humano. Es algo que actúa como una mancha en nuestro expediente y el simple hecho de mencionarlo o que se divulgue nos bloquea, nos avergüenza y hemos de hacer un gran esfuerzo para que no afloren desde lo más hondo de nuestro yo. Aristóteles lo describió antes que nadie: “Somos dueños de nuestro silencio y esclavos de nuestras palabras”.

     En cada persona habita un ser misterioso, alguien a quien a veces no comprendemos y que nos confunde, por eso nuestras acciones son en algunos casos contradictorias y faltas de sentido. En el fondo todos somos vulnerables, necesitamos una coraza protectora que nos proporcione la seguridad de la que a menudo carecemos. Toda nuestra vida está sujeta a un gran misterio. Venimos de la nada y vamos hacia la nada. ¿Existe algo más absurdo que eso? Humanistas y filósofos han indagado sobre ello, y es que algunas cosas no estamos preparados para comprenderlas.

     Amigo lector, amiga lectora, tú también tienes esos secretos. Reconócelo.