jueves, 17 de octubre de 2024

Secretos

 

     Todos tenemos secretos inconfesados que guardamos para nosotros mismos, ya que de saberse harían palidecer hasta a nuestros amigos más íntimos. Los tenemos guardados en lo más recóndito de nuestro ser porque nos avergüenza que algún día se puedan desvelar. Si alguien os dijera que él no tiene nada que ocultar no lo creáis, lo más probable es que su secreto lo tenga tan enterrado que ni él mismo se haya dado cuenta. Eso que guardamos en la intimidad puede versar sobre un tema moral, religioso, laboral, sexual, ideológico, fetichista o cualquier otro aspecto que aborde el comportamiento del ser humano. Es algo que actúa como una mancha en nuestro expediente y el simple hecho de mencionarlo o que se divulgue nos bloquea, nos avergüenza y hemos de hacer un gran esfuerzo para que no afloren desde lo más hondo de nuestro yo. Aristóteles lo describió antes que nadie: “Somos dueños de nuestro silencio y esclavos de nuestras palabras”.

     En cada persona habita un ser misterioso, alguien a quien a veces no comprendemos y que nos confunde, por eso nuestras acciones son en algunos casos contradictorias y faltas de sentido. En el fondo todos somos vulnerables, necesitamos una coraza protectora que nos proporcione la seguridad de la que a menudo carecemos. Toda nuestra vida está sujeta a un gran misterio. Venimos de la nada y vamos hacia la nada. ¿Existe algo más absurdo que eso? Humanistas y filósofos han indagado sobre ello, y es que algunas cosas no estamos preparados para comprenderlas.

     Amigo lector, amiga lectora, tú también tienes esos secretos. Reconócelo.

sábado, 5 de octubre de 2024

Una muerte espantosa*

 

     Zeljko, un joven croata de diecinueve años se gana la vida de camarero, es aficionado a la poesía y miembro de una compañía de teatro de su ciudad. Pero esas aficiones no son del gusto de su padre que desearía para su hijo una profesión con mejores perspectivas de futuro; le acusa de poca ambición y de falta de carácter, sin duda influenciado por los valores que él recibió y por la propaganda patriótica que se va adueñando del país. Suenan tambores de guerra y un buen día es llamado a filas durante el conflicto de los Balcanes en la década de los noventa.

     Poco tiempo después conoce a Drazen y entablan amistad, está en su misma compañía, es pacifista y contrario a las armas pero no ha podido elegir. Es el primer día y la compañía está formada en el patio para escuchar la arenga del general. Les dice que les habla como general pero también como padre, que a nadie le gusta la guerra, pero que en situaciones de emergencia, la nación necesita a sus mejores hombres, que por eso están allí, para defender el suelo sagrado y que la madre patria sabrá recompensar en tiempo de paz, su sacrificio y esfuerzo durante la guerra. Les cuenta también que el enemigo son los comunistas serbios que pretenden adueñarse del país. Luego de quince minutos se retira, convencido del ardor que ha insuflado a los jóvenes soldados y de la elocuencia de sus palabras. Pronto movilizan a su unidad, que se encuentra en constante movimiento siguiendo el curso de la guerra. Una vez que el frente se estabiliza, su nueva misión consiste en la construcción de zanjas, trincheras y barracones para el descanso de la tropa. Una noche se produce un derrumbe en uno de los barracones, posiblemente debido a la mala colocación de las vigas y puntales que soportan el peso de la estructura. Zeljko salva in extremis la vida de su amigo Drazen sepultado entre cascotes y al borde de la asfixia en una acción que ése no olvidará jamás.

     Meses más tarde el capitán forma a la compañía y pide voluntarios para una acción arriesgada; se necesitan artificieros para la detección de minas. Será un trabajo bien recompensado, por cada mes de trabajo una semana de permiso. Zeljko y Drazen son los primeros en alistarse y ese mismo día trazan el plan a futuro: en el primer permiso que obtengan desertarán para huir del país. No nacieron para ser héroes ni tampoco aspiran a ninguna medalla porque esa guerra de nacionalismos no les convence. Tras recibir adiestramiento durante diez días todo va bien durante las primeras semanas pero cuando faltan dos días para completar el mes, en una salida rutinaria, una mina explota tras pisarla Zeljko sin la debida protección. Drazen contempla con horror el sobrecogedor espectáculo: una pierna arrancada de cuajo y múltiples heridas de metralla en el cuerpo. El herido grita de dolor, su amigo ha pedido una ambulancia pero tardará al menos media hora. Las heridas son gravísimas, pierde mucha sangre y Drazen se inclina hacia él y le ofrece su cantimplora. Zeljko no quiere morir pero es consciente de su rápido final, saca del bolsillo de su uniforme una foto familiar y se la entrega a su amigo: “dile a mi padre… que luché con valor” son sus últimas palabras. Drazen dice que sí con la cabeza porque tiene un nudo en la garganta que le impide hablar.

     Días después le conceden el permiso. Ante sí tiene la misión más difícil de su vida. Con paso tembloroso se dirige al domicilio de su amigo y tras abrirse la puerta, con gesto serio entrega a su madre la foto familiar. Ella entre lágrimas lo comprende todo. No existen palabras que puedan mitigar su dolor. Porque… ¿Es posible explicar a unos padres la muerte de su hijo?

 

 

 

*El relato de ficción que hoy subo a mi blog hace el número cien. A través de la imaginación intento mostrar, en este caso por medio de la escritura, mi visión de la vida y del mundo que me rodea.