lunes, 2 de diciembre de 2024

Tradiciones

 

     Desde hace algún tiempo varias son las costumbres importadas en los últimos años desde Norteamérica que han llegado hasta nuestros lares: Halloween fue quien desembarcó primero, llenando de ridículas calabazas las tiendas del suelo patrio. Le siguió la tabarra del Black Friday (¿recordáis el lema?  sé patriota ¡consume!) y, para que la dicha fuera completa, según he leído recientemente, ahora amenazan con lo que llegará pronto: el Día de Acción de Gracias. Tiempo al tiempo.

     Escribo estas líneas en el estreno del mes de diciembre. Este consumo feroz con que nos bombardean estos días, tiene mucho de obsceno y de despilfarro. Dicen que cuatro de cada diez artículos que se compran en el Black Friday al final se devuelven. Si esto es verdad la conclusión es que no los necesitábamos. Hay tradiciones propias que respetamos porque nos las hemos dado nosotros, y otras que nos son ajenas pero que hemos ido adoptando; la verdad es que somos bastante permeables a las costumbres que vienen de fuera, generalmente de EEUU pero sin aplicar ningún filtro y eso lo convierte en peligroso. Acto seguido sorprende ver el silencio de nuestros partidos e instituciones frente a estas modas llegadas de la otra parte del Atlántico. Tan solo algunos pocos intelectuales alzan la voz frente a este tipo de  invasión. Se critica la llegada de personas que únicamente buscan un futuro mejor, pero nada se dice de esta penetración cultural ajena a nuestras tradiciones. ¿Es el precio de la globalización? Qué pena!

     Ahora que pronto llegan las fechas navideñas, en mi tierra tenemos un querido personaje que todos los años nos visita: es el Olentzero. La leyenda dice que es un carbonero que vive en el monte y que el día de Nochebuena baja a la ciudad para traer regalos a los niños, y ya de paso aprovechar para comer y beber. No viene solo sino que está acompañado por un numeroso séquito que recorre las principales calles de las ciudades. Se puede ver bueyes, ocas, burros, ovejas, patos, etc y también txistularis y acordeonistas que cantan y bailan bajo la atenta mirada de niños y mayores que llenan las aceras. Es la fiesta en la que se reivindica la forma de vida y costumbres de los euskaldunes que viven en zonas de la montaña y en caseríos.

     Según opinión que casi todos los estudiosos recopilaron, el Olentzero nació en la villa de Lesaka (Navarra) para trasladarse luego a todo el País  Vasco. Es una tradición mitológica que coincide con el solsticio de invierno. A la llegada del cristianismo éste la hizo suya. Antropólogos como  Julio Caro Baroja, Barandiarán y otros especialistas recopilaron material sobre mitología popular y ya en 1967 elaboraron un video-documento que recoge la tradición del Olentzero. El primero que se celebró en Pamplona fue en 1957 aunque tuvo que vencer numerosos obstáculos porque el Gobernador Civil que lo consideraba un “acto profano”. Hoy día es un acto multitudinario y entrañable que cuenta con el respaldo de una amplia mayoría social.

viernes, 1 de noviembre de 2024

Todo está en los libros

 

     Como casi todas las ciudades, Madrid cuenta con rincones castizos y pintorescos. El más famoso de todos es El Rastro pero hoy nos vamos a acercar a otro menos conocido pero no menos entrañable. Se trata de la Cuesta de Moyano con sus casetas de libreros de viejo, es decir, libros de segunda mano que se venden a un precio más económico. Allí suelo acudir de vez en cuando en busca de alguna rareza o, simplemente para echar un vistazo a lo que se expone encima de sus mesas. En mi última visita adquirí el libro “Si esto es un hombre”, de Primo Levi, italiano de ascendencia judía, en el que narra su terrible experiencia en el campo de exterminio de Auschwitz. Recuperada la libertad cuando los aliados liberaron el campo, no pudo soportar los recuerdos y el hecho de ser un superviviente después de ver morir a muchos compañeros. Años más tarde se suicidó. De todos es sabido que en los libros vivimos las vidas de sus personajes; nos acompañan, nos emocionan y, en ocasiones, nos sentimos cómplices de ellos. Ya en mi casa comencé a leerlo y tras las primeras páginas encontré una hoja cuidadosamente doblada escrita a máquina. Sentí curiosidad por su contenido, comencé a leerlo y ya no pude dejar de hacerlo hasta el final. Por su interés la transcribo tal cual:

     “Mi nombre es Abraham Cohen, nací en 1933 en una pequeña ciudad cerca de Budapest. Soy judío sefardí y mi infancia fue feliz hasta los ocho años. Un día de 1941 las SS se presentaron en mi casa y arrestaron a toda mi familia, poco después nos introdujeron en un vagón con destino a Auschwitz. Durante el largo viaje podía sentir el frío intenso a pesar de que mis padres trataban de darme calor con sus cuerpos. Desde el vagón veía el paisaje nevado, todo me parecía triste; las estaciones, la gente, los guardias uniformados…

     No sé de qué manera mi padre consiguió fabricar un cuchillo rudimentario que utilizó durante el trayecto para abrir un boquete en el suelo de madera del vagón. Era un trabajo lento y agotador. Cuando por fin lo consiguió se acercó a mí y me dijo que ellos iban hacia una muerte segura, que el dolor tan grande que sentían al separarnos era con la esperanza de que al menos yo me salvara. Todavía recuerdo los ojos llorosos de mi madre al despedirnos, mi padre tuvo que arrancarme de sus brazos. Cuando el tren comenzó a frenar para entrar en la siguiente estación, mi padre me deslizó a través de la pequeña abertura y caí en la nieve de las vías. Me quedé tendido hasta que pasó todo el convoy. Luego me incorporé, nada había a mi alrededor, ninguna casa, ninguna presencia humana, nada. A lo lejos vi un bosque, hacia él me dirigí buscando un refugio donde cobijarme, estuve deambulando largo tiempo y ya al límite de mis fuerzas, vi frente a mí a un hombre con la escopeta en la mano. Era el guardabosques que había salido a cazar. Viendo mi estado tan lamentable me llevó a su casa, comí algo y me acostaron. Al día siguiente la familia contactó con un pastor protestante para ver la manera de salvar mi vida. Más tarde supe que proteger o esconder judíos estaba castigado con la pena de muerte. Gracias a las gestiones de este pastor acabé en Argentina. Allí proseguí mis estudios y me gradué en la Universidad de Buenos Aires. Luego fui profesor de psicología en la Universidad de Yale durante diez años y por último en la de Cambridge durante dieciocho, donde me jubilé. Ahora resido en Madrid.

     En todos los sitios donde viví me sentí extranjero. Durante años odié y odié, a los nazis en particular y a los alemanes en general, hasta que me di cuenta de que no es posible convivir con el odio, es como un cáncer que te destruye por dentro. En mis estudios traté entonces de indagar acerca de cuál es la naturaleza del Mal en el ser humano. Sabía cómo se manifestaba, mi pregunta siempre era por qué. La historia la escriben los vencedores pero la memoria pertenece a los muertos, a los olvidados de todas las guerras, a los parias, a los vencidos. Todavía hoy, tantos años después, veo la cara de mi madre en el momento de despedirnos. A menudo pienso que los he traicionado porque ellos se sacrificaron para que yo tuviera una vida plena, sin embargo, mi vida ha sido una auténtica tristeza e infortunio. Siento haberles decepcionado. Si no he acabado como Primo Levi es porque me falta valor. Soy un superviviente sí, pero ya no creo en nada. Mi vida terminó a los ocho años porque me arrebataron lo que más quería”.

     Ignoro el tiempo que llevaba ahí ese testimonio, ni tampoco cuál era su motivación al escribir esta carta, que es un recuerdo impresionante y al mismo tiempo desgarrador. Si hoy vive tendrá 91 años, pero por encima de todo quisiera reflejar que durante unos minutos, el tiempo que dura la lectura de este texto, me sentí en la piel de esta persona. Es la magia de los libros y también de la escritura, la de vivir también otras vidas al margen de la tuya.

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jueves, 17 de octubre de 2024

Secretos

 

     Todos tenemos secretos inconfesados que guardamos para nosotros mismos, ya que de saberse harían palidecer hasta a nuestros amigos más íntimos. Los tenemos guardados en lo más recóndito de nuestro ser porque nos avergüenza que algún día se puedan desvelar. Si alguien os dijera que él no tiene nada que ocultar no lo creáis, lo más probable es que su secreto lo tenga tan enterrado que ni él mismo se haya dado cuenta. Eso que guardamos en la intimidad puede versar sobre un tema moral, religioso, laboral, sexual, ideológico, fetichista o cualquier otro aspecto que aborde el comportamiento del ser humano. Es algo que actúa como una mancha en nuestro expediente y el simple hecho de mencionarlo o que se divulgue nos bloquea, nos avergüenza y hemos de hacer un gran esfuerzo para que no afloren desde lo más hondo de nuestro yo. Aristóteles lo describió antes que nadie: “Somos dueños de nuestro silencio y esclavos de nuestras palabras”.

     En cada persona habita un ser misterioso, alguien a quien a veces no comprendemos y que nos confunde, por eso nuestras acciones son en algunos casos contradictorias y faltas de sentido. En el fondo todos somos vulnerables, necesitamos una coraza protectora que nos proporcione la seguridad de la que a menudo carecemos. Toda nuestra vida está sujeta a un gran misterio. Venimos de la nada y vamos hacia la nada. ¿Existe algo más absurdo que eso? Humanistas y filósofos han indagado sobre ello, y es que algunas cosas no estamos preparados para comprenderlas.

     Amigo lector, amiga lectora, tú también tienes esos secretos. Reconócelo.

sábado, 5 de octubre de 2024

Una muerte espantosa*

 

     Zeljko, un joven croata de diecinueve años se gana la vida de camarero, es aficionado a la poesía y miembro de una compañía de teatro de su ciudad. Pero esas aficiones no son del gusto de su padre que desearía para su hijo una profesión con mejores perspectivas de futuro; le acusa de poca ambición y de falta de carácter, sin duda influenciado por los valores que él recibió y por la propaganda patriótica que se va adueñando del país. Suenan tambores de guerra y un buen día es llamado a filas durante el conflicto de los Balcanes en la década de los noventa.

     Poco tiempo después conoce a Drazen y entablan amistad, está en su misma compañía, es pacifista y contrario a las armas pero no ha podido elegir. Es el primer día y la compañía está formada en el patio para escuchar la arenga del general. Les dice que les habla como general pero también como padre, que a nadie le gusta la guerra, pero que en situaciones de emergencia, la nación necesita a sus mejores hombres, que por eso están allí, para defender el suelo sagrado y que la madre patria sabrá recompensar en tiempo de paz, su sacrificio y esfuerzo durante la guerra. Les cuenta también que el enemigo son los comunistas serbios que pretenden adueñarse del país. Luego de quince minutos se retira, convencido del ardor que ha insuflado a los jóvenes soldados y de la elocuencia de sus palabras. Pronto movilizan a su unidad, que se encuentra en constante movimiento siguiendo el curso de la guerra. Una vez que el frente se estabiliza, su nueva misión consiste en la construcción de zanjas, trincheras y barracones para el descanso de la tropa. Una noche se produce un derrumbe en uno de los barracones, posiblemente debido a la mala colocación de las vigas y puntales que soportan el peso de la estructura. Zeljko salva in extremis la vida de su amigo Drazen sepultado entre cascotes y al borde de la asfixia en una acción que ése no olvidará jamás.

     Meses más tarde el capitán forma a la compañía y pide voluntarios para una acción arriesgada; se necesitan artificieros para la detección de minas. Será un trabajo bien recompensado, por cada mes de trabajo una semana de permiso. Zeljko y Drazen son los primeros en alistarse y ese mismo día trazan el plan a futuro: en el primer permiso que obtengan desertarán para huir del país. No nacieron para ser héroes ni tampoco aspiran a ninguna medalla porque esa guerra de nacionalismos no les convence. Tras recibir adiestramiento durante diez días todo va bien durante las primeras semanas pero cuando faltan dos días para completar el mes, en una salida rutinaria, una mina explota tras pisarla Zeljko sin la debida protección. Drazen contempla con horror el sobrecogedor espectáculo: una pierna arrancada de cuajo y múltiples heridas de metralla en el cuerpo. El herido grita de dolor, su amigo ha pedido una ambulancia pero tardará al menos media hora. Las heridas son gravísimas, pierde mucha sangre y Drazen se inclina hacia él y le ofrece su cantimplora. Zeljko no quiere morir pero es consciente de su rápido final, saca del bolsillo de su uniforme una foto familiar y se la entrega a su amigo: “dile a mi padre… que luché con valor” son sus últimas palabras. Drazen dice que sí con la cabeza porque tiene un nudo en la garganta que le impide hablar.

     Días después le conceden el permiso. Ante sí tiene la misión más difícil de su vida. Con paso tembloroso se dirige al domicilio de su amigo y tras abrirse la puerta, con gesto serio entrega a su madre la foto familiar. Ella entre lágrimas lo comprende todo. No existen palabras que puedan mitigar su dolor. Porque… ¿Es posible explicar a unos padres la muerte de su hijo?

 

 

 

*El relato de ficción que hoy subo a mi blog hace el número cien. A través de la imaginación intento mostrar, en este caso por medio de la escritura, mi visión de la vida y del mundo que me rodea.

viernes, 6 de septiembre de 2024

Algunas cosas que nunca te dije

 

     Antes de que sea tarde y que la razón se me nuble, quiero contarte algo que te puede interesar. Cuando te conocí yo tenía veintiún años y tú acababas de cumplir los quince, era el año 1975 poco antes de morir Franco. Recuerdo que me gustaba la canción “Quince años” del Dúo Dinámico. Mientras la escuchaba siempre me acordaba de ti, aunque no lo reconocía en público porque claro, para entonces, ya estaban pasados de moda. Eras la más guapa de cuantas chicas venían a nuestra casa, con aquel pelo castaño que te llegaba hasta la cintura y aquella desenvoltura que te salía de manera natural. Las veces que estabas a mi lado, yo era la persona más dichosa del mundo y, luego ya de noche, rememoraba todos esos momentos que habíamos compartido. Salíamos en grupo y después, cuando nos despedíamos, siempre había una mirada cómplice entre nosotros. Me preguntaba cómo era posible que una chavala tan guapa se fijara en mí, siendo yo un tío con complejos, torpe y despistado; entre semana, se me hacían los días interminables, yo deseaba que llegara el siguiente fin de semana para poder verte de nuevo porque era en ese momento cuando la vida para mí cobraba un nuevo sentido.

     Recuerdo que por aquel entonces yo asistía a un curso sobre cristianismo y compromiso social o algo por el estilo y que alguna vez al compañero de más confianza le había hablado de ti. Estando un día en clase me pasó un papelito, lo desdoblé y ponía: “Víctor, antes triste, pesaroso, abatido. Ahora radiante, alegre, optimista. El milagro, Macarena. Viva Sevilla!!!”

     Te escribo estas líneas desde Pamplona, la ciudad donde nací. Sé que tú también la amas y que la consideras como tuya. Paseo por sus rincones, nunca me canso de recorrerlos: las murallas, la Ciudadela, la Vuelta del Castillo, la Taconera, Estafeta, San Nicolás, la parte vieja donde viví mi segunda infancia y adolescencia. La primera vez que viniste intentaba contarte los detalles curiosos de cada rincón que visitábamos, pero ahora la ciudad apenas tiene ya secretos para ti.

Ha pasado ya mucho tiempo desde entonces. Ahora yo tengo setenta años, tú sesenta y cuatro. Mis padres fallecieron, los tuyos también.  Tenemos dos hijos que ya caminan solos por la vida. Juntos de la mano hemos ido recorriendo este verano de nuevo los jardines de la Taconera, la Ciudadela, La Vuelta del Castillo… En los días de euforia o cuando las cosas me van bien sigo pensando qué suerte la mía, seguramente será porque sigues ahí apoyándome.

     A veces me paro a pensar qué soy yo y he de admitir que soy un hombre sin oficio; acaso un soñador, un impostor, un juntaletras, un romántico, es decir, cosas que no cotizan en el mercado actual. Cuando escribo procuro elegir bien cada frase, cada palabra, sin prisas, con el fin de expresar lo que de verdad siento. Tal vez en el amor pase lo mismo, es algo que se debe cocinar a fuego lento como los buenos guisos, pero en la sociedad en que vivimos todo va deprisa, no hay tiempo para el sosiego ni para la reflexión porque continuamente nos dicen que debemos sumar experiencias, que debemos ser felices, casi de manera imperativa. Pero con frecuencia olvidamos que el mero hecho de existir ya es de por sí un milagro ya que las posibilidades de nacer son las mismas que si nos tocara la lotería habiendo jugado toda la humanidad multiplicada por quince.  Estoy en desacuerdo con esa idea de que nuestra tarea en la vida es ser felices; se puede ser feliz pero siendo a la vez un egoísta sin ninguna empatía. Nuestra verdadera responsabilidad consiste en dejar este mundo un poco mejor de lo que lo encontramos al nacer. En ello va implícita la felicidad.

     Ya para finalizar te diré que siempre fuiste mi luz, mi faro, en este caminar por la vida, contigo todo ha sido más fácil aunque a veces me costara reconocerlo. Tenía razón aquel tipo de mi clase del que ya no recuerdo su nombre: el milagro, Macarena.

     Maite zaitut.

    

    

jueves, 1 de agosto de 2024

Baztandarren Biltzarra

 

     Quiero comenzar hablando de todas esas personas que en su día  tuvieron una intuición, una visión, una idea o como queramos llamarlo, y que gracias a ellas disfrutamos hoy de espacios que se manifiestan en formas de vida compartidas por toda una comunidad. Da lo mismo que uno se refiera a la cultura, al deporte, a la política, a la ciencia, etc. Siempre hay una persona impulsora, con una clara visión de futuro que es el inicio a un tiempo mejor o a una tradición que con el tiempo se consolida. En la política me viene a la mente la figura de Jacques Delors, padre fundacional de la Unión Europea; un hombre adelantando a su tiempo, artífice de la moneda única, de la supresión de fronteras y de la libre circulación de personas y mercancías. ¿Quién duda de que nuestro presente es mucho mejor a la hora de viajar por Europa? Tal vez en un futuro se consiga la unión política: los estados unidos de Europa. Es un objetivo muy difícil porque la UE a día de hoy la componen cerca de treinta países, cada una con su idioma, cultura e historia particulares y los acuerdos que se plasman no es sino después de largas y difíciles negociaciones.

     En el caso que hoy nos ocupa, esta persona se llamaba Ana María Marín, persona de referencia en la vida cultural y social del Valle de Baztán, pintora y concejala, amiga de artistas como Oteiza, Sáenz de Oiza o Paco Ibáñez a quienes invitaba a participar en exposiciones y actos culturales. Ella fue la principal impulsora de una fiesta, el Baztandarren Biltzarra, que se celebra todos los años en Elizondo (Navarra), capital del Valle de Baztán. Fue además concejala desde 1966 hasta 1974 e impulsó el Museo Etnográfico y la Coral de Elizondo. La fiesta consiste en un día de mercado que incluye el desfile de carrozas, una por cada uno de los quince pueblos que integran el valle, en las que enumera sus reivindicaciones, sus denuncias, aspiraciones, etc, al tiempo que exhibe y da a conocer las formas de vida de una colectividad. La música y el baile acompañan durante el recorrido el desfile de carrozas ante una multitud que se congrega, venida de los alrededores y también de la capital. Para que nada faltara, un suave sirimiri nos acompañó durante todo el festejo pero eso no impidió que las calles y plazas se encontraran repletas de público. La de este año ha sido la 61 edición y en sus comienzos tuvieron que luchar contra la represión y la dictadura franquista, que no veía con buenos ojos la reivindicación del idioma y la cultura vascas en una fiesta que comenzaba a consolidarse entre la población. En el desfile de este año las carrozas han presentado temas concretos como la emigración a EEUU de pastores pirenaicos durante la segunda mitad del S. XIX o el contrabando cruzando la frontera como forma de vida tras los duros años de la guerra civil, o el proceso de fabricación de tejas, de calzado, etc.

     Sin embargo, a día de hoy, uno de los principales problemas que arrastran desde hace años los pueblos enclavados en los valles pirenaicos es su paulatina despoblación. La vida tradicional basada en torno a la ganadería y el pastoreo ya no seducen a los más jóvenes, atraídos por las nuevas formas de vida que ofrece la capital; además sus aspiraciones no coinciden con las de sus antepasados. Es evidente que sin la ayuda de las administraciones públicas el futuro es bastante incierto. En el momento de escribir estas líneas saltan a los titulares informativos las noticias de que varias ciudades españolas se rebelan contra un tipo de turismo depredador que encarece la vida de los ciudadanos y agota los servicios públicos. Me pregunto para cuándo una política estatal de cara al exterior poniendo en valor enclaves poco conocidos con el fin de revitalizar comarcas que están perdiendo población, basadas en el valor paisajístico, el folclore, tradiciones y gastronomía locales, así como ayudas y ventajas fiscales para las empresas que se instalen en esos territorios. Desde hace varios años se viene escuchando por parte de los analistas que el modelo de sol y playa ya se encuentra agotado, pero al mismo tiempo seguimos levantando hoteles y concediendo licencias de pisos turísticos en zonas ya de por sí muy tensionadas.

     Precisamente las personas más jóvenes de la comarca de Baztán se han levantado contra ese modelo turístico boicoteando la construcción de casi trescientas viviendas, un hotel y un campo de golf proyectados en su entorno. El turismo sin control, invasivo y depredador es malo allí donde se instale, ya sea en la costa o en el monte rodeado de naturaleza. En nuestro país contamos con valles, territorios y comarcas que tendrían una gran acogida turística regulada. El Valle de Baztán es una de ellas.

lunes, 1 de julio de 2024

Noche de perros

 

     Aconteció en una noche de fuerte ventisca, oscura como la guarida del lobo. El ulular del viento sacudía los cristales y los copos de nieve ya se acumulaban en el alféizar de las ventanas. Ningún habitante se veía por las solitarias calles del pueblo, todos refugiados en sus casas. La única posada que queda, regentada por un matrimonio mayor está situada a las afueras del pueblo, ha conocido días mejores pero desde que cerró la mina de carbón hace unos años, se enfrenta a un futuro incierto debido a la falta de clientes. Los dueños disponen de un huerto que les proporciona frutas y hortalizas que venden en la capital. Su único hijo vive en Australia, les dice que vendan el huerto y la posada y se vayan con él, pero ellos le cuentan que aquí han vivido y aquí acabarán sus días. Además, ¿qué van a hacer en un país extraño y en las antípodas?

     Esa noche sus dueños están a punto de cerrar para irse a dormir cuando unos golpes secos llaman a la puerta. El marido, alarmado, coge el rifle porque ya no esperan a nadie. No es la primera vez que ruidos extraños se escuchan por los alrededores, es zona boscosa y el año pasado un oso hambriento dejó las marcas de sus garras en la puerta. Vuelven a repetirse los golpes impacientes. Antes de abrir el hombre amartilla el arma, es un mal presagio porque ¿quién se aventura a salir de casa una noche así? Con una mano abre la puerta y con la otra sujeta el rifle. Instantes después un hombre cae desplomado al suelo. El dueño cierra inmediatamente la puerta y le apunta con el arma, puede ser una treta o una emboscada para robarles, pero las ropas que lleva indican que el hombre ha sido sorprendido por la tormenta de nieve; tanto el calzado como su indumentaria no es la apropiada para esta época de año y es evidente que sufre de hipotermia severa. Le sientan junto a la estufa con el fin de que recupere sensaciones mientas la mujer prepara algo caliente para reconfortarle. El desconocido tiene rasgos orientales, tiembla como un niño y hasta pasados quince minutos no es capaz de reaccionar. Toma entre sus manos la taza caliente que le ofrecen, bebe a pequeños sorbos y parece que poco a poco la vida vuelve a su rostro. Luego emite sonidos, empieza a gesticular y ellos comprenden que es sordomudo. El hombre parece cansado y preparan su habitación. El marido recela y cuando se mujer se acuesta, coge el rifle y hace guardia cerca de la habitación donde duerme el extraño, puede tratarse de un fugitivo huido de la justicia. Recuerda que hace un año un expresidiario mató a una pareja antes de robarles.

     A la mañana siguiente, poco después del amanecer, un pequeño ruido despierta al marido que se ha quedado dormido con el rifle en la mano. Sigilosamente se acerca a la habitación del extraño, abre la puerta y se encuentra con la cama vacía. Presiente que le han engañado y que ha sido víctima de un robo, pero tras un concienzudo examen comprueba que aparentemente todo está en orden. Despierta a su mujer y con amargura le cuenta lo sucedido. Ni un gesto, ni una nota, ni siquiera un adiós. Gente desagradecida -dice el marido con amargura. La mujer calla porque no quiere aumentar el abatimiento de su marido.

      Mientras tanto las necesidades aprietan, la vieja furgoneta ya no da para más, les han dicho en el taller que necesita un nuevo motor pero… y el dinero? Han pasado ya cuatro meses cuando una mañana reciben una carta extraña. La letra, pequeña y menuda, no se corresponde a la de su hijo que es el único que les escribe. Tras abrirla comprueban que únicamente contiene una palabra: GRACIAS y, acompañando a ésta un cheque talón por valor de veinticinco mil euros. Después de la sorpresa inicial el matrimonio apenas puede contener las lágrimas, pero por diferente motivo: ella porque sabe que es el pago por haberle salvado la vida; él por haber sospechado que podía tratarse de un delincuente.