Aunque hayas oído mil veces todo eso de que la suerte no
existe, que todo está ya predeterminado, que desde el momento en que nacemos
somos peones de un ser superior, etcétera, yo creo que tanto el azar como la
buena suerte, a todos, de una manera u otra, nos visitan a lo largo de nuestra
vida. Cualquier aficionado a la botánica nos dirá que existen plantas
beneficiosas para el ser humano como por ejemplo el bambú, la planta de jade,
el romero, las orquídeas… pero si existe una planta que según la cultura
popular tiene beneficios para el ser humano, esa es el muérdago. Es una planta
parasitaria que crece en algunos árboles, como el pino o el roble. Se cree que
para los antiguos celtas y druidas el muérdago era una planta sagrada y mágica
que curaba enfermedades y protegía
contra espíritus malignos, también como amuleto se colocaban sobre la
cuna de los recién nacidos a modo de protección. El muérdago que crecía en el
roble era el más poderoso. Existen creencias según las cuales besarse debajo de
la planta de muérdago da buena suerte a la pareja. También el comic se ha hecho
eco de estos relatos a través de Astérix y sobre todo del druida Panoramix
encargado de la poción mágica. Recuerdo que en una ocasión fuimos al campo a
hacer un recorrido por la naturaleza y el guía nos preguntó si alguien sabía qué
planta era la que estaba colgando de un árbol (se notaba que todos éramos
urbanitas). Fue la primera vez que vi el muérdago.
Hasta hace muy
poco tiempo mis amigos y yo comprábamos muérdago para ponerlo cada año encima
de la puerta de entrada de casa a modo de protección y de buena suerte. Nos
juntábamos los últimos días del año para quemar el muérdago de ese año y
renovarlo con otro que habíamos comprado, pero a raíz de un hallazgo
arqueológico que se produjo en 2021 he cambiado de hábitos en cuanto a la
forma. Ese año, en unas excavaciones arqueológicas realizadas cerca de Pamplona
apareció una mano de bronce que los técnicos dataron del siglo I a.C. durante
las llamadas guerras sertorianas (83-72 a.C.), donde el general Sertorio
desafió al poder de Roma. En ese antiguo poblado vascón se encontró una mano de
bronce con varias inscripciones, la única que hasta el momento se ha descifrado
es “zorioneku”, que traducido del protoeuskera se puede interpretar como
“buena suerte”.
Sertorio trajo en jaque al ejército de Roma
durante diez años. La ciudad de Calahorra se hizo célebre pues se decía que sus
habitantes habían recurrido al canibalismo antes que rendirse a las tropas de
Pompeyo, su enemigo. De él quedan las palabras que Plutarco le dedicó: Sertorio,
del cual se hallará haber sido más contenido que Filipo en el trato con las
mujeres, más fiel que Antígono con sus amigos y más humano que Aníbal con
los contrarios.
A partir de
entonces cambié el muérdago por la mano de Irulegi que ahora luce en la puerta
de entrada de mi casa.