El próximo 11 de
junio tengo un evento en el Rectorado de la Universidad Complutense de Madrid.
Es la fecha de mi graduación. Es un acto simbólico, ya lo sé, pero cargado de
una significación muy especial para quienes hemos acudido a clase durante
cuatro años en el ciclo de Humanidades que organiza la universidad para mayores.
El mensaje que quiero transmitir es el que hay mucha vida por delante, una vez
que se accede a la jubilación, es el deseo de seguir aprendiendo, del valor del
acceso a la cultura, a la ciencia, con el fin de alejarnos de la brutalidad y
de la ignorancia.
Ese día me
acordaré de Juanito Gutiérrez, amigo de mi padre, a la sazón maestro
republicano depurado por el franquismo, que me dio clases particulares de
Matemáticas todas las tardes en verano mientras mis amigos se iban a jugar al
fútbol. Me acordaré de los suspensos que tuve al finalizar COU en 1971, el primer
año que se implantó y de todos los profesores que he tenido a lo largo de mi
formación, en especial de los que he aprendido a lo largo de estos cuatro años
en la universidad. Me acordaré de la profesora que me felicitó en clase por el
trabajo que le había enviado. Estaremos de acuerdo en que graduarse uno con
setenta y dos años es algo para celebrar. ¡¡Y aún hay gente mayor que yo!!
Por supuesto me
acordaré también del otro gran evento que tuve nada más jubilarme: hacer el
Camino de Santiago desde Roncesvalles; casi ochocientos kilómetros hasta llegar
a Santiago con la mochila a cuestas, durmiendo cada noche en una cama diferente
a lo largo de un mes. Pasar por el pueblo de mi madre, ya fallecida, Puente la
Reina, me llenó de emoción. Durante un mes disfruté caminando, saboreé cada
gesto, cada detalle, aprendí el valor de la compañía, del esfuerzo, di las gracias
a los sanitarios que me atendieron fuera ya de su jornada laboral cuando al
finalizar una etapa llegué con calambres y casi sin poder moverme. Aquel
matrimonio ya mayor, que regentaba un albergue en Galicia una tarde de lluvia,
después de la cena nos contaron historias de peregrinos perdidos en la nieve
que yo escuchaba con atención…
La vida nos
proporciona inolvidables momentos si uno aprende a valorarlos. Uno de ellos es
el ser un jubilado activo, atento a cada sorpresa, al saber escuchar, al
silencio.
Gaudeamus igitur
es el himno universitario por excelencia. Es un canto al disfrute de la
juventud y a la celebración del conocimiento.
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