jueves, 14 de mayo de 2026

La profesora de Biología

 

     Siempre he sido un soñador, un ser fantasioso con imaginación pero a la vez tímido y reservado hasta el extremo. Siendo adolescente mi mayor deseo era pasar inadvertido pero claro, había ocasiones, pongamos que en clase, en los que a veces era interpelado por el profesor de turno y eso me hacía enrojecer hasta la raíz del cabello. Sentirme el centro de atención era mi mayor suplicio. Estamos en 1972. En el claustro de profesores del instituto donde yo estudiaba había una persona que llamaba poderosamente la atención: era la profesora de Biología. Era joven y guapa, tenía buen tipo, unas piernas perfectas y siempre iba con falda, ni qué decir que la  mayoría estábamos enamorados de ella. Todos nos peleábamos por sentarnos frente a la mesa del profesor para ver ese cruce de piernas que nos hacía enloquecer. Lo de “Instinto básico” vino muchos años después. No recuerdo su nombre pero estábamos locos por ella. Por aquella época yo tenía dieciocho años, estaba en la flor de la vida pero mis complejos seguían y me mortificaban sin que pudiera evitarlo.

     Resulta que hacia la mitad de curso hicimos un examen y me suspendió. Yo estaba convencido de que lo había hecho bien, suficiente como para aprobar, así que pedí que me lo enseñara y lo corrigiera de nuevo. Nada más entrar en su despacho me recibió con una sonrisa mientras buscaba entre sus papeles, después dijo que tomara asiento frente a ella. Sentado, observé cómo tomaba entre sus manos mi examen, el cual estaba lleno de tachaduras y frases que había escrito la profesora con bolígrafo rojo.

     —Vamos a ver —me dijo enseñando mi examen. Confundes los coleópteros con los ortópteros, no sabes diferenciar un ecosistema atlántico de otro mediterráneo, por no hablar de las faltas de ortografía. ¿Y encima quieres hacerme ver que he sido injusta contigo? Ten por seguro que en la universidad viendo esas faltas ni siquiera se hubieran molestado en leer el examen.

     Conforme me iba hablando yo notaba que ese pedestal en el que la tenía a ella se iba desmoronando poco a poco. Mis sueños se estaban convirtiendo en una pesadilla, hasta su voz, antes dulce y armoniosa, me sonaba ahora áspera e irritable.

      —Bueno, pero el resto está bien ¿no?

     —¿Tú crees que te puedo aprobar? Has escrito mucho pero sin profundizar en lo que yo quería. Se trataba de ver la evolución, de cómo las especies se han ido adaptando al medio a través de una evolución de millones de años —Luego se levantó de la silla y situándose a mi lado me dijo que repasara bien todos esos conceptos porque estaba segura de que podía  hacerlo mejor.

     —Participas en clase y eso para mí es importante —me dijo yo creo que con el fin de evitar mi decepción.

     —Por cierto, te pareces al protagonista de la película que vi ayer.

     —¿Qué película? —balbuceé.

     —Muerte en Venecia. Habla sobre la belleza y su contrapunto, la decadencia.

       Las últimas frases apenas las escuché. La visita resultó un fiasco para mí. Cuando ya estaba a punto de alcanzar la puerta me dijo volviéndose.

      —Ah y una última cosa, le dices al gracioso que escribe groserías en la pizarra que la próxima vez le mando al Jefe de Estudios.

    

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