lunes, 19 de octubre de 2026

El olvido que seremos

 

     Existe una filosofía tradicional africana (particularmente arraigada en el área subsahariana), según la cual los humanos morimos dos veces: la primera muerte llega cuando el corazón deja de latir, y la segunda cuando fallece la última persona que te conoció o cuando tu nombre es pronunciado por última vez. Mientras la comunidad, la familia o la tribu siga recordando al difunto su memoria sigue viva. Luego llegará el largo olvido, el olvido que seremos. 

     Añado esta pequeña pieza al relato porque en primer lugar estoy muy de acuerdo con esa filosofía y en segundo término porque yo mismo lo he comprobado este pasado fin de semana cuando he visitado el pueblo (Rincón de Soto) donde yo viví hasta los siete años. Comentamos las calles sin asfaltar, los barrizales que se formaban en invierno, la sirena de la fábrica conservera. Reconocí perfectamente el lugar donde estaba ubicada la escuela, un edificio municipal, recuerdo las canciones falangistas que cantábamos al comienzo de clase, alguna que otra anécdota como aquella vez que el maestro le tiró la regla a un compañero, si le acierta en el ojo le deja tuerto. Era la época en que la letra con sangre entra. Hoy es un aula donde se imparten clases de gimnasia para mayores ayudados por una monitora joven. Indicamos a ésta que mis hermanas y yo habíamos vivido en el pueblo cuando éramos niños y nos respondió que tal vez el señor de bastón que estaba en la esquina de ochenta y cinco años pero de buena memoria, nos podría ayudar. Nos dirigimos a él, diciendo dónde vivíamos y enseguida nos habló de nuestro padre, de lo buen dibujante que era, entre risas, anécdotas y recuerdos, y eso que mi padre falleció hace casi treinta años. Sí, el olvido que seremos, pero mientras tanto ese espacio lo hemos de llenar de vida, alguien nos recordará cuando nosotros ya no estemos, tal como hizo el viejo del bastón desgranando anécdotas de mi padre, mientras yo estaba con un nudo en la garganta y haciendo esfuerzos  para no llorar.

    

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