miércoles, 3 de junio de 2026

Un nuevo amor

 

     Hoy tengo otra vez consulta con mi doctora. No sé si inventarme cualquier excusa porque presiento que me hará preguntas incómodas, teniendo en cuenta que durante la última conversación que tuvimos por teléfono yo le comentaba mis dudas respecto de una relación sentimental que tenía con otra mujer cuarenta y tres años más joven que yo. Durante varios días estuve dándole vueltas al asunto, mis amigos envidiaban mi situación, pero una voz dentro de mí me decía que era conveniente conocer el punto de vista de una mujer en todo este proceso. Ellas tenían otra psicología diferente a la nuestra y ese fue el motivo de exponerle mis dudas, aunque a decir verdad, al principio me arrepentí.

     Mientras esperaba en la sala de espera noté mis manos sudorosas como un colegial en día de examen. Luego cuando entré en su despacho me saludó dándome la mano al tiempo que me obsequiaba con una sonrisa como siempre lo hacía. Mientras buscaba mi ficha le pregunté por su viaje a Zamora. Me contestó que fue debido a una herencia familiar y que ya estaba todo solucionado. Leyó unos momentos en mi ficha mientras yo me fijaba en sus voluminosas tetas.

     —Veamos, en la última conversación que tuvimos, me habló de que estaba en un mar de dudas respecto de una relación que mantenía con una mujer de veintinueve años. ¿Quiere que hablemos de esto?

       —Sí, ¿Por qué no? —respondí al instante, un tanto sorprendido.

     Ella adoptó una actitud favorecedora del diálogo dentro de unos márgenes de confianza mutua.

     —Sé que es un tema delicado pero me gustaría saber qué le impulsó a esa relación sabiendo la diferencia de edad entre ustedes.

     —Verá, yo soy una persona muy enamoradiza. Lo mío es amor a primera vista.

     —¿Qué le atrae de ella, puede describirla?

     —Todo. Su boca sensual, el pelo moreno, sus ojos verdes…

     —¿Tienen alguna afición en común?

     —A los dos nos encanta el mar.

     —¿Y ella qué ve en usted?

     —Dice que le aporto seguridad y equilibrio.

     —¿Ha tenido intimidad con ella? ¿Se han acostado?

     —Sí claro, estuvimos un fin de semana en el velero dando un paseo por la costa.

     —¿Lo sabe su mujer?

     —Sí, lo hablé el otro día con ella.

     —¿Y?

     —Ella quiere que la deje tranquila. Es que yo soy un sátiro, ¿comprende?

     —Si, ya me he dado cuenta. Ah, pues eso facilita mucho las cosas.

     —Usted cree?

     —Por supuesto. Cambiar las cosas para que todo siga igual ¿no es eso? Bueno y sus hijos ¿Qué dicen?

     —No me hablan. Presionan a su madre para que nos divorciemos pero yo no quiero.

     —A ver. ¿Quiere que le dé mi opinión?

     —Sí claro, por supuesto.

     —Yo creo que usted sufre de inestabilidad emocional. Pienso que tiene idealizado el amor. ¿De verdad se cree que esa persona no va a buscar a alguien más acorde con su edad cuando le vea a usted más arrugado que una pasa? Mi obligación no es decir lo que el cliente quiere escuchar sino abrirle los ojos a la realidad. Puede usted tomar la decisión que quiera pero tenga en cuenta que ella pertenece a una generación diferente a la suya.

    

 

 

    

   

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