Admito que este enunciado es un tanto
equívoco pues plantea a la vez una pregunta. ¿Qué es eso de que lo mejor que
está por llegar? Y yo respondo sin titubear: la jubilación. Sí, esa edad propia
ya de la madurez a la que identificamos con los achaques, con las visitas al
médico, cuando no de la antesala del definitivo adiós. Muy al contrario, yo
defiendo que la llegada de la jubilación es la oportunidad para hacer realidad
muchos de los sueños que teníamos y que por las circunstancias que sean no los
hemos hechos posibles. Todo esto que defiendo choca con una corriente de
opinión muy poderosa y me explico. Asisto con cierto estupor al gran auge del
llamado culto al cuerpo. Gimnasios llenos, un fitness en cada esquina, el elixir
de la eterna juventud, dietas milagro, cremas antiarrugas, abdominales
“tableta”, etc, etc. No es nuevo, ya en la Grecia clásica existía el cuidado
corporal, los cosméticos, los baños, el ejercicio atlético. Recuerdo una frase
que oí una vez y se me quedó grabada: “Nuestro sobrepeso es su hambre”.
Está bien hacer
ejercicio, yo mismo lo hago, pero en mi opinión esta avalancha por el culto al
cuerpo está sobrevalorada en perjuicio de esos últimos años en los que el
cuerpo ya no es el mismo, ha perdido elasticidad, la piel se contrae, aparecen
las arrugas, sin embargo las capacidades siguen estando ahí. Ahora cada vez son
más quienes viajan, asisten a talleres, se apuntan a una ONG, colaboran con
entidades benéficas, etc. Yo comencé a vivir en el momento en que me
jubilé. Lo primero que hice fue el
Camino de Santiago, un mes andando, cada noche durmiendo en un sitio diferente,
una experiencia maravillosa que a todo el mundo recomiendo; eso sí, con mochila
y durmiendo en albergues, no esa tendencia al alza que consiste en ir con
maletas, coche de apoyo y dormir en hoteles. Mi otra gran experiencia fue
entrar en la Universidad casi con
setenta años. Había en mi clase un señor con ochenta y ocho años. Conocer y
vivir el ambiente universitario desde dentro te aporta un plus de juventud del que
ya careces. Además, hay otras actividades paralelas que uno puede aprovechar:
asistencia a museos, a conferencias, cursos, etc.
Toco la tuba en
una Banda de Música. Después de treinta y siete años además de compañeros ya
somos amigos. La música es una disciplina enormemente agradecida, te devuelve
con creces el tiempo que has empleado aprendiendo a tocar un instrumento y
también te ayuda a socializar y visitar sitios nuevos. Gracias a ella he podido
visitar Valencia, Sevilla, Málaga, Nápoles, Budapest, Aveiro. Algunos me
preguntan cómo hago para asumir tantos retos pero en absoluto me considero una
personal especial, si acaso soy una persona curiosa. Hay tiempo para todo, es
cuestión de organizarse. A quienes amamos la lectura también nos gusta
escribir. Desde hace siete años mantengo un blog literario, todos los meses
subo algún contenido. Nunca hubiera sospechado que un día me leerían en lugares
tan dispares como Guatemala, Honduras, Canadá, EEUU, Panamá, Francia, Alemania,
Países Bajos, Singapur… Son historias que nos acercan porque al fin y al cabo
los humanos estamos hechos todos de la misma materia. Todos sufrimos por los
mismo y también reímos por lo mismo. Únicamente cambia el lugar en el que hemos
nacido.
En fin, quiero
terminar diciendo que tras la jubilación se abre ante nosotros todo un abanico
de posibilidades, pues siempre hay cosas que descubrir y que aprender. Hay vida
más allá de la jubilación, solo hace falta que la salud nos respete. Yo creo
que esa es la actitud que hemos de asumir todos ante la vida.
Muy bien dicho, claro que sí! La edad es solamente un estado mental
ResponderEliminarEn mi Banda tengo un compañero que toca el saxo barítono con 85 años
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