Estoy en la
consulta esperando que mi psicóloga me reciba para la sesión de hoy. Junto a mí
está una madre con su hija adolescente también esperando para la terapia.
Deduzco que quien acude a consulta es la hija y me digo que es una suerte que
siendo adolescente tenga a quien acudir para afianzar su personalidad o para
combatir algún problema, del tipo que sea. En mis tiempos no existían estos
apoyos, todo se arreglaba en el ámbito familiar, en el colegio o con los
amigos. Al poco aparece Nekane, mi psicóloga, invitándome a pasar a su
despacho. Esta vez no me recibe con la misma sonrisa de siempre. Se conoce que
por lo que sea hoy ha tenido un día complicado. Escuchar los problemas de la
gente tiene que ser un trabajo duro.
Lee en mi ficha y
me pregunta cómo voy con el tema de mis adicciones. No entiendo su pregunta y
se ve en la necesidad de explicármelo con otras palabras.
—Sí, la última vez
que nos vimos me dijo que no podía controlar su adicción al móvil. Yo le
recomendé que lo mirara una vez por la mañana y luego otra antes de acostarse,
por si tenía que contestar. Lo recuerda?
—Sí, sí, lo
recuerdo. Bueno, pues la verdad es que lo intento pero me cuesta. Veo a la gente
en el Metro y el autobús pegados al móvil y me entran tentaciones de sacarlo yo
también. A veces lo consigo y otras saco mi teléfono sin poder remediar el
ansia que llevo dentro.
La psicóloga
asiente con la cabeza, se conoce que no soy un caso aislado entre sus
pacientes.
—Lo entiendo.
Antes teníamos otras adicciones como por ejemplo el tabaco y ahora son los
likes, el me gusta y las redes sociales. El otro día estaba en una función de
teatro y el actor se calló al escuchar el móvil de un espectador y dijo,
“cuando termine de hablar sigo”, el hombre tuvo que salir muerto de vergüenza. Yo
tenía un problema parecido al suyo y me dije que si antes podíamos vivir sin el
móvil por qué ahora no. Yo le recomendaría que trate de ocupar su tiempo
cultivando alguna de sus aficiones, ande, haga ejercicio.
—Ya lo hago, pero
me canso.
Creo que la
doctora está perdiendo la paciencia conmigo. Hace un gesto de fastidio, no me
extraña que hoy esté de bajón con clientes como yo. Le miro mientras está
leyendo en mi ficha, le veo pasar las hojas y se detiene un momento.
—Me dijo que es
usted aficionado al mar.
—Sí, mucho. El mar
me relaja, a veces me alejo de la costa y no tengo cobertura pero no me
importa, en caso de necesidad llevo radio y me comunico con la guardia marítima.
Con el buen tiempo alquilo el velero para despedida de solteros. Otras veces me
voy con familiares o con amigas cuando el mar está en calma.
—¿Lo ve? Siempre
hay una actividad placentera en nuestras vidas. Por cierto, los patrones de
barco suelen llevar un cuaderno de bitácora en el que anotan sus impresiones y
las incidencias de cada viaje, haga usted lo mismo, le ayudará y se sentirá
útil.
Salgo un poco más
animado de la consulta. Estoy a punto de invitarla a mi velero pero a última
hora cambio de opinión por si considera que mi propuesta es un tanto atrevida. Luego,
ya en casa pienso que hice lo correcto.